TOP 100 Mejores Canciones de 2017 (I)

60.

‘Isla Desierta’; Cala Vento

A Cala Vento no le esperan más que victorias en esto de la música. Y es que pocos grupos emergen de las profundidades del abismo con tanta seguridad, con un estilo tan definido, con las cosas tan claras, con tanta autenticidad y con una solvencia simplista que se lleva por delante a cualquier grupo con la etiqueta emergente sobre la cabeza. Si Pitchfork los descubrieran como hicieron con Mourn o como han hecho este año con Bad Gyal, estarían girando por EEUU, pero como tampoco cantan en inglés y prefieren expresarse libremente en castellano, no irán de momento a plazas más internacionales. Pero llegarán a buen puerto, eso seguro. Ahora mismo están «en una puta isla llena de contradicciones» donde pierden la vista escribiendo canciones, unas «de gran sentimiento» que se asientan sobre el planteamiento de los mejores Japandroids y de los mejores Nueva Vulcano, llevando en la identidad bien grabados el punk y el noise pero sobre todo la emotividad de una buena melodía, una cojonuda (como las que podían hacer en su día El Último de la Fila), y la sonoridad de ese acorde que todos buscan para hacer en algún momento la canción definitiva.


59.

‘Total Entertainment Forever’; Father John Misty

En esta canción están concentradas, en apenas tres minutos y sin apenas desvaríos, todas las pequeñas cosas que hacen a Father John Misty uno de los tipos más especiales de la música en la actualidad, uno de los artistas más personales e inclasificables, uno de esos con personalidad arrolladora que son un género en si mismos. Uno que puede empezar diciendo «bedding Taylor Swift inside the oculus rift» pero que también puede narrar la crónica del tedio y la sedación de la conciencia, la alienación del mundo moderno, y rebelarse contra ello de pronto en un caos instrumental. Hacerlo todo, repito, en menos de tres minutos, cantando a la perfección una melodía envidiable, de las que mejores que podría haber firmado Elton John en los 60 (con él no solo tiene en común el timbre vocal, la gravedad limpísima y el falsete delicioso; también lo caballeroso), con preciosos metales replicándole y esa batería pensada para comerte el mundo.


58.

‘Oh Woman, Oh Man’; London Grammar

Aunque la etiqueta trip-hop sea más bien eso, una etiqueta, asociada además a un momento concreto de la historia musical de Inglaterra en los 90, no hay duda de que su sonoridad etérea, sus pulsos lentos, progresivos y electrónicos han sido el caldo de cultivo en el que ha crecido el uk garage del que tan bien han sabido valerse London Grammar para hacer personalísimo su sonido desde que debutaran en 2013 y lograran colarse en la retina de todos con su colaboración en el ‘Help Me Lose My Mind’ de Disclosure. Casi como entre The xx y Florence + The Machine, que (por casualidad) también formaron juntos para un rework de ‘You’ve Got The Love’, el trío londinense sabe llevar siempre por derroteros oníricos su propuesta minimalista.


57.

‘Doomsday’; Ryan Adams

Que no, que Ryan Adams no ha perdido el don para hacer grandes melodías. No tiene que ponerse en la boca a Taylor Swift para recuperar su mejor nivel, como demostró de largo en un conciertazo en el Mad Cool, con la rabia en la guitarra de un tigre de bengala. Ese rasguido en ‘Doomsday’, letal como un navajazo, y la armónica que abrasa, aun en la línea de su reversión del 1999 y de todo el Bruce Springsteen de los 80, bien valen para devolverle galones en listas como esta. Que siga girando, que hacía muchos años y no se nos ha quitado el mono.


56.

