Crítica: Ty Segall sigue siendo el fuzz

Enésima muestra de la genialidad de un artista que se reafirma como apuesta segura de nuestra época


Irreprimible y aniquiladora, la bestia parda del garage Ty Segall da el cañonazo de salida de la competición por el título de mejor disco del año 2017 con su nuevo elepé, el homónimo Ty Segall (el segundo que llama así). Galardón que, seamos sinceros, no le importaría un bledo independientemente de quién se lo otorgara.

Seguirle la pista a este rey de la guitarra y del fuzz es tan fácil como difícil es seguirle el ritmo, dada su consolidada costumbre de publicar un disco por año —ya sea como Ty Segall, Ty Segall Band o Fuzz— y su exageradamente y algo molesta escasa propensión para sacar recopilatorios que nos harían la vida un poco más fácil.

Tan prolífico como poliédrico, Ty vierte en este último trabajo un poco de todo lo que ha estado haciendo en los nueve años que lleva en activo sin caer en el sinsentido del artista que aún no se ha encontrado a sí mismo, sino, muy al contrario, moldeando un disco lleno de personalidades que en él cohabitan en plena armonía.

Abren el larga-duración tres canciones que habría que tomar como las tres partes evolutivas de un mismo corte. ‘Break A Guitar’, cañonazo de guitarras sucias y dejes hard rock que inevitablemente lleva a su último concierto en Madrid, cuando hizo realidad el sueño de un fan y lo invitó a subirse al escenario para tocar ‘Girlfriend’, allá por 2014. Una reafirmación (más que declaración de intenciones) con la que quiere recordar su visión de la música, la del punk más sincero y genuino de los 70: que hay que compartirla y vivirla al máximo en igual medida. Le sigue una más pausada y rítmica  pero de giros inesperados ‘Freedom’, que nos introduce a la reprise de esta: ‘Warm Hands (Freedom Returned)’ (¿un guiño a ‘Happiness Is A Warm Gun’?). Este último se convierte en un compendio de todo el Ty Segall de la última década y bebe directamente de la época psicodélica de los Beatles y del The Madcap Laughs de Syd Barrett; en ella no faltan guitarra cruda y fuzz, pero también la psicodelia que empezamos a entrever en Manipulator y que se consolida como nuevo atributo de la música del californiano, e impresionan los exquisitos mediotiempos y las impensables reminiscencias de jazz en batería y teclados.

La influencia de los Beatles y de Lennon en solitario sigue haciéndose patente en ‘Orange Color Queen’, una exquisita canción que llama la atención más por su peculiaridad que por su belleza propia. Se descubre en ella, así como en ‘Talkin» —balada muy en la línea de la música británica de mediados de los 70—, un Ty más íntimo y, aunque suene atrevido, delicado. Cabe preguntarse también si ese acento británico del que empezó a valerse en Manipulator y que es indiscutible en este LP se debe a esta ultima época brit que parece estar muy presente en la vida del artista.

Es imposible obviar la potencia del dúo ‘The Only One’ y ‘Thank You Mr. K’, situadas consecutivamente y en este orden dentro del disco; ambas se caracterizan por frenéticos y afiladísimos guitarreos a los que es imposible resistirse. Algo más heavy metal la primera y otra vez impregnada de un tono hard rock la segunda, resultan en un dúo explosivo que incita a la locura y el pogo y harán las delicias de los fans del Ty Segall más «clásico».

De todos, sin embargo, el tema que más estupor produce es ‘Take Care (To Comb Your Hair)’, con el cual se roza una delicadeza tal que bien podría incluirse en un disco de Mikal Cronin, encargado, por cierto, del bajo de este trabajo.

Fiel a su identidad predominante, innovador y sobresaliente en el overdub, Segall nos presenta un disco completo y complejo en su conjunto, enésima muestra de la genialidad de un artista que se reafirma como apuesta segura de nuestra época. Ardua tarea deja a los trabajos que se editarán a lo largo de este 2017.


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