Crítica: AM; madurez, sexualidad y riffs

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‘AM’ demuestra la madurez de una banda que sigue apostando por riffs envenenados y demuestra su amplio abanico de influencias


Festival de Glastonbury, 2013. Escenario a oscuras. Amontonadas, frente a él, miles de personas aguardan a que comience el concierto. Durante la espera, impaciencia, nervios e ilusión batallan en las conciencias de una audiencia ya ganada de antemano.

De repente, música apocalíptica. Las pantallas gigantes cobran vida proyectando unas ondas. El público, que advierte esta señal como hecho inequívoco de la proximidad del espectáculo, aúna gargantas en un alarido que seguro se escuchó en la cercana ciudad de Pilton. Los focos comienzan a agitarse y una capa de humo cubre el escenario. Los asistentes apenas han podido adivinar vagas sombras… pero cuatro músicos ya se han pertrechado con sus instrumentos y aguardan.

La música para y Matt Helders comienza a martillear su batería, ‘Do I Wanna Know’ se escucha en directo por primera vez en la isla que vio nacer a los cuatro jóvenes que ya se han comido el escenario sin apenas tocar un par de acordes. Había mucha expectación en casa, tanto por ver el show de los Arctic Monkeys, —definido como uno de los mejores del planeta— como por escuchar el sonido de AM (2013), el electrizante nuevo disco de los de Sheffield encabezado por ese monstruo musical llamado ‘Do I Wanna Know’.

Como viene siendo habitual, AM se filtró antes de tiempo. A pesar de ello, este nuevo trabajo que oficialmente salió a la venta el pasado día nueve de este mes, ya se ha convertido en el segundo disco más vendido del año tan sólo superado por Random Access Memories de Daft Punk —y veremos cuánto les dura el puesto al dúo francés—. En total, doce canciones y poco más de media de unos monos árticos que, desde que hicieron oficial el anuncio de su publicación, se convirtieron en los minutos más codiciados de lo que iba de año.

¿Qué decir sobre ‘Do I Wanna Know’ que no se haya comentado ya? Que es la canción más consistente, implacable, arrogante y caliente que Alex Turner ha compuesto en su vida. Que golpea como un mazo una y otra vez. Que te atrapa con ese riff envenenado, altamente adictivo y sexual. Y que está maravillosamente escrita.

Hasta el día de hoy, es la mejor canción que he escuchado este año —no contemos aún con Reflektor (2013)— y no sólo por lo que acabo de comentar sino por la perfecta combinación de influencias de las que hace gala. Hay rock, glam, heavy metal… pero también se perciben sonidos cercanos al R&B y hip hop. El propio Turner ha mencionado haberse fijado en artistas como Aaliyah y los raperos Outkast. Y ahí, le tengo que dar la razón al señor Turner, no hay nada tan original como vosotros en este momento —volvamos a no contar con Arcade Fire y su fusión con James Murphy—.

‘R U mine?’ se publicó hace más de un año pero encaja como un guante con el sonido del álbum. Intento de heavy rock que dejó entrever los derroteros de la banda para este disco. De nuevo vuelven influencias de las que tanto intentaron mostrar en Humbug (2009) como Black Sabbath o Queens of The Stone Age. Aunque no es de mis preferidas, he de reconocer que es de lo mejor que ha hecho el cuarteto inglés en mucho tiempo.

‘One For The Road’ supone un cambio en el transcurso del elepé. Bajan las revoluciones en un tema flojo, aunque muy representativo del nuevo sonido de la banda. Bajo y batería como eje, coros por todos los lados y un Alex que muestra su versatilidad a la hora de cantar. Por lo demás, suena a una mezcla de sonidos entre Humbug y Suck It and See (2011).

Mismo guión tiene ‘Arabella’. Sin embargo, me parece más inspirada que su predecesora. El estribillo, en el que el rock domina sobre el resto de las influencias y es el factor determinante. El solo, por mucho que le duela a más de uno, no me pega. Aún así, es de mis temas favoritos de AM.

