Crónica: Optimus Alive 2013

Los festivales de gran repercusión acostumbran a ser blanco fácil de las críticas, ya sea cosa de la organización o de sus protagonistas, los artistas. Cuando no es así, cuando lo difícil es encontrar defectos, sólo queda reconocerlo y dar las gracias.

El Óptimus Alive es el ejemplo perfecto: la combinación de su atractivo y heterogéneo cartel, y una brillante organización han conseguido dejar más que satisfecho al público llegado de todos los rincones del mundo.

Las colas para anillarse eran livianas en comparación con las de otros eventos similares, y el nubarrón lo facilitaba todavía más. Aún así, para los más gemebundos, el pórtico de entrada había sido transformado en escenario. Desde allí, una serie de bandas emergentes amenizaron las tardes; una idea realmente buena.

Para mi desgracia tardé más tiempo en encontrar el camping que en las colas de entrada, lo que me impidió ir a varios conciertos a los que les tenía muchas ganas: Deap Vally, Jamie N Commons, Japandroids

Ya resignado inauguré mi itinerario con Two Door Cinema Club. El trío norirlandés, a día de hoy más que conocido por todo el mundo, era una de las apuestas seguras de la noche, y su actuación lo corroboró.

Sin llegar a deslumbrar (su actuación es la misma de siempre, o a mí me lo parece) y sin un derroche de energía excesivo, mantuvieron al público del escenario principal en movimiento durante aproximadamente una hora, con un amplio y bailable repertorio, en el cual ‘Something good can work‘ o ‘What you know‘ fueron, como siempre, los más coreados. Quizás, por poner algún pero, la voz de Alex Trimble no fuese la misma de siempre, quedando atenuada por los continuos y pegadizos riffs de todas sus canciones.

A poco más de diez minutos del comienzo de Green Day en el mismo escenario, que para la mayoría era el plato fuerte de la noche, y con mi «caneca» ya rellenada —cabe destacar los asequibles precios dentro del recinto tanto de la cerveza como de la comida— me situaba en una posición de fácil movimiento para poder marcharme.

Y digo para la mayoría porque no me puedo incluir en ese colectivo: no quiere decir que no tuviese ganas de verlos, pero quise darle prioridad a Edward Sharpe & The Magnetic Zeros. Aún así pude ver más de media hora a Billie Joe Armstrong y compañía, en la que ya se apreciaba la expectación y multitud que mueven allá donde van. Como era de esperar predominaron canciones de Dookie y American Idiot, álbumes más populares del grupo.

Por suerte, Billie Joe no mostró ningún resquicio de los problemas de drogadicción que arrastraba el año pasado (y por los cuales tuvieron que cancelar muchos conciertos), pudiendo disfrutar así de su habitual carisma a la hora de conectar con el público y llevar las riendas del concierto.

Con ‘Boulevard of Broken Dreams‘ decidí trasladarme al otro palco, a sabiendas del espectáculo restante que me perdería. Los californianos repasaron toda su discografía, regalaron guitarras y por si fuera poco se atrevieron con versiones de AC/DC, The Beatles o The Rolling Stones.

Moverme a Edward Sharpe & The Magnetic Zeros era un riesgo que tenía que correr, y no lo fue en vano. Cierto es que puede parecer un tipo de música poco apropiada para un festival de grandes dimensiones, donde la multitud está con ganas de sudar y cantar, y aún más a medida que oscurece. A pesar de esto la reacción del público fue muy positiva.

Como acostumbran, su actuación estuvo saturada (en el buen sentido del término) de instrumentos y sonidos de todo tipo, creando una atmósfera relajante y mística por momentos. La complicidad entre Alex y Jade, principales voces del grupo, así como sus infinitas sonrisas contagian a cualquiera que esté ante ellos. El repertorio se basó en sus dos discos pero se centró en el último con canciones como ‘That’s What’s Up‘ o ‘Man On Fire‘. Y por supuesto, la canción más laureada fue la ya sobreexplotada «Home«.

