Crónica: Algodón de azúcar; Angus & Julia Stone

crónica angus & julia stone

Angus & Julia Stone regresan a la capital con un show que da un paso adelante en elaboración a costa de la esencia íntima y desenchufada


Parece que ha pasado una eternidad para Angus & Julia Stone. Incluso desde su último concierto en Madrid, también en La Riviera, parece haber pasado años, o el tiempo inclemente. Entonces presentaban su disco homónimo, el que en parte escenificaba el giro masivo de estos dos hermanos australianos que habían crecido en un folk intimista con aires pop para madurar en los brazos del soft rock, de la herencia de Tom Petty o Fleetwood Mac y de la apropiación cultural del jangle o del heartland, y aún entonces retenían parte de aquella esencia desenchufada y de granja.

Ayer, sin embargo, Angus & Julia Stone ya estaban de lleno metidos en el papel de estrellas del rock americano y, aunque es cierto que la sonoridad se ha amplificado y la propuesta está para llenar arenas de gira mundial, con buenos juegos de luces y un tótem pájaro un poco de reserva indoamericana que les da un poco de ese aura de extranjeros, de ciudadanos de cualquier parte, lo ha hecho a costa de la esencia y, sobre todo, de la personalidad.

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No eran Angus ni Julia los que se escondían detrás de ‘Baudelaire’ o ‘Cellar Door’, que daban los primeros pasos del show, sino algo parecido a un holograma de Lana del Rey y Kodaline. Indiscutiblemente bien hecho, sin duda, porque la banda, cuatro miembros más los dos hermanos, es solvente de sobra. Pero holograma al fin y al cabo. Y no ayuda la decisión de tratar de forma acústica y bastante indolente una de las claves de Angus & Julia Stone, de su cambio de sonido, y en la que aún no se desprendían del todo de su autenticidad, la “tuskiana” ‘Heart Beats Slow’. ‘Chateau’, acertado single de su nuevo Snow, se pasa por su parte por la piedra a Phoenix, y ‘Oakwood’ hace lo propio con The Kooks, y así hasta llegar a Band of Horses, a los Mumford enchufados o a una versión descafeinada y con sacarina de The War on Drugs, que parecen haberse convertido al final en la gran inspiración para el nuevo trabajo, como demuestra especialmente ‘Who Do You Think You Are’ pero esencialmente todo el concierto.

Menos mal que los hermanos, que pasaron en los últimos años por una pequeña crisis que a punto estuvo de mandarlo todo al garete y les ha vuelto a reunir comprometidos, siguen sabiendo sacar todo el jugo de preciosas canciones de años pretéritos tanto como de todos los instrumentos que desfilan por el escenario: guitarras de todo tipo, sintetizadores, un banjo, bajo sintético… Angus y su armónica, o un Wurlitzer, o la trompeta con la que acompaña a su hermana en el bonito final que supone ‘Soldier’.

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Julia también la coge, en su caso para acompañarse a si misma en una endulzada ‘Wherever You Are’, pero sin duda los mejores momentos los dan las canciones más brillantes de Down the Way: ‘For You’ y ‘Big Jet Plane’, lo más cercano a un hit que han tenido Angus & Julia Stone, además de una versión bastante decente (y muy bien aceptada) del ‘Ni Tú Ni Nadie’ de nuestra adorada Alaska. Es precisamente en momentos como esos cuando estimulan su interacción con el público, cuando invitan a coros comunionales y a juegos de luz. También lo hicieron en la recta final que basaron en el nuevo disco, empezando por una ‘My House, Your House’ en la que pidieron al público unirse a los coros finales como a cada uno le saliera y terminando por la nevada de confeti blanco que cayó sobre el escenario en ‘Snow’.

Para terminar, antes de la ya mencionada ‘Soldier’, hicieron la que personalmente me sigue pareciendo su mejor canción, ‘And The Boys’, y demostraron que es en los momentos más íntimos y más sutiles cuando Angus & Julia Stone liberan todo su potencial. Desde luego, el giro pop podía haberles sentado mucho mejor. En cualquier caso, un concierto elaborado y brillante, ideal para fans de la banda aunque la idea pasara más por vivir el presente que por mirar hacia el pasado. Donde parecen encontrarse más a gusto estos hermanos australianos que parecen haberse mudado de Nashville a Los Angeles.


Fotos: Miriam Augustín (@vasitodelacteo)

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About Diego Rubio Méndez

Soliloquísimo. Bowie se me apareció en sueños y no me dijo nada, pero supe que la música iba a ser el camino de mi vida.

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