Crítica: Harakiri Beach, retro-synth desde la costa tropical

Los granadinos se desmarcan con una electrónica que navega entre la synth-wave y el post-punk


Ya está entre nosotros lo nuevo de Harakiri Beach, una de nuestras 11(+1) bandas que marcarán el nuevo ritmo del “indie” en España. Tal y como dicen ellos mismos, ha sido como un parto: unos nueve meses ha tardado en ver la luz desde que entraron en esos Estudios Gismo 7 de su ciudad natal, Motril, capital de la costa tropical granaína. Estudio, por cierto, del que han salido los trabajos de otros grupos como Lori Meyers, Lagartija Nick, Melange o Angel Stanich.

Y es que, tras esa sorpresa que resultó ser Cazador de Medusas (2016), llega su relevo: Beach Party (2017). Un EP que nos muestra a unos Harakiri Beach más maduros, serios, definidos, decididos… pero sin olvidar, por supuesto, el desenfado y la fiesta que siempre termina estando presente en su música y su directo.

Desde la portada dejan claro las intenciones y caminos por los que se mueven en este nuevo EP,  una retro-synth wave que nos ha dejado gratamente sorprendidos. De hecho, ¿por qué no podría estar Harakiri Beach en la BSO de la siguiente temporada de Stranger Things? Un sonido de sintetizador retrofuturista, de escenas de persecución de replicantes en Blade Runner, de ese regusto Serie B de Turbo Kid…  Sin duda, Kavinsky, Robert Parker o VHS Dreams resuenan en esas nuevas influencias de la banda granadina.

Retro-synth en estado puro en ‘Architecnos’. Ese kraut! accesible en ‘Queridos Hermanos’, un tema que también tiene mucho de los Chemical Brothers más psicodélicos y que incluye ese inquietante monólogo de Robert Mitchum en La Noche del Cazador. ‘Cine, Doritos y Besos’, un relato de una tarde-noche de sábado —con amanecer incluido—, una declaración de principios hipnótica e insistente que se te pega desde su primera escucha y que termine consolidándose como una de las favoritas del EP.

En el caso de ‘San John’, sigue los parámetros ya establecidos en su anterior single, ‘Sexy Pero No Chabacano’ —de Cazador de Medusas (2016)— pero esta vez se convierte, sin duda, en un hit total. El ritmo de la noche o la revolución sexual de los Harakiri Beach, la perfecta banda sonora a noches de desenfreno hedonista no sólo en una fiesta de chiringuito de su costa tropical sino a cualquier local con buen gusto musical y ganas de baile que se precie.

L.F.D’ resultar ser otro estroboscópico e hipnótico tema —¿Dance kraut?—, como si unos Jupiter Lion se lanzan al baile en un after a tope de sustancias de todo tipo. Recuperan una de sus primeras composiciones, esa nostálgica ‘Soldados Imperiales’ donde dejan entrever su clara influencia de bandas post-punk como New Order, Joy Division o The Cure, y es que lo cierto es que los bajos de Rubén recuerdan mucho a las líneas de Simon Gallup. Acompañado de una letra que habla de gustos y fanatismos más allá de sus preferencias musicales.

Las voces de Israel, muy 80´s —de ese ochenteo a lo Coppini o Parálisis Permanente—, empastando perfectamente en el conjunto de los temas y que resulta ser un instrumento más, alejándose en muchos de ellos de esa típica estructura pop. Un trío que huye del redil de las 6 cuerdas: programaciones, sintetizadores, bajo y esa caja de ritmos humana que es Javi… Y lo cierto es que con ello les basta para dar rienda suelta a ese pop, retro-synth, kraut!, dance, post-punk, desenfreno y hedonismo.

Han pasado por diferentes festivales como el Granada Sound, En Orbita, Ruidismo, Ojeando o el Space Mountain Fest, e incluso compartido escenario con Los Planetas, The Suicide Of Western Culture, Perro, Meneo o Neuman. Lo cierto es que esta banda, en un panorama musical justo donde lo que primase realmente fuese la música y no la imagen, las modas y los contactos, serían estrellas. De hecho, ya lo son, pero ellos todavía no lo saben.


8 /10


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