Florence + The Machine. Un bautismo de agua y fuego (Lisboa, 18-07-2015)

Florence + The Machine han protagonizado una de las giras del año
Florence + The Machine han protagonizado una de las giras del año

El destino es caprichoso: empieza por romperle una falange del pie a tal y termina partiendo la pierna de cual, y en ambos casos en el territorio del contrario. Todo, quizá, para poner las cosas en su sitio. Florence Welch acabó su espectacular despliegue en Coachella con un dedo roto y Dave Grohl saldó su concierto de Manchester con una pierna rota. De esta un poco siniestra coincidencia emergió lo que era una brutal evidencia: si Glastonbury corona año tras año al “cabeza de cartel supremo”, ¿qué hacían ahí Foo Fighters? ¿Qué hacían Foo Fighters liderando Glasto en un año tan fructífero para la música británica? Ese estatus que otorga Glastonbury (a las pruebas me remito: en los últimos años el Continental Tour de Neil Young, los histriónicos Muse de The 2nd Law, los hiperlumínicos Coldplay de Mylo Xyloto, los Arctic Monkeys de AM y la deliciosa grandilocuencia del Reflektor Tour de Arcade Fire) le corresponde siempre a una banda que no solo llega a la cima de la Pirámide por su calidad, o por su espectacularidad, o por cualquier razón aislada que la haga digna de sus más de 100.000 asistentes. Es una conjunción perfecta entre química y momento, es un alarde de actualidad y de riesgo. Es, en fin, historia de la música. No es Sonic Highways, con todos los respetos a unos Foo que no merecen más que mi admiración por una trayectoria estelar y un directo arrollador. Con el accidente de Grohl, a unos días de la actuación en Glasto, se abría un debate al que sin querer NME había dado ya solución. ¿Quién les sustituiría? ¿Quién asumiría semejante responsabilidad?

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Días antes del asunto Florence + The Machine publicaban su tercer largo (nuestra crítica, aquí) y el tabloide británico se preguntaba si no estaban listos ya para encabezar el festival, si no aunaban eso que digo es tan importante para su filosofía: la química y el momento. El resto lo conocemos. Triunfo colosal, “a dramatic coming of age moment”, un paso adelante, nadie se habría acordado de los Foo si Florence no hubiera versionado ‘Times Like These’

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Así que ver a Florence + The Machine era obligación. ¡Qué digo obligación! Necesidad… era necesidad. Sólo escuchar el concierto del jueves 16 en Benicàssim ya transmitía todo lo que debe un concierto de 10. Desde los Arcade Fire de Reflektor no recordaba algo semejante. Mis sospechas se confirmarían el sábado siguiente en Lisboa. Teloneada (sí, teloneada) por FFS, el proyecto paralelo de Franz Ferdinand y Sparks que empieza bien, con un Kapranos liberado de las obligaciones de la guitarra y con más espacio para el despiporre y los brinquitos, y acaba dando gracias a ‘Michael’ y ‘Take Me Out’ (la colaboración funciona, pero mejor funciona Franz Ferdinand), Florence Welch se subía al escenario principal del Super Bock Super Rock (una arena cerrada, un concepto bastante interesante) rodeada de una magia indescriptible.

