Crítica: Eels – The Cautionary Tales Of Mark Oliver Everett

Mark Oliver Everett

Esta es la historia de un tío al que ya hay que llamarlo hombre. De un hombre que en su vida ha pasado por putadones de todo tipo, tragedias personales y ajenas que le han dejado una marca indeleble. Esta es la historia de un muchacho de Virginia que tuvo que recorrer caminos demasiado tortuosos para aprender a conocerse y llegar a casi entenderse como hombre. Las preguntas que tuvo que hacerse ese pobre diablo que es Mark Oliver Everett, son de esas difíciles de hacer y dolorosas de hacerse a uno mismo. Pero el frontman de Eels tuvo el coraje de enfrentarse a ellas, y lo que resulta de sus respuesta es The Cautionary Tales Of Mark Oliver Everett (el título es muy chachi y tal, pero algo menos complicado también nos valía, eh).

The Cautionary Tales Of Mark Oliver EverettComo viene siendo habitual, Mr. E se pone al desnudo para hacernos partícipes de esa inseguridad y de ese caos que hacen de él quien es. Este undécimo trabajo del Eels es un viaje introspectivo sobre el porqué de un abandono por su parte. A Mark le gusta ordenar las canciones en sus álbumes para que tengan una especie de sentido lineal: un principio, un desarrollo y un final, como un cuento («tale» en inglés, ndr), justamente. Y así os voy a contar este disco: pista por pista, pasito a pasito.

‘Where I’m At’ es el tema que abre este LP y es una intro instrumental de las armoniosas y nostálgicas: piano, violín y trompeta delicados y tristones, como le gustan a Mark. No dice ni una palabra, pero es suficiente para entender que está bien donde está, aunque hay algo que echa en falta. Empieza a preguntarse qué fue de ella en ‘Parallels’, imaginándose situaciones paralelas (tema que hace alusión a su padre, Hugh Everett, quien propuso por primera vez la teoría de los universos paralelos, ejem). «Intentaron avisarnos, pero no me importó», es el lamento que encierra la gran tristeza de ‘Lockdown Hurricane’, una balada cuyos teclados siguen las huellas de ‘I Need Some Sleep’. Es la primera pista en la que Mr. E parece sacar algo de carácter: fuerza un poco su voz rota, y el contraste con los teclados y el violín crea una especie de aura mágica. Entonces es fácil entender la frustración que siente por haber hecho caso omiso de los conejos que le daban.

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«¿Por qué la dejé?» se pregunta en la suave y triste ‘Agatha Chang’, canción central del disco, que habla de ella. Preciosa y sencilla, se eleva a joya por unas magníficas secciones de violín que le dan ese toque de drama insuperable. Mark parece tranquilo, con esa manera tan suya de hablar más que cantar y con una voz algo más límpida de lo habitual. Casi como si quisiera que se oiga bien claro lo mucho que se arrepiente ahora. Este tema es el hilo conductor de todo el álbum, y al bueno de Mark le ha salido fenomenal. Inevitablemente tiene que hacer frente a sus decisiones y a una soledad que él mismo ha causado y que es por ello más dura. Lo hace en la magnífica ‘A Swallow In The Sun’, otro tema lento y asombrosamente conmovedor en la que reluce un punteo de eléctrica de esos que te desmoronan, que te hacen sentir pequeño e indefenso.

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Marca un cambio de registro con ‘Where I’m From’, una canción de melodías alegres y cierto tinte country (nada extraño: sabido es por doquier que al Sr. Everett le gusta este género), en la que busca en su pasado las posibles razones de un comportamiento que le resulta inexplicable («era joven y estúpido», dice… y «viva los tópicos», digo yo). Porqués que sigue buscando en esa suerte de nana caracterizada por la melodía de un carillon titulada ‘Series Of Misunderstandings’.

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La resolución llega con la susurrada ‘Kindred Spirit’, en la que habla de lo magnífica que es ella y de lo grande que es su corazón… Y de que tiene que ganárselo de vuelta (ay, Mr. E, que me has caído en la ñoñería). Pero el optimismo no es cosa duradera, y mucho menos si te llamas Mark Oliver Everett (si no lo habéis hecho ya, leed su autobiografía: Cosas que los nietos deberían saber). Ya ha reconocido todos sus errores, ya ha admitido que Agatha era la perfecta, ya ha decidido ponerse manos a la obra para arreglarlo como sea… Cuando, en lugar de actuar, le da por hacerse la enésima autoevaluación. Y entonces se da cuenta de que no es la persona tan especial que creía ser y empieza a venirse abajo, sintiéndose inútil. Y es así que vuelve a esos rincones oscuros de su interior, esa ausencia de luz que le ha acompañado desde jovencito. ‘Dead Reckoning’ es una lúgubre marcha fúnebre para órgano que escribe en honor a la muerte de su decisión («Volando en la oscuridad / no puedo ver una mierda / estoy solo en una isla perdida / porque te fuiste / no puedo cambiarte / no puedo cambiar a nadie» y en ese nadie se incluye a sí mismo).

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Pero algo se despierta en él y decide que no puede rendirse así como así, que tiene que buscar las respuestas adecuadas a sus preguntas. A ese «¿por qué?» que aletea persistente sobre todo el larga duración. Y parece encontrarlas en ‘Answers’, una bonita canción que, sinceramente, destaca sobre todo por la declaración de Mark de que dejará de ser esa especie de ermitaño que siempre ha sido. Pero, ¿cómo hacerlo? Aceptando su condición de ser adulto y enfrentándose a sus tonterías juveniles, como anuncia en ‘Mistakes Of My Youth’. Es un tema triste pero pegadizo, de los que te hacen ondear la cabeza y los hombros, de los que se escuchan abrazados en los conciertos. De los que de verdad te llegan al corazón, por emotivo y directo. Es un connubio perfecto de pena y alegría.

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Y así llegamos al cierre del círculo vital de este disco: ‘Where I’m Going’, que no es sino una ampliación del tema de apertura. Mark saca a relucir todo su armamento para un gran cierre: vientos, piano y violín. Un tema conmovedor, frágil y nostálgico, pero claramente optimista. Y no solo por la melodía, sino también también porque él mismo lo dice en esa emblemática frase que todos nos hemos dicho alguna vez: «no sé adónde voy» pero a él, su camino, le da buena espina.

Puede que de entrada The Cautionary Tales Of Mark Oliver Everett suene a algo que ya has oído de Eels, pero hay que concederle una segunda oportunidad. Ya en su momento dije que me parecía que Eels habían dado un paso atrás, pero que no era una involución. Y me mantengo firme en mi opinión.

Este álbum es como un vino que se deja decantar para que se abran sus aromas, hay que asimilar la primera escucha para poder captar la complejidad de este disco en la segunda. Porque Mark es una persona compleja y complicada, y así lo son sus trabajos. No puedes escucharlos y ya está, tienes que entenderlos y, sobre todo, tienes que vivirlos. Pero, como ya dijimos en su día,  sin un poco de fuerza bruta no se te rompe el corazón

Nota: 6,5/10

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