Crítica: Los Santos resucitan de las cenizas de la PXXR GVNG

‘Pxxrificación’ es un alegato internacional y una supuesta liberación de toda atadura


Ladrones de guante blanco, los chicos de PXXR GVNG consiguieron infiltrarse en el sistema a la primera gracias a una carambola del destino, a un agente discográfico con unas copas de más (porque con dinero para regalar tampoco veo a ninguna disquera nacional) o a una incursión muy meditada. En cualquier caso, Sony se lanzó a la aventura de editar y producir el primer álbum como tal de PXXR GVNG. Podría parecer un chiste, pero el gigante ya hizo lo propio con Los Planetas a fines de los 90, así que vamos a pensar que son de esas pequeñas ironías de la industria y del propio sistema.

Los Pobres iba a ser el primero, pero también el último, pues después de esta historia, que corre más o menos desde 2014 hasta mediados del 2016, Steve Lean, el productor interino que dio conexión a todos los miembros, anunciaba su salida para centrarse en su trabajo como productor autónomo y activo del colectivo de producción de Atlanta 808 Mafia. Es él el único miembro original de Barcelona, aunque la banda siempre estuviera relacionada con la escena de la ciudad condal, lo que habla de su importancia.

Yung Beef (Fernando Gálvez) y Khaled (Rodríguez) son de Granada, del Albaycín, y formaban parte de Kefta Boys cuando el primero conoció a Lean a través de Twitter. Faltaba por unirse desde Carabanchel, Madrid Kaydy Cain (Daniel Gómez) para dar por constituida la PXXR GVNG. Mientras Sony lanzaba sencillos oficiales de su largo, ellos se cachondeaban de la pasta que estaban sacando contraatacándose a si mismos subiendo vídeos a YouTube, la plataforma que les vio crecer junto a Deluxe Music, como los propios PXXR GVNG o como cualquiera de sus integrantes, o bajo el nombre La Mafia del Amor con el que tiran más al reggaetón.

Con las manos llenas, convertidos en los putos amos del trap estatal y con un sencillo que puede ejercer de bandera del movimiento (‘Tu Coño Es Mi Droga’; quizá solo le tosa “el de la avioneta”), además de los conciertos en Sónar y Primavera Sound (radares de tendencias por antonomasia en España), abandonan Sony y fichan por La Vendicion, una plataforma discográfica colaborativa “de jerarquía horizontal”.

Ya en 2017, anuncian el suicidio de la PXXR GVNG y su resurrección como trío, ya sin Lean, bajo el nombre Los Santos. Y por fin tenemos su debut, el que al final representa el segundo álbum de Beef y compañía, un Pxxrificación que, de entrada, les muestra como ángeles del infierno quemando toda la pasta en una mesa de apuestas.

El disco pretende ser así una liberación de las ataduras de la industria, si se puede decir que estos chavales de casi 27 años se hayan dejado atar alguna vez, y por eso presenta una duración extraña y comprometida de solo 6 temas, algo impensable en el circuito discográfico y más bien pensado para el consumo en plataformas de streaming.

Pero sobre todo, a nivel musical, muestra a una banda más internacionalizada, que pretende representar una escena más bien supranacional relacionando tres países que por más que se dividan tienen muchísimo que ver: España, Francia e Italia. Que Khaled tenga ascendencia marroquí es clave por cuestiones de idioma, pero no es más que el traslado a una situación concreta de una realidad universal. De la realidad de la calle. El barrio ha ido rompiendo todas las barreras raciales, y es la mezcla lo que da sentido, desde abajo, a las sociedades modernas.

La pluralidad étnica (eufemismo al fin y al cabo; el mestizaje) siempre ha sido una de las piedras angulares, no solo de los componentes de PXXR GVNG, sino de todo el movimiento: Steve Lean es de origen uruguayo, Yung Beef curró cuatro años en Marsella y ya hemos hablado de Khaled, pero además, en los Kefta Boyz que en su día sirvieran de precedente para PXXR GVNG militaba El Mini, que venía de Venezuela y residía en Londres.

