11 Ideal – Mayo 2017

11 Ideal bándalo del mes en que empezamos a entender que 2017 es el año del eterno regreso


Si reconocemos que el revival está cada vez más de moda en la última década, 2017 puede acabar convertido en el año de la verdadera explosión, con grupos míticos regresando y con prácticamente todos los adalides fundadores de la generación «indie» sacando discos o volviendo a la carretera. La historia se repite, eso es evidente y ya nos lo enseñó Hegel, pero en la música y ya apenas con apenas margen de tiempo, la sensación de deja vú y la dificultad creciente de encontrar verdaderos ases revolucionarios que vengan a definir generaciones son losas difíciles de aguantar. En fin, lo que sí nos está dejando este 2017 es un interesante panorama de bandas a las que podemos atender como representantes de la música del nuevo milenio.

A final de año veremos seguramente cómo han sido noticia al menos una vez todas las bandas que en algún momento han opositado al cetro de campeón o al menos a su asiento en el concilio olímpico del mundo de la música, excepto quizás Foals, Florence + The Machine o The Strokes. El mes que viene repasamos algunos ejemplos, celebrando el ecuador de la temporada. De momento, este es nuestro once ideal para el último mes de la pretemporada festivalera, y precisamente viene con retraso por el trabajo que conlleva siempre el Primavera Sound Festival, cada año más inabarcable (puedes leer nuestra crónica completa aquí). Como siempre, al primer toque…


Delantera

Llevábamos mucho tiempo pendientes de The National, impacientes por que llegara por fin alguna pista auditiva de su nuevo álbum, el que tiene el difícil papelón de suceder a un Trouble Will Find Me que a su vez tenía el papelón de suceder a High Violet, que ídem con Boxer en una triada magnífica que no tenemos muy claro si se verá dignamente abandonada. Sinceramente y con tanto comentario de despiste por parte de Berninger y otros miembros de la banda, nos esperábamos algo más sorprendente en cuanto a sonido, una transformación más evidente o una deriva electrónica, pero lo que nos ofrecen en esta ‘The System Only Dreams in Total Darkness’, primer anticipo de su nuevo Sleep Well Beast (que verá la luz el próximo 8 de septiembre bajo el sello 4AD), es un delicioso continuismo o una mirada más enfocada a los tiempos de transición entre Boxer y High Violet, insistiendo en las melodías de frases eternas, en una percusión hiperactiva y sorprendente y en sus características trompetas. Añaden, además, un solazo de guitarra saturada con regusto psicodélico que parece sacado del infravalorado Turn Blue de los Black Keys (el tiempo le ha hecho marcar escuela, al menos a sus guitarras petrolíferas, tratadas de forma exquisita por Dan Auerbach y Danger Mouse). Toda la elegancia de un Benzema en la punta de ataque.

El que es el cuarto disco de Mike Hadreas como Perfume Genius, No Shape (nuestra crítica completa, aquí), le sitúa perfecto en la banda izquierda, atacando incisivo con toda la sorpresa de un velocista preciso. Maduro, consciente de si, de sus capacidades, de su vocación artística y de su sexualidad, Hadreas ha diseñado la obra más ambiciosa de su carrera, un complejo palacio de rococó sintético que oscila entre la oscura profundidad y la honda sensibilidad, que ofrece a Anohni cuando era Anthony tanto como a Prince o a Roger Waters, que muta camaleónico por todos los lugares de las nuevas inquietudes de un hombre situado en la difícil intesección de la comodidad y la pérdida. Más alta será la caída, que dicen por ahí. O cómo el tener lo que se quiere alimenta los fantasmas del miedo a perderlo. Soul, r&b, clasicismo, pop de cámara, electrónica, synth y todo lo que se le ocurra a Perfume Genius para narrar su propia catarsis.

Es evidente que Nick Murphy está en un estado transicional, como él mismo ha reconocido para presentar su primer EP bajo su nombre de pila, lejos ya del artístico Chet Faker. Que está reinventando su carrera para llevarla a un lugar mucho más personal. Dentro de este in pass en el que llega Missing Link, resulta comprensible un histriónico y desoncertante eclecticismo electrónico, pero es que son las diferentes pruebas de un artista en busca de su propia identidad. Su juego es imposible de prever por el momento, lo que puede volver locos a algunos entrenadores, pero aún así deslumbra como pocos. Échale una escucha atenta, buenos cascos mediante, a la que está puesta debajo y me dices si no lo querrías en tu equipo…

