Crónica: Xoel López (Sala Eventual Music, 16 de octubre)

Xoel Lopez Malaga

Es una ley universalmente aceptada que todo lo bueno se hace esperar, y Xoel López apareció ante una expectante Sala Eventual con casi una hora de retraso. Lo que no tardaron ni un segundo fueron los coros del público a ‘Patagonia’, la canción que el gallego eligió para abrir una noche que trasudaba magia.

Era algo palpable, esa magia, y contagió como una pandemia a todos los asistentes, quienes desde el primerísimo instante no escatimaron en sonrisas y bailes. La explosión de euforia que acompañó ‘Hombre De Ninguna Parte’, cantada por los asistentes a pleno pulmón, se transformó en dulzura y miradas llenas de ternura cuando Xoel arrancó con ‘Laberinto’.

Comentó el gallego que le alegraba volver a Málaga tras su paso por el Ojeando para presentar Paramales, porque en los festivales nunca se tiene bastante tiempo y porque todo es más íntimo, para así dar paso a ‘Por El Viejo Barrio’, uno de los cortes más hermosos de su anterior trabajo, Atlántico.

A los norteños siempre se nos tiene por personas frías y distantes, como si nos dieran leche con vinagre de pequeños o algo, pero ya me dirán ustedes cómo puede salir algo tan profundo y emotivo como ‘Almas Del Norte’ de alguien así. Fue con esa canción, su letra preciosista, sus coros etéreos, sus teclados melancólicos y su batería que retumbaba poderosa en los pechos de los presentes, que Xoel nos arrebató el corazón de verdad por primera vez.

Se desenvolvió el coruñés en el escenario de la Sala Eventual de Málaga como un verdadero showman entre bromas, bailes y pausas estudiadas para no romper los cientos de hilos de magia que con primor había tejido. Le ayudaron en esta labor todos sus acompañantes, que vestían una impertérrita sonrisa contagiosa, que se divirtieron y bailaron como si hubiesen estado en la pista con nosotros y no encima del palco.DSCF7641-2

Nos deleitó con su swing durante ‘Yo Vi Un Hombre Desaparecer‘ y nosotros, desde allí abajo, también intentamos mover el bullerengue como lo hacía él, para qué negarlo. Estaba preparando el terreno para la llegada de la emotiva ‘Buenos Aires’, que nos conmovió a todos mientras nos imaginábamos paseando por las calles de la ciudad argentina, persiguiendo el olor de sus quioscos de flores y embriagados de ilusión y nostalgia.

Sonó más electrónica que en el disco una ‘A Serea E O Mariñeiro’ que, sorprendentemente, la gran mayoría de la audiencia cantó con determinación y arrojo en un (casi) perfecto gallego. Pero más sorprendente aun fue la versión que ofreció de ‘El Asaltante De Estaciones’, que alargó hasta unos diez minutos, haciendo alarde de una habilidad con la guitarra desconocida a los más. Se lanzó en una improvisación con su eléctrica descontrolada pero precisa, acompañado también por un siempre magnífico Miguel Rivera —líder de Maga—  y por un Charlie Bautista sobresaliente a un teclado cuyo sonido de órgano transformó por completo la canción y la llevó a lo más profundo del blues ante el estupor de los presentes, incrédulos y anonadados por igual.

Otra ley universalmente aceptada es que lo bueno siempre se acaba pronto y sabíamos que el concierto estaba cerca de su fin. Fue entonces que Xoel desempolvó su antiguo alter ego más anglosajón y rockero, Deluxe, y dedicó a un público aún lejos de la saciedad ‘Historia Universal (El Amor No Es Lo Que Piensas)’ y ‘Reconstrucción (El Mejor Momento)’. A los presentes les llegaron como carne a una jaula de leones hambrientos y arrancaron saltos mezclados a bailes que resultaron en un cuadro de movimientos convulsos y espasmódicos cargados de la más pura emoción. Una Málaga incansable que siguió imparable hasta las aclamadas ‘Ningún Hombre, Ningún Lugar’ y ‘Yo Solo Quería Que Me Llevaras A Bailar’, que suponían la despedida.

Pero no engañó a nadie, Xoel, porque faltaban todavía canciones de su último elepé y sabíamos que volvería. La sorpresa, de hecho, no fue tanto que volviera a aparecer sobre el escenario de la Eventual, sino cómo lo hizo. Guitarra acústica en mano y sonrisa humilde y bonachona en la cara, el cantante hizo realidad el sueño de muchos de los presentes, pero de una servidora en particular. «Voy a tocar un cacho de ‘Rostro De Actriz’ para alguien que me la pidió», dijo guiñándome un ojo y arrancando la más delicada y frágil de sus baladas (aquí tenéis el porqué). El silencio cubrió la sala y todos nos encontramos pendiendo de sus labios, susurrando apenas la letra por temor a estropear un momento tan mágico y único.

Nos contó Xoel que vive por y para las emociones y lo que siente por su compañera sentimental, Lola, fue un poco nuestro también cuando nos compartieron ‘La Casa Hace Ruido Cuando No Estás’. Le siguió ‘Todo Lo Que Merezcas’, un oxímoron cuando menos gracioso, que todos cantamos a pleno pulmón y sin hacer el menor caso de todos los agudos que fallamos.

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Iba a despedirse de una Málaga que le había declarado esa noche amor eterno e incondicional con la bailonga ‘De Piedras Y Arena Mojada’, pero a Xoel le gustan las emociones: sentirlas, verlas, crearlas. Y así accedió a tocar un tema más, uno que fuera acorde a la noche, llena de vida, ritmo, magia, amor; y ‘Desafinado Amor’ cerró así un concierto que abrió el corazón de los malagueños.

Me dijo Xoel que «la vida es una manera de vivir la vida más felizmente» y con él y su música, eso es totalmente cierto.

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