Es perfectamente comprensible así que esta gente se enfrente casi de forma natural al rap español, que es casi en si mismo una etiqueta y ve como todos los grupos que se van sucediendo limitan sus referencias a aquellos que los preceden, convirtiéndose en un género fundamentalmente localista. El trap no quiere ser local, quiere ser universal. Y Los Santos son el primer estandarte de ello.

Hablábamos antes de Kefta Boyz, el colectivo granaíno afincado en Barcelona en el que lideraba El Seco, que no es otro que Yung Beef. Con los años, Fernando Gálvez se ha convertido en una suerte de padrino del trap español, o al menos del trap más hustler y más vinculado a Yung Thug (Tangana se va más por el nuevo RnB y por la querencia melódica de Drake), y hasta Los Planetas han utilizado unos versos suyos para coronar su última gran canción, ‘Islamabad’, convirtiéndose en la cabeza visible de La Vendicion y ejerciendo de punto de conexión entre los traperos de la escena.

En el sello están publicando El Mini, Space Surimi, La Zowi, Fly Migo, los propios miembros de Los Santos y todos sus proyectos solitarios o paralelos o Jamal Farruk (actual emblema de los Kefta Boyz) y AC3, que además colaboran en el disco. Farruk en ‘Youtubers’, donde se ponen por encima de la escena surgida de la plataforma que irónicamente les vio crecer, y AC3 en ‘Worldstarhiphop’.

El resto del disco, con la excepción de ‘6 Pecados’, más lúbrica y sexual y con un beat más profundo, oscuro y reposado, son 3 temas que representan aquello que decíamos antes, el espíritu global. En ‘Kes Ke Se’, Khaled se desquita en francés con ese acento tan gutural del norte de África que le acerca a Mafia K’1 Fry o a una versión sucia de PNL; en ‘Trappin en El Vaticano’ cuentan con Darkside777 (del grupo de trap italiano Dark Polo Gang con el que comparten Los Santos el gusto por la moda y las nuevas tendencias de lo fashion) para firmarse un “erasmus” en Roma que es de lo más destacable del conjunto. Y en ambas brila con luz propia el drop de Gezin, ominoso, macarra y explosivo, igual que en la brutal ‘Youtubers’.

La tercera es la que adelantaron como sencillo y la que a la postre puede resultar siendo el tema más fuerte y consistente, el único producido por Lex Luger, que es miembro de la 808 Mafia de Atlanta y ha trabajado, entre otros, con Kanye West, con Wiz Khalifa, con Juicy J, con Gucci Mane o con Desiigner (ahí es nada): ‘2k14dpg’ (2014 Después de PVVR GVNG), en la que ponen el paquete encima de la mesa, muy en su línea y en la del género, diciendo cosas como “al que estaba lo jubilé / al que venía lo bauticé” o “la mayoría está pisando donde yo ya he pisado / a esa zorra ya nos la hemos follado”. Porque los demás “son 2014, son después de PXXR GVNG”.

Y esa es la idea con la que hay que quedarse, así como con el nivelazo musical de los temas, no con el nivel académico de los componentes (he oído verdaderas burradas por ahí de gente que presumía de formación universitaria) o con el machismo impostado de unas letras que no hacen sino representar ese ideal de thug life de putas, pasta, maría y coca al que tantas horas le ha echado esta nuestra generación en el GTA y que responde más bien a la configuración de unos clichés estilísticos necesarios para la consolidación de un género.

Es necesario incidir en que esto es parte de un movimiento más grande que lo que cabe en un solo vistazo, que ya vendrán otros a bajarle los humos y a hacer de antitópicos. Pero que, hoy, “PXXR GVNG es la banda”. Gente que está haciendo tambalearse al sistema desde dentro, casi encarnando la diabólica pantomima de lo que este puede llegar a hacer con el individuo, con sus deseos, con sus aspiraciones, con su salud mental y con su propio comportamiento.

Veremos a donde lleva todo esto, como digo siempre, porque lo que está claro es que el sentido del plan del trap todavía no se ha desvelado. Lo estamos viviendo. No te lo pierdas.


9 /10


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About Diego Rubio Méndez

Soliloquísimo. Bowie se me apareció en sueños y no me dijo nada, pero supe que la música iba a ser el camino de mi vida.

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