Vampire Weekend sería en el mismo escenario, el pequeño, y me imaginaba que acceder a él a pocos minutos del comienzo sería imposible, por lo que ya me quedé allí. Sonaron realmente bien, y supieron no abusar de sus hits bailables, tocando canciones algo más tranquilas como ‘Step‘. Era de suponer que tirarían del último álbum tras el éxito obtenido, llegando uno de los momentos álgidos con ‘Diane Young‘, pero las más bailadas pertenecían a los dos discos anteriores como, por ejemplo, ‘A-Punk‘. Personalmente me esperaba un poco más de actividad y energía sobre el escenario, por lo que no lo disfruté como esperaba hacerlo.

¿Aoki o Disclosure? Por gusto personal hubiese elegido al dúo británico que tan de moda se está poniendo, pero Aoki empezaba antes, era en el escenario principal y… ¡tiraba tartas! No me pude resistir. Como no conocía ninguna canción del polifacético americano achinado, sólo recuerdo el remix de la popular ‘Warp 1.9‘. Supongo que fue gracias a lo que ya llevaba consumido hasta ese momento, pero me lo pasé bien, y por ver recibir a una del público que estaba en hombros un tartazo en la cara mereció la pena.

Con Aoki llegando a su fin me volví al escenario pequeño para cerrar la noche con Crystal Fighters. Fueron dinámicos y dieron un breve repaso de algo menos de una hora a los temas más bailables de su repertorio. Causaron gran sensación entre el público y no faltaron canciones como ‘Plage‘, ‘I Love London‘ o ‘Xtatic Truth‘ (además del evidente repaso al nuevo álbum). Con todo ello, Sebastián Pringle dio rienda suelta a su locura. A pesar de lo bien que te lo hacen pasar, para mí es un grupo que con ver una vez es más que suficiente.

La segunda jornada se presentaba acalorada y si cabe más nublada, tiempo cómodo para pasar horas y horas de pie. A priori, con pocos cabezas de cartel, aparenta haber sido el día más flojo (con la baja de Icona Pop todavía más), y todo el cartel orbitaba alrededor de los británicos Depeche Mode. No obstante, varios grupos que actuaban antes merecían ser atendidos, de los que Jurassic 5 y Editors (con nuevo disco bajo el brazo) fueron mis elegidos.

La expectación por el grupo americano de hip hop era elevada tras su ruptura en 2007 y posterior regreso en este 2013. Como mi conocimiento en el género es mínimo, me voy a limitar a destacar lo bien que engancharon al público, distando tanto en estilo de todo el cartel. Canciones como ‘Jayou‘ y ‘Concrete Schoolyard‘ pusieron el broche final su hora de actuación.

A continuación, también en el escenario principal, Editors. Hay que mencionar la extraordinaria calidad de sonido del escenario principal, que acogió la versátil y penetrante voz de Tom Smith de maravilla. Creo que lo que habría que decir del concierto de Editors es que vencieron, pero no convencieron del todo: su ejecución fue magnífica, la actitud y los modos de toda la banda fueron sensacionales (enérgicos sin deshacerse en florituras), veloces pero precisos y muy compenetrados.

El problema quizás haya sido el repertorio: cada vez que sonaba alguno de los temas de sus dos primeros trabajos se veía como el público entraba en el concierto, la marabunta se encendía y corría cierta emoción. Pero en cuanto comenzaba alguno de sus temas más recientes, la atención se erosionaba; y más aún cuando interpretaban alguna de las canciones de ‘The Weight Of Your Love‘ que, sin duda, ha pagado caro haber sido publicado con poca antelación a esta gira festivalera, sin tiempo para que las canciones calen entre el público. Gran acierto cerrar con ‘Papillon‘.

Si con Green Day ya se habían podido ver decenas de miles de personas amontonarse ante el escenario principal, con Depeche Mode la cifra se dobló, así como la media de edad del público. Tuve la suerte de coger una posición bastante adelantada y centrada que me ofrecía una buena panorámica de todo el escenario durante las casi dos horas de concierto. A su término, muchos lo calificaron de excesivamente parado, aburrido e incluso inaguantable.

