20 años de Pulp Fiction: el guión

Pulp Fiction (1994) cambió hace 20 años las reglas de juego de la industria del cine. Dedicamos una serie de artículos al clásico de Tarantino, partiendo de las anécdotas publicadas en “The Making of Pulp Fiction“.

Pulp Fiction fue una inyección de adrenalina para el corazón de Hollywood. Ningún film independiente había recaudado hasta la fecha la friolera de 200 millones de dólares. No sólo eso: resucitó la carrera de John Travolta, catapultó a Samuel L. Jackson y Uma Thurman, y convirtió en gigantes a sus productores, los dueños de Miramax Bob y Harvey Weinstein. Y todo gracias a un director desconocido, que poco antes trabajaba como empleado en un vídeoclub. ¿Cómo lo hizo?

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A finales de 1992, Quentin Tarantino pasó 3 meses en un apartamento de Amsterdam, sin teléfono ni fax, escribiendo el guión de Pulp Fiction. Tenía 30 años. El guión que llevó en el avión de vuelta a Los Angeles estaba escrito a mano y repartido en doce cuadernos, y era un auténtico follón.

Para pasarlo a un formato “legible” para los agentes y productores de Hollywood, Tarantino contó con la ayuda de su amiga Linda Chen, mecanógrafa y secretaria de Robert Towne, el escritor de Chinatown. Chen recuerda que la escritura de Tarantino era “desastrosa”. “Era prácticamente analfabeto. Había unos 9000 errores ortográficos o gramaticales por página. Cuando yo los corregía, él intentaba volver a ponerlos, porque le gustaban”.

Chen no cobró nada por pasar a limpio el guión, sólo trató de poner una condición a Tarantino: que cuidase de su mascota, un conejo llamado Honey Bunny, cuando ella no estaba en casa. Tarantino se negó, pero luego puso el nombre del conejo a uno de los personajes de Pulp Fiction.

En mayo de 1993, acabaron una versión del guión que Tarantino consideraba definitiva. Tenía 159 páginas – una osadía, ya que los estudios de Hollywood huyen de todo guión que se pase de la media acostumbrada, 115 páginas.

Tarantino podía permitirse ese pequeño desafío a la industria, gracias al éxito de su primera cinta, Reservoir Dogs. Pero era su primer momento de gloria. Llevaba desde 1986 intentando entrar en esa misma industria, sin éxito. Había malvivido como dependiente de vídeoclub y aspirante a actor y guionista, sin dinero y sin un apartamento propio.

Los guiones que mandaba a agencias y productoras de Hollywood nunca pasaban más allá de la primera barrera: los becarios o los asistentes. “Demasiado vulgar, demasiado violento” era la respuesta que solía recibir. Su guión para True Romance (Amor a quemarropa) incluía tantas veces la palabra “fuck” que un ejecutivo de uno de los estudios mandó el siguiente mensaje a la representante de Tarantino:

Dear Fucking Cathryn,

How dare you send me this fucking piece of shit. You must be out of your fucking mind. You want to know how I feel about it? Here’s your fucking piece of shit back. Fuck you.

Es evidente que no requiere traducción.

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Volviendo a Tarantino: era el tío que más sabía de cine de su vídeoclub, pero para Hollywood no era nadie. Precisamente en el vídeoclub, donde no paraba de ver películas, es donde QT tuvo la idea de reciclar los viejos tópicos del cine negro. “Todos los que has visto millones de veces: el boxeador que tiene que amañar un combate y no lo hace, el mafioso que tiene que acompañar a la mujer de su jefe, los matones que tienen que cargarse a unos tíos…” explicaba Tarantino. Sería una peli con varias historias, similares a las de las novelas de Raymond Chandler y Dashiell Hammett de los años 30.

Planeó escribir las tres historias con ayuda de su compañero del vídeoclub, Roger Avary, y otro amigo. Una historia cada uno. Pero el tercer escritor falló, y Tarantino acabó encargándose de dos. La de Avary era la del boxeador, aunque tampoco pasó de un borrador inicial, y Tarantino se dispuso a escribir el guión por su cuenta. Pero antes sucedió algo.

Escribiendo en casa de su madre, Tarantino empezó a oír con toda claridad las voces de un peculiar grupo de gangsters. Reservoir Dogs. Dejó de lado Pulp Fiction y escribió la historia de esos gangsters y un atraco que sale mal. Era un guión escrito a mano, mal redactado y emborronado, pero también genial. Tarantino lo sabía y quería convertirlo en su primera película.

Casualmente acababa de conocer a Lawrence Bender, un bailarín de tango que había producido una peli de horror de bajo presupuesto. A Bender le pareció un guión extraordinario, y quedaron de acuerdo en que buscaría financiación. Firmaron un contrato en una servilleta, por el que Bender tenía dos meses para encontrar dinero. Pero nadie en su sano juicio estaba dispuesto a poner dinero y aceptar como director al desconocido Tarantino.