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El fondo, una sencilla piel de serpiente de reflejos que a veces recordaba a la brillante superficie del mar (‘How Big, How Blue, How Beautiful’), a veces a un incendio (‘Drumming Song’) y otras a los brillos de las tachuelas de un vestido de fiesta (‘You Got The Love’). La banda, solvente desde el inicio, con ‘What The Water Gave Me’, madura y espectacular: una guitarra que se mueve sutil en un repertorio que le es naturalmente esquivo, que ruge en ‘What Kind of Man’ mientras Welch sacude a algunos hombres de las primeras filas, que disfruta en ‘Ship To Wreck’ y en prácticamente todas las del nuevo disco, que transforma en pura belleza (lo siento Calvin Harris) un ‘Sweet Nothing’ emocionante y que busca su sitio como puede en ‘Rabbit Heart’ o ‘Cosmic Love’, o en todas las de los viejos discos; unas coristas con precisión francotiradora; un bajo y una percusión que hacen de ‘Shake It Out’, ‘Drumming Song’ o ‘Spectrum’ verdaderos himnos de estadio; un arpista que individualiza el sonido y que hace que las primeras canciones de The Machine se rodeen del misterio de Fleetwood Mac y alcancen efectos de brujería en ‘What The Water Gave Me’ o ‘Rabbit Heart (Raise It Up)’; unos vientos que además de sonar altos, claros y perfectos en la gloriosa coda de ‘How Big, How Blue, How Beautiful’ o en la melodía torera de ‘Queen Of Peace’ logran dar un brillo nunca visto a Ceremonials y a Lungs y convertir por tanto esta en la mejor gira de Florence + The Machine hasta la fecha; e Isabella Summers… que lo hace todo bien.

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Y luego está ella. Vestida de blanco, blusa blanca semitransparente y pantalones blancos, vestida de seda. Descalza. La melena rojiza suelta, al viento. Una voz de mezzosoprano dramática que habría hecho las delicias de Wagner o Verdi, que aúna la precisión de Adele, el aura de Stevie Nicks y la credibilidad de Patti Smith (hizo un breve cover de su ‘People Have The Power’) y que se maneja con el groove de la versión femenina de Mick Jagger. Todo en Florence Welch es una obra de arte, un canto a la belleza y un intento de conexión con un ente superior. Recuerda en escena a la pintura de la Hermandad Prerrafaelista británica, a la Ofelia de Shakespeare.

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El océano grande y azul que dibuja el nuevo trabajo llega a ebullición y se convierte en un dragón con labios de fuego que en ‘Drumming Song’ parece hasta real. Florence and The Machine golpean con la intensidad de unos músicos en plenitud y la verdad crudificada en los labios de su vocalista, que vive todo lo que dice, que interpreta cada sílaba (“did I drink too much, did I losing touch, did I build this ship to wreck?”). Verla cantar ‘You Got The Love’ no solo es un placer para los oídos… lo es para la vista porque nada llena más en un concierto que un artista que disfruta haciendo lo que hace. Lo es para el alma porque cuando sonríe tu sonríes por dentro, porque cuando persigue ¡feliz! burbujas imaginarias al principio de ‘Dog Days Are Over’ te invita a creerte tu propia felicidad. “Happinnes hit her like a train on a track” y una comunión, y Florence pidiendo ya desde la cuarta canción píramides humanas y tanta gente a hombros como fuera posible. ‘Rabbit Heart’ se desenvuelve entre el crepitar del arpa y crece hasta el delirio con los coros de “raise it up” y las pulsaciones de Isabella. Florence hace el segundo estribillo por abajo consiguiendo una armonía tonal de conservatorio, se baja al foso y se pone la corona de flores de una afortunada, a la que luego corona. Todo es felicidad, todo es gente abrazándose y brazos en alto, todos debidamente adornados con una pulsera de luz. Y esa energía, ese buen rollo, se mantiene intacto hasta el final. En el clímax de ‘Dog Days Are Over’ Florence pedía que nos amáramos, que nos tocáramos, que nos abrazáramos. Pedía que nos quitaramos la ropa y que la ondeáramos por encima de la cabeza. Y se la quitaba ella, y bajaba a correr de aquí para allá en sujetador y con la blusa al viento. Y la gente obedecía. Y “1, 2, 1, 2, 3, Run… Fast for your mother, fast for your father, run for your children, for your sisters and brothers, leave all your love and your loving behind, you can’t carry it with you if you want to survive”.