No sé, quizás esperaban escuchar ‘Just Can’t Get Enough‘ unas diez veces a lo largo de las (repito y destaco) dos horas de concierto en las que hubo tiempo para todo. Pues bien, saltaron los ídolos con puntualidad inglesa (predominante por cierto en todos los escenarios del festival) a las tablas con dos temas del último trabajo: el enérgico ‘‘ y ‘Angel‘. A estas alturas, el espectáculo visual de las pantallas restaba protagonismo a los británicos que, salvo Gahan y sus singulares movimientos, permanecían prácticamente como estatuas. Esto fue motivo de disgusto de muchos ya que, sin las cámaras en las pantallas por momentos, se les hacía difícil seguir el concierto.

Las siguientes canciones, ‘Walking In My Shoes‘, ‘Precious‘ y ‘Policy Of Truth‘, fueron cantadas de principio a fin por la muchedumbre. Sin ser un incondicional del grupo, salí de allí conociéndome prácticamente todas las letras que iban saliendo gracias a la nitidez y fuerza de los coros del público, era impresionante. Tras estos intensos veinticinco minutos la dinámica del concierto se relajó, y Martin Gore cobró protagonismo: en ¡Barrel of a Gun‘, con su singular guitarra, y ‘Shake the Disease‘ con su gran voz, firmando quizás uno de los grandes momentos del concierto.

Con ‘Soothe My Soul‘, ‘A Pain That I’m Used To‘ y ‘A Question of Time‘ se retomó el baile (baile que, por cierto, David Gahan no aparcó en ningún momento). Antes del final, en el que tocaron dos de las más esperadas y aclamadas, ‘Enjoy The Silence‘ y ‘Personal Jesus‘, donde los integrantes del grupo y músicos colaboradores cobraron el protagonismo y la fuerza que faltaron por momentos.

Tras las ovaciones y cánticos pidiendo los bises, se viviría otro de los momentos de la noche: la reaparición de la fantástica voz de Martin Gore con el piano y los coros de Peter Gordeno como único acompañamiento, para cantar ‘Home‘. La sensación que se percibía era la de un multitudinario estado de trance. La puntilla final la pusieron ‘Just Can’t Get Enough‘, bailada y alargada hasta la saciedad y ‘Never Let Me Down Again‘, que llevó al grupo y al público a la comunión que todos buscábamos. En mi opinión, el mejor y más completo concierto de todos, alcanzando la perfección en casi todos los aspectos.

El último día fue el más completo, a vista de todos está. Mi primera parada fue ante el palco Optimus, para ver al joven de Nottingham que tan desapercibido ha pasado en España a pesar de su gran talento: Jake Bugg. A pesar de lo mucho que me gusta su música, hay que admitir que haberlo puesto en el escenario grande ha sido uno de los pocos errores de la organización.

Musicalmente hablando fue un concierto perfecto: un repaso completo de su primer y único disco donde no faltaron canciones como ‘Lightning Bolt‘ o ‘Two fingers‘, y el adelanto de dos nuevos temas (uno de ellos altamente pegadizo). En cambio, si hablo de la experiencia no puedo hacerlo de la misma forma, ya que le quedan por pisar algunos grandes escenarios para dar verdadera credibilidad a sus letras y no generar esa intermitente indiferencia entre el público.

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Minutos después, mismo escenario pero diferente género. Hablar de Tame Impala es hablar de psicodelia de calidad mire por donde se mire, y el muro de sonido que desplegaron Kevin Parker y compañía en Lisboa está a otro nivel. Comenzaron la actuación sobre las ocho, soltando desde el primer momento toda su energía con ‘Enders Toi‘, ‘Feels Like We Only Go Backwards‘, ‘Elephant‘, un intenso ‘Half Full Glass Of Wine‘ – con ‘It is Not Meant To Be‘ poniendo un final más relajado. Con este concierto Tame Impala cerraban el Lonerism Tour y, a pesar de dejarse en el setlist ‘Alter Ego‘ o ‘Lucidity‘, dieron uno de los conciertos del festival, y de lejos.