Hasta que llegó Harvey Keitel. Sí, el Señor Lobo. Bender conocía a un amigo de un amigo, y consiguió pasarle el guión. A Keitel le encantó, y quiso conocer a Tarantino, que se presentó inmediatamente en su casa de Los Angeles. Le ofreció algo de comer, y Tarantino se puso a engullir con ganas, como si una buena comida fuera algo poco común para él. Keitel quería saber cómo había llegado a escribir un guión como aquel. “¿Creciste en un barrio de tipos duros o algo así?” Tarantino dijo que no. “Simplemente veo películas“, fue su respuesta.

reservoir dogs quentin tarantino

Con el respaldo de Harvey Keitel, fue posible reunir un millón y medio de dólares para hacer la película. Pero lo más importante es que Keitel convenció a los inversores para que aceptaran a Tarantino como director. Sin el apoyo del actor, QT nunca habría metido el pie en Hollywood.

La intuición de Keitel resultó correcta. Reservoir Dogs fue la sensación del festival de Sundance de 1992. De repente, todo el mundo quería trabajar con Tarantino. Le llamaban para ofrecerle todo tipo de proyectos, pero Tarantino no estaba interesado. Sólo quería escribir y dirigir la historia que había aparcado antes de Reservoir Dogs.

En la premiere de Terminator 2, a finales de 1991, Tarantino conoció a Danny DeVito. Una conversación de sólo 10 minutos dejó al pequeño actor impresionado. “Hablaba incluso más rápido que Martin Scorsese” recuerda DeVito. “Entonces le dije: quiero firmar un contrato contigo para hacer tu próxima película, sea la que sea”.

Tarantino había ganado 50.000 dólares por Reservoir Dogs, y ahora tenía la posibilidad de ganar 900.000 a cambio de escribir y dirigir Pulp Fiction. Llenó una maleta con malas novelas de gangsters y se fue a Amsterdam. No cabe duda de que la capital europea de la marihuana y la prostitución era una especie de El Dorado para los “colegas del vídeoclub”, pero Tarantino hoy en día insiste en que sólo lo hizo por tener la experiencia de vivir en otro país. Nunca antes había salido del condado de Los Angeles. Compró cuadernos y, al estilo de Ernest Hemingway, juró que en uno de ellos escribiría Pulp Fiction.

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Por primera vez en su vida no tenía que preocuparse por el dinero. Tarantino se dedicó a vivir como un auténtico escritor. Recuerda que todas las mañanas daba un paseo por Amsterdam, y luego se pasaba todo el día escribiendo, mientras se bebía “unas doce tazas de café”.

Su amigo Roger Avary estuvo de visita unos días, durante los cuales trabajaron juntos en el guión, principalmente viendo en qué orden funcionaban mejor las escenas, tal y como recuerda el propio Avary. Al irse de allí, Avary tenía la idea de que habían acordado trabajar juntos en el guión final. Tarantino opinaba lo contrario. Era su película y no quería compartir la gloria con nadie.

Al comenzar el rodaje de la película, un abogado de Tarantino llamó a Avary y le dijo que tendría que conformarse con el crédito de “Story by“, un reconocimiento menor al de “Written by” o “Screenplay by“, usado para escritores que han escrito fragmentos de la historia, o borradores preliminares, luego descartados. Durante años se ha hablado mucho de la polémica QT-Avery. Que Tarantino había traicionado a su amigo, que le había robado ideas… Lo cierto es que Roger Avary reconoce actualmente que su acuerdo final fue justo y que corresponde a su aportación a Pulp Fiction. Y al fin y al cabo, subió a recoger el Óscar al Mejor Guión junto a Quentin Tarantino.

quentin tarantino roger avary  oscar

Danny DeVito recibió el guión final (el de las 159 páginas) y quedó encantado. Empezó a enseñarlo a los estudios. Todos lo rechazaron por ser muy violento. Un ejecutivo de Tri-Star recuerda que la escena en la que Vincent Vega vuela la cabeza a Marvin dentro del coche fue lo que le echó para atrás. Días antes, había asistido a una recepción en la Casa Blanca, donde se había hablado sobre la necesidad de rebajar la violencia en las películas de Hollywood. “Le dije a Danny DeVito que esa escena sería un desastre, que le lloverían las críticas… Pero me equivoqué. La gente la encontró divertida”.

Con la negativa de los estudios, a DeVito sólo le quedaba Miramax, los reyes del cine de autor en Hollywood, que además ya habían adquirido Reservoir Dogs para su distribución. Harvey Weinstein, jefazo de Miramax y gurú del cine independiente, todavía no había terminado de leer el guión, cuando dio la orden a su abogado de comprar los derechos.

Lo más curioso es que Pulp Fiction iba a convertirse técnicamente en una película de la factoría Disney, a la cual pertenecía ahora Miramax. Según su acuerdo, Miramax tenía total independencia para producir lo que quisiera, de la forma que quisiera. Pero Weinstein quería estar seguro, y fue a hablar con el todopoderoso Jeffrey Katzenberg, mandamás de Walt Disney Studios. Este leyó el guión y tranquilizó a Weinstein. “Tienes mi bendición, aunque no la necesitas. Este es uno de los mejores guiones que he leído” le dijo. “Pero no os paséis con la escena de la heroína“.

Así que había luz verde para producir Pulp Fiction. Un toque de humor: cuando se empezó a mandar el guión a los posibles actores, iba acompañado de la siguiente advertencia: “si le enseñas este guión a alguien, vendrán dos tipos de Jersey y te romperán las piernas”.

Pero la historia de cómo se reunió el reparto de Pulp Fiction la contaremos la próxima semana.

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Antes Señor Lobo. "No empecemos a chuparnos las..." Creador y editor de este cotarro. A mí las quejas.

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