11 Ideal – Octubre 2017

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Volvemos con nuestro resumen mensual en forma de dream team. Octubre lo comandan el látex, la peste y el plutonio


Octubre ha dado el pistoletazo de salida a la nueva temporada, y el mood ha entrado ya casi totalmente en 2018. Queda un noviembre con avalancha de conciertos, pero ya le hemos vuelto a coger el gusto a las salas, íntimas, pequeñas, medianas y grandes. En ellas hemos visto amanecer a Superorganism o a Starcrawler, atronar a Swans o a Mogwai y dar lecciones de clase a Yellow Days o a los implacables Metronomy. Y han puesto banda sonora a la caída de las hojas algunos de los discos más destacados de lo que llevamos de año, uno que ya va para una de esas cosechas que se prodigan con la frecuencia de alineaciones planetarias  y que será recordada para los restos. 2017 se acerca a su fin, empezamos ya a mordernos las uñas con las apuestas festivaleras para la siguiente temporada y ya pensamos en global más que en particular. Pero sigue rodando… Aquí, nuestro Once Ideal para este mes de octubre que acabamos de dejar:

11 ideal octubre

 


Delantera

Los goles son de St. Vincent. Porque ella remata de guitarra y hace de cada jugada un universo paralelo, de cada disco un personaje y de cada escenografía y una escenificación. Ahora, en Masseduction, narra su propio crepúsculo de los ídolos, su caída a las profundidades desde las alturas de la fama, la “grande belleza”, y lo hace con histeria sintética para dejar el álbum más accesible de su carrera, pero probablemente también el más icónico, el más empaquetado, el mejor terminado… uno que se permite usar metalenguaje y samplearse a si mismo (lo hace ‘Sugarboy’ sobre ‘Los Ageless’) o interconectarse con una historia anterior, la de un Prince Johnny del que ya está totalmente separada. Uno de esos discos que se recuerdan.

Como se recordará el de King Krule, bendito soplo de aire fresco para el mundo de la música. Su jugada es sucia, venenosa. Paraliza a sus rivales con efluvios de morfina, los seda con opiáceos, los emboba vomitándoles en la cara la calada de marihuana y les repta por detrás de la oreja para que corran a hacer cosas malas. Narra como ninguno ahora mismo, con lengua viperina y muy elocuente, entre el croonerismo, el jazz, el punk y el hip-hop, y The Ooz, leído siempre dentro de contextos, resulta incluso más estimulante que lo que lo hacía el debut de los Arctic Monkeys, de cuya esencia retiene algo perfectamente actualizado este jovenzuelo descarado de Londres, hace ya más de diez años. Cabaret fantasma, espectral, de muerto viviente, de Beetlejuice, King Krule comanda un ataque de los más chocantes del año.

 

Ataque al que se suma Fever Ray, que no por nada decíamos que era al menos peculiar. Jenesaispop se hacía eco el día 26 de un fallo en Spotify que desvelaba The Plunge, el esperado sofomoro del proyecto en solitario de Karin Dreijer de The Knife, ocho años después del espectacular Fever Ray, previsto para febrero de 2018. El disco desaparecía rápido de la plataforma de streaming, pero Fever Ray se apresuraba a confirmar los detalles del álbum. Seguimos sin saber si es parte de la promoción o un error de verdad, pero el caso es que después de esto (y nos creemos que temiendo que The Plunge se filtrara) Dreijer anunció que el disco estaría disponible en streaming desde ese viernes, así que al final, por una cosa o por otra, y aunque la versión física mantenga su fecha prevista, ya lo tenemos entre oídos. Y claro, ¿ha hecho algún disco malo Karin Dreijer? Pues eso: no, y este no es el primero. De hecho es en parte el disco que podríamos esperar de The Knife, con sonidos más brillantes y una oscuridad más conceptual que sonora. La tristeza, o la violencia, aparecen en un contexto más lumínico, de histriónica falsa felicidad y de post apocalipsis robótico, conectando también con una versión de Robyn más ravera, sin refinar.