Medio

El footwork encuentra en el sofomoro de Jlin una nueva dimensión, lejos de la pista de baile en su imagen más convencional y adentrándose en una jungla electrónica simulada a la perfección por una maquinaria naturoide engrasada en las mieles del beat en su estado más puro. Que no engañe su tribalismo, pues es únicamente esclavo del ritmo: la selva de Black Origami es monócroma como el acero, un campo de pruebas arraigadas en las entrañas del concepto místico, griego de lo físico que construyen un complejo y certero reflejo de la llamada de la naturaleza. Hay tucanes, hay tambores, hay coros tribales, hay insectos, maracas y serpientes, hay elefantes y tigres, hay rugidos y crepitares de fuego en las hogueras, hay un día bailable y una noche de technazo… pero todo es artificial, robótico, un zoológico de realidad virtual. Tener organizando a esta joven de Indiana cualquier equipo es garantía de peligro y, sobre todo, de imprevisibilidad.

Al otro hemisferio del cerebro ofensivo de nuestro Once, Haim. Una de las razones de nuestra enorme expectación ante su concierto sorpresa del sábado en el Primavera Sound era precisamente su presencia en esta alineación que al final se retrasó por todo el trabajo que conlleva la cobertura de tamaño evento. Con Something To Tell You ya anunciado, con dos sencillos oficiales ya en el aire (‘Want You Back’ vino a redondear con su recuerdo a Christine McVie el ciclo iniciado con el vídeo de ‘Right Now’ in sita en el estudio) y con una gira de presentación empezada era necesario que estuvieran poniendo balones, marcando golazos y organizando el campo, porque estas hermanas de Los Angeles valen para todo.

Pues bien, un poco a toro pasado y después de su BOLAZO en el festival de Barcelona (compruébalo aquí), garantizamos que no nos equivocamos. Haim son uno de los valores más seguros de su tiempo, una de las bandas que, de momento, mejor parece haber sabido encarrilar su segundo disco tras un debut de semejante nivel. Para muestra, la enormísima versión de estudio de ‘Right Now’ (lo de Paul Thomas Anderson era calentamiento, ¿escuchas esos vientos a lo How Big… de Florence? ¿la guitarra desencajada?) o cómo la hacen crecer más si cabe en directo, con la outro de las tres al kit de batería y con una Danielle que ya devora el escenario.

La contención corre a cargo de una leyenda: Slowdive. La mítica formación de Reading, estrella fugaz del shoegaze de principios de los noventa (sacaron tan solo tres álbumes, entre ellos el emblemático Souvlaki, entre 1991 y 1995, cuando cesaron su actividad) ha publicado por fin, tras 22 años de lapso, su cuarto disco, el que prometieron tras la reunión que encabezó el Primavera Sound en 2014. Y lo mejor de todo es que es un muro de sonido inapelable a la altura de sus mejores trabajos, en una renovada fórmula amparada por los avances técnicos y que les hace sonar más contundentes que nunca.

Será imposible pasar cuando desaten Slowdive el poder de sus guitarras, esparcidas en mantras ruidosos y vibrantes que arrollan antes por presencia que por uso de la violencia. Ritmos medidos, bajos pesados y oniria melódica, casi una psicodelia durmiente en ‘Go Get It’, la mejor canción de un disco homónimo que les vuelve a presentar como una estimulante novedad, que ha sabido aprehender con humildad a Mogwai, a Daughter o a Editors sin perder ni un ápice de su personalidad o de su contundencia evocadora.

Defensa

Sí, At The Drive In han estado a la altura. Después de 17 años de esa obra maestra que fue Relationship Of Command, un disco, producido por el gurú del metal de la época Ross Robinson, que trajo al hardcore aires renovados, riesgo, magia y que acercó el estilo al mainstream (por así decirlo). Un soplo de aire fresco comparable a esa otra obra magna firmada por Refused dos años antes, The Shape Of Punk To Come, también ingeniosa vuelta de tuerca al estilo. Cedric y Omar aparcan por el momento a Mars Volta y Antemasque y retoman una banda que creó escuela.

Sorprendieron hace cinco años con su regreso al directo (de hecho actuaron en el FIB 2012), y lo retomaban de nuevo hace un par de años dejando a uno de sus miembros originales (Jim Ward) por el camino. Su nuevo In•Ter A•Li•A está a la altura y les hace tan contundentes y peligrosos arriba como abajo en un recorrido por la banda intenso y machacón. Áspero, crudo, melodías imposibles a cargo de un Cedric espectacular, la guitarra un poco más comedida que en The Mars Volta pero no exenta de desvaríos psicodélicos y pregresivos. Un sonido que sigue siendo personal, un poco más pulido y que pese a carecer lógicamente de la sorpresa y el subidón de aquella obra del 2000 ha cumplido de sobra las expectativas.

