Yo también soy hija de mi padre (pero él no fundó ninguna revista)

Hay ciertas costumbres y usanzas en el mundillo de la música que son secretos a voces, y entre ellas sobresale el binomio nepotismo-servilismo.

Hace unos meses, me atreví a solicitar un pase de redactora para el Primavera Sound. No repuse, obviamente, ni la más mínima esperanza en esa petición. Todos saben que es complicadísimo hacerse con ese Santo Grial de la «prensa musical» (ya luego os explico el porqué de las comillas). Así que la negativa por su parte no me produjo ninguna sorpresa.

El estupor vino después del festival, cuando me topé con la fotografía de un pase de prensa e, investigando un poco más a fondo (bendito Twitter), acabé enterándome de que quien lo poseía, ni siquiera cubrió el evento. Se trataba de la prole de Ignacio Julià, cofundador de la famosa y renombrada revista musical barcelonesa Ruta 66. Anda.

Entendámonos, no estoy aquí para poner en tela de juicio la ética y la moral de los demás –recordemos que la ocasión hace al ladrón–, sino para denunciar –armada de pantallazos– el nepotismo que impera en este mundillo. Un mundillo que, en su gran mayoría, sigue mirando con recelo al que escribe en un blog sin pararse a pensar que quizás no le queda más remedio. Que la «prensa musical» es un gigante decrépito que prefiere sucumbir antes que renovarse. Que nadie te da una oportunidad, porque todos los puestos, en las distintas áreas del sector, están cogidos por el mismo puñado de nombres, que evidentemente son todos hijos de Lester Bangs y Phil Spector.

Arranqué con la señorita en cuestión una ferviente discusión en la que ella defendía su decisión por «haber pagado los 50€ del pase de prensa», porque no es «la única enchufada» y que era su «primera vez de prensa» ya que normalmente va como invitada de grupos. Además, recalcó, ella no tiene la culpa de ser hija de su padre  –y tampoco el mérito, añado yo–.

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normalmente me invitanUn pase de prensa que ni siquiera es gratis: pagas para ir a trabajar. Una medida que, en su momento, me pareció hasta útil. La organización del Primavera Sound la instauró, según dijeron, para evitar que los medios fueran a pasárselo en grande y luego no cumplieran. Porque, claro, los servicios ofrecidos a la prensa también tienen un coste para la organización.  

Pero a lo que vamos. Le pedí a Gabi Ruiz, director del festival barcelonés, que me aclarara la situación, ya que todo esto va en contra de la proposición fundamental del coste del pase de prensa. Su respuesta fue que la Ruta 66 era medio colaborador y por lo tanto, como tal, tenía un número de acreditaciones asignados y la organización no puede controlar a quién el magacín le da sus pases. Ah, ¿no? Y yo que creía que para eso tenían a un Departamento de Prensa. Además, añadió el director del festival, la chica pagó por su acreditación. Bueno, ¡en ese caso no hay problema! Ella pagó sus 50€ para un pase de prensa y no cubrir el evento, mientras decenas de pringados cuyo apellido no conocéis y que luchan para hacerse un hueco en el infame mundo de los medios de música, tuvieron que pagar hasta el triple para hacerlo. Un aplauso.

Curioso, por cierto, que Jorge Ortega, codirector de la Ruta 66, comentara acerca la mencionada norma del Primavera Sound que «hay mucho intrusismo y esta medida puede delimitar los medios que realmente son prensa musical especializada interesada en esos artistas durante los doce meses del año».

Nótese bien que el Sr. Ortega solo habló del interés de la prensa musical especializada (y por lo tanto más seria), pero no de la cobertura que estos dan al Primavera Sound. De hecho, según he podido ver en las portadas de los números 327 y 328 (junio y julio/agosto respectivamente), interés tienen muchísimo pero cobertura, ninguna.

Ruta 66 JJA

Ya que no recordaba haber visto el logo de la revista en cuestión por ningún lado, decidí también darme una vuelta por la página web del festival y, cuál fue mi sorpresa al ver que, efectivamente, ésta no se encontraba entre los medios colaboradores.

medios PS

Conociendo la transparencia de la organización, supuse que Gabi hablaba de la faceta Pro del festival. Y casi no pude contener el asombro cuando tampoco encontré el logo en la correspondiente sección de colaboradores. Un misterio.

medios primavera PRO

La crisis

El constante bombardeo de información sobre la brutal crisis que el sector musical español está sufriendo, conlleva la fatídica pregunta: ¿a qué se debe? Las respuestas nos las traen escogiendo al azar entre: a) la situación económica, b) un gobierno que fomenta la incultura, c) la población española no tiene el hábito de disfrutar de la música en directo como en otros países europeos; d) todas las anteriores son correctas. Lo que no nos comentan es que en 2014 Italia (donde se aplica el 22 % de IVA desde tiempos inmemoriales) ha experimentado un aumento de los ingresos derivados de entradas de conciertos de un 6 %. Se ve que allí tenemos mucha cultura de música en vivo y yo aquí, sin enterarme.

