Crítica: La reinterpretación de The Weeknd


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Acertada reinterpretación, sonoridad algo cansada


Lo de que está todo inventado ya empieza a ser una vieja película, un clásico ineludible en esto de la creación artística. «Rebooteamos» películas, reciclamos plástico, adaptamos obras de teatro, nos ponemos la ropa de nuestro abuelo y lo llamamos vintage e incluso le cambiamos el nombre a ir de tiendas o a correr para que parezca que hemos inventado algo. En la música tal y como hoy la entendemos esto se traduce en nuevas nuevas olas, en remembers genéricos, en imitaciones baratas y en reuniones incomprensibles. Debbie Harry o el artista antes conocido como Prince se sorprendían en 2013 de que la música que ellos fabricaban en los 80 llegara a alcanzar entonces casi más vigencia que en su momento. El propio Prince abandonaba lo del symbol y recuperaba su rostro, Daft Punk le daban a Giorgio Moroder una segunda juventud y Neil Rodgers volvía a ser el músico de sesión con el que todos querían trabajar. Hemos acabado aceptando esto como parte de un proceso hegeliano: pongamos a discutir todas las partes para tratar de dar en común un paso hacia adelante.

The Weeknd at the Juno Awards in Canada this year

En este contexto aparece The Weeknd. Beauty Behind The Madness funciona como un catálogo de RnB en el que se suceden en pequeñas dosis detalles de los grandes exponentes del género, de las grandes reinterpretaciones que este ha ido experimentando a lo largo de los últimos 30 años y de los sonidos que están de más actualidad, que le otorgan una orientación claramente pop y una vocación masiva que ha terminado resultando bastante efectiva. Dos números uno consecutivos en Billboard dan fe de ello. Pero en estos tiempos de comida rápida y bombardeo de sencillos ‘Can´t Feel My Face’ no puede llevarnos a engaño. Su agresividad funk no es una tónica general, más bien una maravillosa excepción dentro de un disco que se desenvuelve de principio a fin entre downtempos y tiempos medios y que da demasiadas vueltas sobre “tu cuerpo”, sobre lo sensual que resultas, sobre lo celoso que estoy y sobre lo peligrosa que resulta nuestra pasión vestida de amor.

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Los primeros temas del disco presentan un entresijo – bastante bien conseguido, todo sea dicho – de las influencias más clásicas del RnB: las reminiscencias vocales de Michael Jackson, el sabor de R. Kelly o Usher, las percusiones de Phil Collins en ‘Real Love’ o el estilo Miami muy a lo Beyoncé de ‘Losers’. Todo decorado con fugaces trazas de soul británico, con una colaboración con Kanye West en ‘Tell Your Friends’ en la que se adentran juntos en la sonoridad del 808s & Heartbreak y sus fondos retorcidos y con un experimento con bases trap que recuerda mucho a Flume y empieza en ‘Often’ y alcanza su plenitud en ‘The Hills’. Esta última, el segundo hitazo, usa además unas cajas de ritmos con clara vocación electrónica que la acercan a ‘Nocturnal’, el tema de Disclosure en el que The Weeknd pone la voz. La apertura de miras de Beauty Behind The Madness a la hora de abordar su género es una de sus mejores virtudes.

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Entonces entra a producir Max Martin. Los tres temas salidos de su batuta conforman el tridente fuerte del álbum y aportan la mayor orientación masiva encontrando ganchos verdaderos y tendiendo sólidos puentes entre el RnB al uso y el pop, demostrando que empezó produciendo éxitos para los Backstreet Boys, para Britney Spears y para ‘N’ Sync. ‘Can’t Feel My Face’ se comporta como un monstruo de dos caras en el que se alternan Michael Jackson y Justin Timberlake, Prince y Twin Shadow. Chapó para un verdadero temazo que tiene descaro hasta para colarse en el top 1 con un estribillo que alardea de lo mucho que le gusta a Abel Tesfaye ponerse de farlopa con su chica.
‘Shameless’ baja de revoluciones (al estado natural del conjunto) pero sigue teniendo morro para preguntar «¿quién va a follarte como yo?» y para sacarse un solazo final de la escuela Satriani, muy Steve Luckater con Toto (y venga, muy Slash con MJ). Vocalmente tiene mucho de la nueva generación de soul británico, que The Weeknd parece haber asimilado muy bien en su peculiar reformulación del RnB, como viene a confirmar la colaboración con Ed Sheeran en ‘Dark Times’. ‘In The Night’, por su parte, se ceba en la faceta más pop de Michael Jackson y recrea perfectamente los fondos sintéticos de Kavinsky, firmando uno de los actos más destacables del trayecto.

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El resto del disco puede resultar reiterativo, dejando si acaso el highlight de Lana del Rey diciendo «I feel the rush and it’s amazing… mmm» en ‘Prisioners’ en esa atmósfera oscurecida que tan bien le queda, y los coros infantiles al final de ‘Angel’ – por si faltaba algún tópico -.

Al final, los temas, aislados, alcanzan escaso desarrollo en general y se terminan quedando en presentación de ideas solipsistas, en círculos viciosos (en todos los sentidos) y en noctambulismo y seducción que funcionan perfectas para la banda sonora de una noche de sexo tranquilito pero que como conjunto no aguantan el peso de la atención. La única manera de disfrutar el disco en su totalidad es estar haciendo algo mientras tanto, si no el sopor puede ser letal. Y esa es, quizás, una de las principales losas de Beauty Behind The Madness.


7,2 /10


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About Diego Rubio Méndez

Soliloquísimo. Bowie se me apareció en sueños y no me dijo nada, pero supe que la música iba a ser el camino de mi vida.

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