¿Es abusivo el precio de las entradas para el concierto de Pearl Jam?

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Rozando los 100€, nos remontamos al momento en que Pearl Jam luchaban contra los abusos de Ticketmaster para hacer una crítica constructiva


Pearl Jam eran underground a principios de los 90. Su debut, Ten, de 1991, había legado para “limpiar”, accesibilizar mejor, toda la escena de Seattle que llevaba en efervescencia desde mediados de la década anterior, y fueron junto con Nirvana y su Nevermind los encargados de popularizar el grunge que hacían desde diferentes ángulos, unos más duros que otros, Green River, Mudhoney, Temple of the Dog, Soundgarden o Alice in Chains. Su sonido clásico, menos sucio y más fijado en el formalismo de finales de los 70, consiguió calar tempranísimo en las masas, y la banda de Eddie Vedder, que contaba y cuenta con Stone Gossard y Jeff Ament de Green River en la formación, se vio rápido girando por el mundo y reventando recintos.

Pero la mayoría de sus miembros, especialmente Vedder y Gossard, vieron siempre con recelo su meteórico ascenso a la fama, y durante sus años de apogeo se mantuvieron en cierta manera fieles a sus principios férreos como músicos y en tensión constante con prensa e industria. Hay que recordar también que es con la escena grunge de Seattle con la que se empieza a extender el amarillismo en el periodismo musical de medios como Rolling Stone, asociado sobre todo a depresiones, abuso de drogas y fallecimientos. Durante sus primeros años se negaron a grabar videoclips por la censura que impuso MTV sobre los primeros que estrenaron, los sencillos de Ten, igual que rehusaron de dar entrevistas durante casi diez años. De ambas actitudes se han retractado con el tiempo, igual que han hecho con muchas de las causas políticas en las que se involucró Eddie Vedder durante los 2000, especialmente en contra de la administración Bush.

Pero quizá lo que más sorprende es verles volver a girar por el mundo de la mano de Live Nation y Ticketmaster con unos precios que, al menos en nuestro país (para la fecha del Palau Sant Jordi en Barcelona el próximo 10 de julio de 2018), oscilan entre los 65 y los 98€ cuando precisamente una de las primeras luchas en las que se embarcaron Pearl Jam, aparte de las antes comentadas por encima, fue precisamente en contra de Ticketmaster y las condiciones abusivas  que imponían dentro de su monopolio en la gestión de venta de entradas.

A finales de 1993, recién publicado Vs., el segundo álbum de la banda de Seattle, comenzarían las tiranteces con la empresa de ticketing y su mánager arreglaría una serie de citas al margen de Ticketmaster que además les servirían para demostrar su autosuficiencia. Una de ellas les llevaría al club de polo Empire, una árida estepa del desierto de Indio, en California, en la que congregaron a más de 25.000 personas, demostrando de paso la validez del recinto para albergar grandes citas… tanto que en 1999 Goldenvoice inauguraba allí un festival que a lo mejor te suena de algo, el todopoderoso Coachella.

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Envueltos en una gira y comprometidos aún con Ticketmaster, a principios de 1994 Pearl Jam se empeñaron, entre una popularidad que crecía imparable, en mantener el precio de las entradas de sus conciertos en no más de 20 dólares, y el suicidio de Kurt Cobain en abril de 1994 les terminó de convencer para plantarse en contra de todo y abandonar las presiones de la industria del directo. Demandaron a la empresa y se desvincularon de la gira que tenían con ellos, y las posibilidades de ver en vivo a Pearl Jam se reducirían a la mitad durante los siguientes dos años, generando no solo una reacción entre los fans sino entre los miembros de la propia banda, que se resolvió con la salida del batería Dave Abbruzzese y la entrada de Jack Irons y que a punto estuvo de llevarse por delante a Jeff Ament y a los propios Pearl Jam.

Son años difíciles, convulsos, pero también excepcionales a nivel creativo y en cuanto al manejo de la dirección de la banda y su autenticidad. Cuando lanzaron Vitalogy en noviembre de 1994 lo hicieron con una edición especial en vinilo en un momento en que las discográficas empezaban a abandonar el formato, y en 1995 consiguieron girar gracias a pequeñas empresas que se negaron a ceder ante los abusos de Ticketmaster.

¿Ha cambiado tanto el mundo o es que es tan fácil que lo héroes se conviertan en villanos? Los mismos que hace 25 años lideraron prácticamente solos una noble lucha en beneficio de los demás músicos y de la manera en que los fans pudieran disfrutar de las bandas que admiran, los mismos que abogaban por conciertos de 20 dólares para todos los públicos, se ven hoy girando otra vez en la cadena de Ticketmaster, cobrando casi 100 euros por una entrada y asociándose (esto solo por casualidad, pero dichosas casualidades) a la subida de precio de algunos festivales europeos, especialmente y por la parte que nos toca el Mad Cool y el NOS Alive, donde también estarán Pearl Jam en 2018.

Para esto, mejor haber estado callado. Pero ya sabemos cómo funciona la hipocresía.

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About Diego Rubio Méndez

Soliloquísimo. Bowie se me apareció en sueños y no me dijo nada, pero supe que la música iba a ser el camino de mi vida.

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