No es que ‘I Want It All’ sea mala, pero es prescindible. No aporta nada nuevo pero tampoco desentona en la línea del disco. Posiblemente este bajón —y algún otro como ‘Fireside’— hayan sido la causa de que hablemos de AM como un disco notable y no sobresaliente, tal y como estaba predestinado a ser.

Una sensación extraña me invadió cuando escuché ‘No. 1 Party Anthem’ por primera vez. Es una canción preciosa, de factura impecable en la que Alex vuelve a lucirse… pero la extrema similitud con la banda sonora de Submarine” (2011) desluce un poco e incluso suena algo repetitiva. Sentimiento que se acentúa cuando el resto de las canciones parecen sonar tan innovadoras.

‘Mad Sounds’ es otra de mis canciones preferidas de AM. De nuevo, Turner hace un despliegue de su gigantesca voz. Me da miedo que esta canción caiga en el olvido. Aunque por muchos pueda ser considerada como canción menor, yo la entiendo como uno de sus himnos más logrados y maduros, un tema que sabe a gran reserva, a hit como ya se hacen pocos.

Hay algo en ‘Fireside’ que no me termina de encajar, quizá es la batería, o los sintetizadores. No quiero decir que no sea una buena canción, simplemente es el primer acercamiento de los Arctic Monkeys a sonidos puramente electrónicos y eso me ha dejado un poco desconcertado.

Por fin llegamos a ‘Why’d You Only Call Me When You’re High?’. El que es, tras ‘Do I Wanna Know’, el segundo single más aclamado de AM. Sonido cercano al hip hop, al R&B y un estribillo más que pegadizo hacen de ella una de las canciones más adictivas de lo que llevamos de año.

‘Snap Out of It’ vuelve a demostrar que AM no tiene un solo estribillo malo. Los de Sheffield han editado un disco con doce estribillos para enmarcar. De manual, de esos que cantas sin venir a cuento en medio de la calle. Y eso hay que reconocérselo.

‘Knee socks’, con su poderosa línea de bajo y batería, mantiene el curso del disco por el camino fácil y nos vuelve a regalar el enésimo estribillo adictivo. Pero a estas alturas del disco demuestra poco o nada y el sentimiento de que la brillantez del disco se desvanece por culpa de deslices como estos vuelve a aparecer.

AM se cierra con una versión que Alex Turner ha adaptado de la canción ‘I Wanna Be Yours’, del cantante punk John Cooper Clarke. En estos casos, suelo decantarme por la primera versión, —por merecer el honor de haber escrito la canción— pero lo cierto es que la vuelta que Turner le ha dado reconstruyéndola como una balada de aires épicos, mejora (y en mucho) a la versión original. En mi opinión un cierre con estilo, clase y en el que los monos árticos vuelven a demostrar su gran capacidad para sacar adelante casi cualquier cosa que se les ponga por delante.

Mientras escribía estas líneas, he repasado el trabajo que periodistas y críticos han realizado con anterioridad sobre AM y he encontrado unas luces y sombras bastante generalizadas. En la balanza negativa parece que hay unanimidad en que no es su mejor trabajo —excepto para NME, por supuesto— y que el disco promete más de lo que luego aporta. Por otro lado, elogian el nuevo sonido y el mar de influencias que arrastra tras él. Coincido en gran parte con todo ello: no es su mejor trabajo. Pero eso no es sorpresa, nada podrá mejorar las sensaciones que se vivieron con su álbum debut.

No obstante, no tiene problemas para superar a Humbug o incluso a Favourite Worst Nightmare (2007) y, aunque en comparación con Suck It and See se pueda quedar un poco corto, es, tras su Whatever People Say I Am, That’s What I’m Not (2006), el disco más divertido de escuchar. Eso sí, también hay que remarcar el gran abanico de influencias de AM, así como reconocer el trabajo de síntesis de las mismas para terminar creando un sonido si no propio, cuanto menos original.


8 /10


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