Los reyes del post hardcore, psychocore, hardcore progresivo o como queráis llamarlo, han vuelto. Nos tarda ya disfrutar de su directo en el portugués Paredes de Coura Miguel Valiña.

No, no va a cambiarte el partido (ni la vida) el nuevo disco de Paramore. Pero, eh, cuidado con el enorme recorrido de Hayley Williams, que lleva pulsando la pantalla para hacer saltar los cactus al dinosaurio desde que el servidor de Paramore empezara a colgarse allá por 2009. Siempre regular y sabiendo hacer el ruido suficiente, el grupo que lograra con Riot! en 2007 su explosión dentro del contexto del pop punk y de la generación emo ha visto cómo abandonaban el barco sus miembros fundadores, en contra de la capitalización que Williams llevaba a cabo con la banda y del hecho de que fuera ella la única de acuerdo y de hecho la única firmante en el contrato con Atlantic Records (a parte de algún que otro tema personal), y sin embargo ha sabido mantenerse a flote gracias a la combatividad rocanrrolera de su líder, que sigue definiendo el corpus de la banda.

Conscientes de que el género que les vio triunfar ya solo da para el revival casposo (Rancid, Green Day… ya volverán My Chemical Romance, ya…), para una irrelevante indeterminación (Weezer) o para nutrir el nuevo country (¿tendrá algo que ver la estrecha relación de Paramore precisamente con la ciudad de Nashville?), Hayley y Taylor York, los que han sido el núcleo duro de la banda en los últimos años, ya untaron en la etapa self-titled la vaselina para que entrara un radical cambio de dirección y de sonido (‘Ain’t It Fun’, su mayor éxito comercial hasta la fecha), pero es ahora, con la reentrada del baterista original Zac Farro, cuando lo han acometido directamente, con un After Laughter que les mete directos en el pop new wave y en el synth y que les pone en contacto más con Chvrches, Carly Rae Jepsen o algún intento loable de Blondie.

Por fin tenemos material nuevo de la maquinaria post disco-funk de James Murphy, con lo que la publicación de un nuevo disco de estudio y la reactivación definitiva parecen ya una realidad, en principio confirmada por la propia banda. En la segunda cara de ‘Call The Police’ aparece una ‘American Dream’ más cercana a pulsos r&b y con tempo de waltz sintético bastante interesante, pero la que encabeza el sencillo muestra a unos LCD Soundsystem mucho más melódicos que de costumbre y parece construirse como una extensión del sencillo que sacaron Hot Chip versionando ‘Dancing In The Dark’ y que terminaba, casualmente, convertida en ‘All My Friends’. Parece que esa es la línea a seguir, con más épica y mucha mayor presencia del sintetizador en la melodía.

No están mucho, de momento, para marcar goles, pero sí son un valor seguro en la defensa con un sonido siempre histéricamente efectivo y con unas letras excelentes, por mucho que tengamos (tenga) bastantes recelos con esta suerte de revival del dance punk de Nueva York de hace diez, quince años que están encabezando por derecho natural.

Hará pareja con ellos en la defensa otro de esos proyectos que marcaron un hito en la explosión del dance punk en Nueva York durante el ecuador de los 2000, los !!! (chk chk chk) de Nic Offer y con los que comparte bajista (Tyler Pope), precisamente, LCD Soundsystem. Sin embargo, que ellos saquen disco en coincidencia con este revival es simplemente eso, pura coincidencia. Porque !!!, no como los de James Murphy, sí se han mantenido al pie del cañón durante todos estos años, adaptando unas veces con más inteligencia que otras su sonido puramente disco funk a las necesidades del momento.

Evidentemente, han aprovechado para volver a la sequedad y al espíritu más bailable, no iban a ser ellos menos, con Shake The Sudder, pero en él además Offer experimenta con un alter ego femenino logrado gracias al procesamiento vocal, a lo Prince, y se desata de complejos en el que puede ser el mejor disco de !!! en esta década que ya empieza a acercarse peligrosamente a su final. Una magnífica oportunidad para redescubrir (o descubrir, por qué no, por primera vez) a uno de los clásicos más efectivos y seguros de la pista de baile del siglo XXI. La que viene es un temazo, pero no podremos olvidar el éxtasis vivido con ‘The One 2’ en el todavía caliente Primavera Sound.