‘Cave’; Future Islands

La música tiene su propio lenguaje, como parece reflejar el vídeo de ‘Cave’, en el que un traductor interpreta en lenguaje de signos la letra de Samuel Herring y demuestra quizá de forma indirecta que lo mejor que tienen Future Islands es la enorme capacidad expresiva de su vocalista, que pisa fuerte allá por donde pasa, desgarrándose la garganta en plan doom y golpeándose la cabeza. Después del excepcional Singles de 2014, plagado como su nombre parecía indicar de canciones redondas, la propuesta se ha desinflado un poco por continuista, aunque sus autores no hayan perdido el tino para seguir dejando temazos. Este es uno, post punk synth marca de la casa, pero hay más dentro de The Far Field.


55.

‘Deadly Valentine’; Charlotte Gainsbourg

La actriz e hija del mítico Serge Gainsbourg, Charlotte, regresa a la canción después de 7 años en un disco completamente cantado en francés y en el que descarga una brutal melancolía sobre un pulso bailable de funeral. La punta de lanza, este ‘Deadly Valentine’ en el que Blood Orange solo aparece en el videoclip (la lista de colaboradores estelares la dejamos para el disco) y que narra toda la vida de una pareja un tanto dramática a modo de corto en 6 minutos. Evidentemente, lo visual también es parte indisoluble del trabajo de Charlotte Gainsbourg.


54.

‘Rattlesnake’; King Gizzard & The Lizard Wizard

El medievalismo salvaje, la psicodelia fuzz y el kraut loco de estos tarados australianos combinan a la perfección en este trayazo oscuro, reptil e infernalmente monótono que ha terminado por ser algo así como la canción insignia de la banda en esta etapa, una en la que se han empeñado en sacar discos a mansalva para extremar aún más su eclecticismo caleidoscópico. Una que sirve para definirles a la perfección.


53.

‘Never Been Wrong’; Waxahatchee

Con ‘Never Been Wrong’, Katie Crutschfield ha conseguido expresarse por fin completamente extrovertida, haciendo del ruido guitarrero su bandera y reconociendo que puede reprochar y quejarse a grito pelado, más liberada, sin tener que encerrarse en su propia intimidad. Reflexionar en voz alta, vaya, y que «todo el mundo escuche tus quejas», que para eso eres cantante.


52.

‘Find Me’; Porches

El vaporwave ha encontrado en Porches su mejor aliado, pues es uno de los que mejor interpretan su sentido estético, tanto a nivel visual como en la inclusión de detalles sutilísimos en sus canciones. Tras el estupendo Pool con el que dio un giro en su sonido, más cerca del pop sintético, ha seguido imbuyendo a su estilo de un beat más bailable sobre el que poner a coreografiar su melancolía, retomando el dance synth de grupos míticos de los 90 como The Beloved. La prueba, este ‘Find Me’, que anticipa brillantemente The House.


51.

‘Fear Is Like A Forest’; Courtney Barnett & Kurt Vile

Aquí ha habido un verdadero debate, y es que ‘Fear Is Like A Forest’ no es una canción original ni de Kurt ni de Courtney, la dupla artística del año. Es una canción de Jen Cloher, la novia de Barnett, en cuya banda Courtney toca la guitarra, con una vibra, ella misma reconoce, muy Crazy Horse, y lo que han hecho con ella la de Sydney y el de Philadelphia es convertirla en una canción madura de rock descorazonado con un sonido acojonante y los fraseos retorcidas de ambos compositores en plenitud.

Si no te vale porque es una versión, puedes sustituirla por ‘Over Everything’, una canción que Kurt Vile comenzó por su cuenta con Courtney en la cabeza y que al final terminó haciéndose realidad. En ella los dos empastan a la perfección en un terreno que a la australiana no le sienta tan bien a nivel lírico, la metacomposición, pero que deja una reflexión genial sobre la madurez como músico cuando dicen eso de que antes les gustaba tocar sin cascos, sintiendo el sonido, pero según se han ido haciendo mayores han empezado a usar los cascos para tocar, para oírse invadidos por la música.


La lista continúa aquí.

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About Diego Rubio Méndez

Soliloquísimo. Bowie se me apareció en sueños y no me dijo nada, pero supe que la música iba a ser el camino de mi vida.

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