Lo mío con Phoenix es complicado: Siento un gran interés por lo que hacen y encuentro calidad, pero nunca acaban de emocionarme salvo con temas puntuales, la mayoría de los cuales son sus canciones más conocidas. En cambio con este concierto me han ganado.

Con la llegada de la oscuridad saltaron a las tablas, y la verdad es que el escenario principal estaba casi tan lleno como si los franceses fueran el plato fuerte del día, al menos durante los primeros 45 minutos de su actuación. Transmitieron mucha más fuerza de la que yo esperaba y mucha intensidad en los nuevos temas de Bankrupt. Su espectacular apertura presentaba su último single ‘Entertainment‘ mezclada con ‘Lasso‘, sonando de maravilla. Prosiguieron temas aclamados por el público como ‘Lisztomania‘, ‘Long Distance Call‘, ‘Too Young‘, ‘Girlfriend‘, o un maravilloso ‘1901‘ en el que Tomas Mars no pudo evitar tirarse sobre el público.

Unos de los momentos finales y más memorables del festival llego de manos de Kings of Leon. En su regreso a Portugal después de nueve años, los estadounidenses firmaron hora y media de concierto con un sonido impecable y una puesta en escena sencilla —algo cada vez menos frecuente en bandas de su nivel—. Como su nuevo disco todavía no ha llegado a las tiendas, la familia Folowill se limitó a repasar la mayoría de sus grandes éxitos, algunos de ellos convertidos ya en himnos para toda una generación.

Pese a que todos sus integrantes rondan o superan por poco la treintena, tanto su imagen como sus temas parecen reflejar a un grupo más veterano, con una impronta propia de los 70. De estilo tranquilo, pausado, sin carreras por el escenario, ni arengas al público (esto a menudo no se sabe apreciar, teniendo sensación de pasividad). Guitarras, algún que otro punteo, el batería al mando y la privilegiada voz de su solista y líder fueron los únicos ingredientes de su actuación, que arrancó con ‘The Bucket‘. Con ‘Use Somebody‘ los ánimos se caldearon y con ‘Sex on Fire‘ (ya en el tiempo extra, después de que el público les reclamara que volviesen a salir a escena) llegó el momento álgido de la noche en Oeiras.

De rock sureño y folk iba la cosa también en el otro escenario por estas alturas, y fue una gran lástima para mí que la organización solapase a la familia Folowill con Band Of Horses. Por lo menos pude disfrutar de los últimos temas y, en cualquier caso, baste decir que al menos esos sonaron colosales: un sonido intenso pero perfectamente medido, un grupo que transmitía grandes dosis de emoción y una audiencia que vitoreaba sin tregua las bellas cabriolas de voz y guitarra que iban ejecutando. ‘The Funeral‘ sonó como un portento de belleza y melancolía. Lamenté profundamente no haber podido ver el concierto entero, porque de verdad que tenían al público en el bolsillo para cuando llegué.

De Django Django poco puedo decir porque ya estaba más desconectado, pero ambos me impresionaron gratamente. Los primeros dieron un buen repaso a su primer y único disco desde el escenario pequeño, que se quedó bastante justo debido a la gran tuvieron. ‘WOR‘, ‘Life’s a Beach‘ o ‘Default‘ fueron algunos de los temas responsables de bailes y saltos de la mayoría de la multitud.

Entonces fue cuando llegó mi gran descubrimiento personal: el arrollador directo de los Bloody Beetroots. Para mí eran prácticamente desconocidos (de hecho no es un género de música que escuche), pero en cuanto me enganché al concierto no pude parar de bailar. La fuerza de la batería y el piano (o guitarra según la canción), la puesta sobre el escenario y la violencia que mostraron fue contagiada casi desde el principio a todo el público, formándose pogos más que peligrosos. ‘Warp 1.9‘ y ‘New Noise‘ pusieron fin a este gran festival que, año tras año, parece mejorar en todos los aspectos.

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