Portería

Jamás hubiéramos dicho que Muse acabarían afianzando su continuidad sobre las bases electrónicas de The 2nd Law. Más bien nos gustaba pensar que aquella ida de olla quedaría en nuestra memoria como precisamente eso, un pasote momentáneo que demostró que Muse eran mucho más capaces de lo que algunos podían imaginar y que (para el que escribe estas líneas personalmente) les confirmaba como una de esas grandes bandas letales en cualquier campo de combate. Con más o menos todo hecho (hay quiénes son capaces de estirarse más, hay quiénes menos), cosa loable que los de Matt Bellamy se lanzaran a su propio revisionismo en Drones. Lo que podíamos considerar entonces un «descanso creativo» parece haber acabado en conformismo perezoso, y por eso Muse tendrán que lidiar con la portería de este mayo.

‘Dig Down’ podría representar ya desde su título el hecho de que el trío de Teignmouth está cavando más hondo de lo que lo hizo en su último álbum, buscando quizá donde no halla más por rascar. Empieza sobre los mismos parámetros de guitarra con pantallita MIDI de ‘Madness’ y luego se saca un solo que no puede ser más Brian May y que recuerda terriblemente a ‘A Kind of Magic’. Algún truco se tendrán que sacar Muse de la manga para no acabar, por vez primera, justísimamente sacrificados.

[Las mejores canciones de Muse]


Banquillo

Manejará las piezas de este Once desde algún lugar (desde luego superior al que cualquiera de nosotros, vivos, mortales, podamos aspirar) Chris Cornell. No me salen palabras mejores que las que puede pronunciar alguien que haya crecido con su música, así que para despedir al que fuera líder de Soundgarden, Audioslave y Temple of the Dog e icono indiscutible del grunge en todas sus formas os remito a un artículo enorme y personalísimo de Pablo Porcar, Binaural, en el que explica cómo fue su halo de influencia el que le llevó a levantar la que a día de hoy es una de las webs musicales más respetadas del mundo. Emoción a flor de piel.

En el banquillo, ya sea por haber descendido del Once como Mac DeMarco (en este caso seguramente halla sido a propósito; seguro que a Mac le va más lo de seguir cobrando por estar en plantilla pero salir al campo más bien poquito, al estilo Coentrão. Nos quedamos con otro buen álbum suyo, con una actuación sorprendente y desparramada en el Primavera Sound y con un temazo como ‘Moonlight on the River’), por haberse quedado a las puertas o por permanecer pujantes esperando el momento de ascender.

https://www.youtube.com/watch?v=SDgdEr9Fpyg

A punto de entrar han estado unos The Gift que regresan por todo lo alto en un Altar en el que produce Brian Eno y mezcla Flood (no te pierdas la entrevista que les hicimos a propósito), Wavves con un disfrutable You’re Welcome en el que insisten quizá desde un punto más garagero y lo-fi en su pop punk o Girlpool, que en Powerplant han alcanzado verdadera consistencia a base de ruido y un batería, dando aspecto de Bella y Bestia en unas canciones que no han valido para el Once por no superar, en general, los 2 minutos. Vale que la urgencia es una marca de identidad, y que la voz de estas dos chicas de Los Angeles ha superado la estridencia de su debut para situarse en una bisoña madurez, y valen más sus letras concentradas y certeras, y quizá aún más la abrasión guitarrera que han sabido encontrar en su justa medida para levantar el vuelo de un álbum que a veces planea un poco bajo, pero muchas acaban en coitus interruptus y nos dejan con ganas de más justo cuando empieza el despiporre. También Kasabian y Mando Diao, un poco cansados ambos de si mismos, con regresos que ya no hacen ruido ni en NME. O unos nuevamente acertados Café Tacvba, espaciales, eclécticos y electrónicos en Jei Beibi y el nuevo disco de Pablo Und DestruktionPredación, oscuro croonerismo patrio con aires de Abraham Boba (León Benavente) que mira no tan de lejos algunos trabajos de Nick Cave & The Bad Sees con sonido de western.

Y los que acechan son Japanese Breakfast con un estupendo sencillo de anticipo de su sofomoro, ‘Machinist’; Vince Staples con la clubera ‘Big Fish’ o el esperadísimo retorno de Grizzly Bear tras casi 5 años de ausencia con los dos primeros anticipos de su nuevo trabajo (‘Three Rings’ y ‘Mourning Sound’).

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About Diego Rubio Méndez

Soliloquísimo. Bowie se me apareció en sueños y no me dijo nada, pero supe que la música iba a ser el camino de mi vida.

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