O talvez, y solo es una suposición, tiene que ver con que el precio de la entrada. Para ver a, pongamos, Vinicio Capossela que es un artista muy amado en Italia y tiene casi el doble de fans que Love Of Lesbian, oscila entre 10 y 13€, contra los 30 que fácilmente piden los barceloneses.  Más aun, ¿la crisis y los impuestos solo nos afectan a la hora de comprar entradas? La venta de música grabada creció un 21,2 % en nuestro país, así que me pregunto cómo puede haber crisis para ir a un concierto pero no para comprar un disco.

¿Estamos seguros de que la causa primera es ajena a la industria misma? En España el mayor problema es la falta de seriedad y profesionalidad que se extiende como una gangrena a un tajo muy importante de este sector.

Las promotoras más grandes ignoran por completo cualquier medio que no tenga un alcance interesante para ellos, independientemente de la calidad de las publicaciones. Los organizadores y promotores medianos, en cambio, aun necesitan que los medios se hagan eco de su oferta pero fingen estar en posición de fuerza. Para ello te piden el oro y el moro a cambio de una acreditación que, en realidad, te van a dar porque necesitan tu apoyo tanto o más que tú el suyo.

Los únicos que se mantienen fieles a sus principios y guardan una ética profesional admirable, son aquellos que se mueven en las esferas más alternativas y las empresas más pequeñas o recién nacidas. Los que siguen partiéndose los cuernos por una pasión aun genuina que no les compensa tanto en lo económico como en lo emocional porque «lo que con mucho trabajo se adquiere, más se ama».

La «prensa» musical

codigoTampoco nos libramos los de la supuesta «prensa musical». «Prensa musical» entre comillas porque, dejemos de engañarnos, en España no existe una verdadera prensa musical. Aquí nunca podremos tener una NME o una Pitchfork. Aquí hasta la Rolling Stone cerró.

¿Por qué? Porque los medios, los grandes, por lo general acaban jurando obediencia ciega a aquellas empresas y organizaciones que mueven los hilos de este gran teatro de títeres. Así que leemos artículos del color de rosa y con amplitud de detalles inventados (¿a qué gran medio le van a denegar los pases al año siguiente por escribir un cuento en lugar de una crónica?). Los medios nacionales tienen miedo de decir lo que realmente piensan para que los organizadores de conciertos y festivales no les cierren aquellas hermosas puertas que consiguieron abrir. Puertas, si me lo permitís, que llevan a lugares bastante cuestionables.

Volviendo al asunto del Primavera Sound y a la Ruta 66 que es medio oficial y no aparece como tal, ni es un misterio, ni un caso aislado. Los blogs y revistas nacionales de cierto tamaño e influencia suelen llegar a acuerdos con los festivales medianos y grandes. Estos últimos son generosos con las acreditaciones, les adelantan información y les proporcionan otros beneficios sobre los que prefiero no especular, y el medio hace una cobertura exhaustiva del evento con la debida omertá –y a veces ni eso, La Bien Querida dixit y Ruta 66 ostendit–.

Nunca os hablarán con la actitud crítica necesaria de un cartel que no justifica el precio de un abono, ni de la caída en picado de la calidad musical o de fallos importantes que puedan desmerecer la imagen del festival. Todo será bonito, saldrá bien y solo habrá unos pocos fallos del todo aceptables que resultarán en un balance del evento positivo.

En España no existe –ni podrá existir nunca, mientras no se produzca un cambio radical y revolucionario– el sector de la prensa musical, porque los propios periodistas parecen haber olvidado lo que dicta el código deontológico del gremio: los imperativos de respetar la verdad, de ser honestos e imparciales en la difusión de la información y la libertad del comentario y la crítica, y de no llegar con un sector económico a una connivencia tal que pueda repercutir en la independencia y la imparcialidad del periodismo.

¿Qué era lo que decía el Sr. Lobo en Pulp Fiction? Ah, sí: «no empecemos a chuparnos las…».

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