Crítica: Arizona Baby – Secret Fires

Arizona Baby

Hay momentos en la vida en que solo queremos huir y desaparecer, y fantaseamos con todo lo que podría ser y con lo que nos estamos perdiendo. Nos montamos películas, por así decirlo. Nos imaginamos en escenarios de cine y viviendo todo tipo de aventuras. Esas cosas que no podemos experimentar en nuestras vidas oprimidas por la rutina impuesta por la sociedad. Porque la libertad en realidad no existe y no le importamos un carallo a los “dueños del mundo”, verdad declamada con vehemencia rockera en ‘Owners Of The World’. Y lo sabemos, así que soñamos con un viaje hacia la libertad, la de verdad, que es la aceptación.

Arizona Baby Secret Fires

Arizona Baby, con su Secret Fires, nos invitan a embarcarnos en ese viaje imaginario y catártico que, sin embargo, no está tan lejos de la realidad. “Ven conmigo, comámonos el asfalto, no importa adónde vayamos”, dicen en una sesentera ‘New Road’.

Con ‘Real Lies’ nos vamos a las áridas calles de  algún lugar recóndito de Texas, a una tarde calurosa y llena de libertad. Contundente y con cuerpo, este primer corte saca con fuerza a los de Javier Vielba de esa casilla de delicadones en la que los habían metido algunas malas lenguas. Porque ahora los vallisoletanos vuelven más rock que nunca, con un sonido lleno pero ligero, que no pesa sino que, muy al contrario, te hace volar.

Estamos ahora en algún bar motero perdido por la Ruta 66, pero algo ensombrece nuestras mentes. Acechan todos nuestros sueños rotos y el cinismo que nos dirige el destino, de los que nos hablan en el delicioso mediotiempo ‘Wooden Nickles’ (“puede que las cosas estén yendo bien para los que pueden saborear el vino, pero ¿qué pasa con los sedientos, que sujetan un vaso roto?”). Las dudas nos asaltan, tenemos que pasar reseña de lo ocurrido hasta ahora. La realidad se entromete en nuestra imaginación, se mezcla con nuestras fantasía y se nos llena la boca de un sabor amargo.  Y se desata una lucha interna. Es una cruzada contra nosotros mismos y para liberarnos a nosotros mismos.

Nadie dijo que sería fácil y es imperativo hacer acopio de fuerzas y mirar adelante, como dicen en ‘Don’t Look Back (On Yesterday)’, una obra cuya protagonista es la voz de Javier, tan demoledora que toda melodía pasa a un segundo plano. Pero ¿cómo no voy a mirar atrás? Pues, ‘It Helps If You Sing’, contesta Javier. Y entre una batería machacante y una guitarra delicada, nos encontramos dándole la razón: “la vida es una mierda y luego te mueres, pero cantar ayuda”.

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Una especie de eco o contestación al ‘We Can Work It Out’ de Lennon & McCartney, en un diálogo con los clásicos que no se queda en el sonido folk rock de los Beatles hacia 1965. En el disco brillan también destellos a lo Jefferson Airplane o Janis Joplin (palabras mayores, cierto, pero es que la voz de Vielba sí da para tanto).

Entonces seguimos cantando; cantamos y cantamos una melódica ‘Here Today, Gone Tomorrow’, en la que encontramos unos dulces arreglos de mandolina, dignos de la época dorada de la canción napolitana. Y al fin asimilamos de verdad que todo es efímero, nosotros los primeros. Pero es durante la mística ‘Create Your Own God’ y gracias a sus cambios rítmicos que revivimos nuestro viaje y podemos verlo todo con más claridad. De repente, tras la épica, hay calma y tranquilidad.

Llegamos así al final de nuestro viaje: hemos cumplido nuestra travesía hacia la purificación y ha llegado la hora de volver a la realidad. La funky ‘Time To Go’ lo dice claramente: es tiempo de irse y asentarse. Los teclados de aire psicodélico sesentero de la emotiva balada ‘Word After Word’ nos devuelven al presente y la realidad pone fin a nuestro metafórico viaje hacia la purificación de nuestras almas. Pero ahora estamos en paz con nosotros mismos, porque sabemos que volveríamos a hacer las cosas cómo las hicimos.


Cuando has publicado dos discos que han encantado a diestro y siniestro, es de esperar que tu tercer larga duración sea de los más esperados del año. Y eso es bueno y malo en igual mesura, ya que el listón sube y las expectativas son muy altas. Arizona Baby han encontrado al fin una sonoridad que los distinga, mezclando country, folk, algo de psicodelia sesentera y una gran dosis de intimidad y preciosismo.

Alguien me dijo que habían perdido su chispa, pero no es así. Sencillamente, la chispa al fin ha prendido un fuego refulgente.

Nota bandálica: 8.5

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