Medio

En su primer disco como tal, Kelela sintetiza con maestría todos los pasos que ha ido dando en el refinamiento de su r&b electrónico, desde aquella primera mixtape en la que ponía melodías personales a instrumentales de dj de su sello hasta el excepcional EP Hallucinogen que le produjo Arca y que suponía su debut en Warp. Con la colaboración de nuevo de Alejandro Ghersi pero esta vez con el Rey Midas de las fusiones r&b Ariel Rechtshaid como productor principal, Kelela (pronunciado “kalala”) se sitúa a la vanguardia del género, entre Solange y FKA Twigs, e incorpora también elementos de electro futurista que la conectan con Björk, gusto por el soul y por el dance pop, pequeñas trazas de jazz y atmósferas de uk garage (no en vano Romy Madley Croft de The xx ha co escrito varias canciones para este excepcional Take Me Apart) que la convierten en una de las artistas angulares de esta nueva melodiosidad electrónica.

Una preciosidad lo que ha hecho la joven Julien Baker en su segundo disco, estreno con Matador. Pero también una sorpresa. Nadie hubiera imaginado que aquella promesa de diecinueve años que arañaba con un vozarrón unas letras de intimidad a la altura de las grandes compositoras contemporáneas como Sharon van Etten protegida solo por su guitarra daría un segundo paso en el que pudiéramos compararla con Adele. La sorpresa es haber sabido explotar su prístina voz potentísima y proyectarla con brillantes melodías sin renunciar al minimalismo, a los arreglos simplistas pero emocionantes, a la sencillez cálida y sincera. En una cámara oscura, a la luz solo de una pequeña vela que titila con cada suspiro, que tiene escrita en sus lenguetazos cada acorde e piano, cada golpe seco de guitarra y cada exhalación de las cuerdas, Julien Baker narra las historias de su soledad, más acompañada ahora que en Sprained Ankle pero con la misma sensación desolada, solipsista. Construyendo un universo personal carente de ventanas porque Baker no quiere que te asomes, ni asomarse ella a ningún precipicio. Quiere que cruces el umbral y te sientes frente a ella, y otees cada palmo de oscuridad en busca de aquello que al final resulta lo verdaderamente esencial. Con Turn Out The Lights la joven Julien Baker se confirma no solo como una de las mejores voces femeninas de su tiempo, sino también como una de las mejores compositoras. Manejará las piezas del medio del campo con la destreza y el temple de los grandes maestros, esos que saben cómo contar historias.

Si algo tienen en común Courtney Barnett y Kurt Vile es su interés en profundizar en las raíces de la cultura musical norteamericana, y eso es lo que hacen, desde una forma muy personal y concienzuda en sus respectivos trabajos en solitario, uno de una forma más clásica y la otra más enfocada en el grunge, el ruido y la distorsión. Para este pequeño affaire mutuo, Lotta Sea Lice (en el que además cuentan con Stella Mogzawa de Warpaint a la batería) han preferido aliviar cargas y abandonarse un poco a la espontaneidad, dejando volar sin dar muchas vueltas el imaginario que cada uno ha ido recogiendo, adaptando y construyendo por su cuenta. La mezcla es perfecta, tanto que podrían pasar por un dúo de americana de esos que salen en los Simpson y en las películas, y aunque el resultado acaba cogiendo forma de dientes de sierra y ofrece lo mejor solo en los temas impares, no se puede decir que estos dos talentos no hayan nacido hechos el uno para el otro.


Defensa

Banzai, el disco póstumo de la gaditana Gata Cattana, es una de las más agridulces piezas de arte que ha dado en los últimos años nuestra producción nacional. Porque no se puede escuchar sin caer en la cuenta de que ya no habrá más discos de la Gata, pero tampoco sin alegrarse por estar escuchando semejante trabajazo. En la misma línea que C. Tangana, alejada del rollo más hustler, más ácido y tirao de granaínos y Barcelona, ella sin embargo mantiene un buen gusto excepcional y olvida competiciones estúpidas (¿desde cuándo se compite, de competir de verdad, no de ponerse como punto de referencia para superarse, con uno mismo? ¿hay algo más capitalista que eso?). Banzai es un magnífico disco de r&b, mucho más allá del hip-hop aunque sea el lenguaje narrativo escogido. La Mala Rodríguez y su ambientación fusión, que deja entrar arreglos de jazz o de ritmos más universales, son una influencia evidente, pero también lo son grandes divas del neo feminismo musical como Princess Nokia y el rap más tradicional, siempre integrados con bases de trap y con pulsos intensos. Una pena preciosa. Belleza de la que duele.