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El compromiso de Welch con su música es lo que les hace alcanzar ese nivel sobrehumano. Sin excusas por la novedad, suenan tan grandiosas tanto ‘Shake It Out’ como ‘Third Eye’. La primera es una debilidad para el que escribe: ese órgano no solo levanta la canción, me levanta a mí del suelo. Escucharla en medio de un coro humano es una sensación maravillosa, y sacudirse todos esos fantasmas ahí, en plena orgía sonora, una pequeña muerte. Cuando dice eso de “tonight I’m gonna bury that horse in the ground” a mí se me ponen los pelos como escarpias, pero el subidón final, el tiro en la garganta, el buscar el cielo y encontrar al demonio en tí y el “what the hell! I’m gonna let it happen to me” son la plenitud, son un todo revuelto, son un salir a respirar profundo después de haber perdido el aire. La segunda un ejemplo más de que el nuevo disco es un discazo: la desbordada energía que transmiten las tempranas ‘Ship To Wreck’ y ‘Delilah’ lleva a Florence a no dejar de moverse, a correr de un lado a otro bailando y agitando las manos; ‘What Kind Of Man’, ‘How Big…’ y ‘Queen Of Peace’, marcando el grueso central, son desde ya repertorio clásico de la banda. ‘Spectrum’ y ‘You Got The Love’, por su parte (porque merecen mención aparte), reúnen todo lo que hace a Florence + The Machine ser lo que son. Del agua al fuego, de las profundidas del bosque al cielo, del misterio al drama, de la súplica a la orgullosa renuncia. Un arpa juguetona que cuando se detiene se convierte en una sutil tormenta programada, una voz arrolladora y siempre afinada que fuerza los límites de lo posible, que se pega un viaje de 3 octavas y que hace piruetas con los arreglos del estudio. El público haciendo los coros y los nuevos vientos llevándolas un paso más allá.

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He dicho antes que se despidió con ‘Dog Days Are Over’. No exactamente. Subió corriendo y desapareció sin decir ni mú. Pero volvió para hacer ‘Third Eye’ y bañarse en un nuevo coro, y terminar definitivamente con una “canción muy, muy antigua”, un ‘Kiss With A Fist’ celebrado como una fiesta popular después de todo el drama compromisivo que supone el final teórico en el que se suceden ‘Drumming Song’, ‘Spectrum’, ‘You Got The Love’ y ‘Dog Days Are Over’. Hasta Isabella Machine, siempre impertérrita, se bajó a darse un pequeño baño de masas. Que se lo pasaron bien, vaya. Que lo disfrutaron y lo hicieron disfrutar, y que volvieron a coronarse, tanto literal como simbólicamente. ¿Una pega? Para el próximo año, Super Bock, aire acondicionado o agua para los que están apiñados bajo el escenario. A Florence y los suyos no les puedo poner una… ¿Que lo más flojo fue el doblete ‘Cosmic Love’ – ‘Delilah’? No me lo creo ni yo…

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¿Merecía Glasto? No. Mejor diré que Glastonbury se merecía a Florence + The Machine. Lo que se merecían ellos era su cita con la historia y la están teniendo. Justicia poética. Este es, de momento, el espéctaculo del año. Un ruido furioso dentro de la cabeza, más alto que las sirenas y que las campanas, más dulce que el cielo y más abrasador que el infierno. Un océano en el que navegar tranquilo y en el que naufragar a gusto. Una tormenta de química y momento.

Setlist completo.

1. What The Water Gave Me

2. Ship To Wreck

3. Shake It Out

4. Rabbit Heart (Raise It Up)

5. Cosmic Love

6. Delilah

7. Sweet Nothing

8. People Have The Power (cover de Patti Smith)

9. How Big, How Blue, How Beautiful

10. Queen Of Peace

11. What Kind Of Man

12. Drumming Song

13. Spectrum

14. You Got The Love

15. Dog Days Are Over

(Encore)

16. Third Eye

17. Kiss With A Fist

Puntuación de los lectores
[Total:2    Promedio:3/5]

About Diego Rubio Méndez

Soliloquísimo. Bowie se me apareció en sueños y no me dijo nada, pero supe que la música iba a ser el camino de mi vida.

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