El santanderino Ángel Stanich (¿próxima confirmación del Mad Cool Festival?) ha publicado un sofomoro la mar de interesante, en el que refina toda su propuesta y la hace, quizá, más accesible, pero sabiendo retener excepcionalmente toda su imaginería, su impacto estético, la capacidad para generar un reconocible y concretísimo universo musical absolutamente personal, casi mítico, de bosque, de ultramar, de tiempos de épica sucia y no tan glorioso pasado. Desde luego, uno de los artistas más sorprendentes de nuestra escena, con influencias americanas entrelazadas con un folclore muy suyo y esa voz que mira a Albert Plá, como melancólicamente punk. Antigua y Barbuda es un muy buen segundo capítulo en el cuento de este pirata de bosque esquivo con la prensa que es Ángel Stanich.

La carrera de Destroyer va viento en popa, y está empezando en parte a eclipsar a la del grupo que le vio crecer, unos The New Pornographers que han sacado disco este año y se han embarcado en una gira en la que esta vez Dan Bejar ha preferido no participar para hacer lo propio con su propio nuevo disco, Ken. Lejos quedan los tiempos en los que manejaba su trabajo en sendos proyectos, y con el paso dado en Ken, que profundiza en su propia personalidad e inquietudes y referencias musicales, parece que así se mantendrá. Más alejado del soft rock ahora que en la dinámica ascendente en la que entró desde Kaputt pero siempre con la vista fija en interpretar algún tipo de new wave, esta vez integrando Berlín y el kraut y con el Leonard Cohen de I’m Your Man siempre presente, Destroyer vuelve a firmar un disco que sirve para confirmarle como uno de los autores más sólidos de su generación. Un currante infatigable.

La Bien Querida se ha asentado con comodidad en una situación de privilegio dentro de nuestro pop, muy en parte gracias a un estilo personal e inconfundible que sin embargo se resiste a encorsetarse y sabe experimentar lo justo para permanecer fresco y estimulante, pero también gracias a enormes singles como los contenidos en Arenas Movedizas, su propio giro electrónico, y a un descomunal tratado como es el triple Premeditación, Nocturnidad y Alevosía. Ahora, con Fuego, aúna con exquisito gusto su vertiente más tradicional y folclórica con todo lo aprendido en aquellos otros dos, desde el espíritu bailable al cuerpo sintético y pasando siempre por pasajes de épica y oscura melancolía, y vuelve a demostrar por qué ha alcanzado aquel lugar por propio derecho.


Portería

“¿Ídolo de qué? ¿Por cuánto y cómo? Loco, te estás quedando loco”. Eso le dice Kaydy Cain a Puchito en ‘Perdedores del Barrio’, al Puchito que se sacó de la manga de Sony una lona gigante en la Gran Vía para anunciar Ídolo, su primer disco con una multi y el que representa su conversión al mainstream, a la industria, a los ruedos y a los focos. ¿Ídolo de qué? A C. Tangana le queda la portería porque tendrá que aprender, después de haber aprendido a lidiar con malotes y con contratos, a parar pelotas por todos lados. ¿Estrategia militar y marketing viral? Vamos Puchito, hay algo más en esa cabeza que el ego de marca cara…


Banquillo

Al frente tenemos a Tom Petty, que nos dejó tristemente en octubre por culpa de un ataque al corazón. Nuestro recuerdo seleccionando sus mejores canciones.

Contará con un banquillo plagado de estrellas, empezando por Beck, Wolf ParadeLiam Gallagher, Kele Okereke, Benjamin Clementine, Marilyn Manson, Rationale o Bunbury, que han publicado todos discos interesantes.

Han entrado también por el lado de los sencillos The Breeders, que además escenificaron su regreso por sorpresa en el Primavera Club de Madrid, el regreso de Django Django o el de MGMT, los dos temas que ha adelantado Porches o los otros dos que ha lanzado Noel Gallagher al frente de los High Flying Birds. También han salido a la superficie temas de Sufjan Stevens para una banda sonora y para una reedición de Carrie & Lowell, y ya tenemos primer sencillo del que será, suponemos, el primer largo como tal de Nick Murphy, que ya apareció en el Once Ideal de mayo debido al EP en el que escenificaba de algún modo la transición desde Chet Faker hasta este nuevo alter ego.

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About Diego Rubio Méndez

Soliloquísimo. Bowie se me apareció en sueños y no me dijo nada, pero supe que la música iba a ser el camino de mi vida.

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