Crónica: Sálvanos, oh Padre Juan Místico

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Crónica del recital de la canción que dio en La Riviera de Madrid Father John Misty


La escenificación del ego de Joshua Tillman es la escenificación final de Father John Misty. Del personaje, en definitiva, cronista irónico de la nueva clase media norteamericana, de la mediocridad, del conformismo, del anodino y apático paso del tiempo. Es una idea lo que se presenta sobre el escenario, entre bruma y bajo un foco de soliloquio protagonista, mucho más que un músico o una banda. Es un contador y un cantante, aunque a veces se acerque peligrosamente a cantamañanas, y por eso lo importante y lo definitivo es su discurso. Es un teatro musical más que un concierto, es una performance estudiada al milímetro sobre el papel y diseñada para la interpretación más que para la ejecución, términos separados en Father John Misty como en pocos artistas de la actualidad. El gran teatro del mundo, esa construcción barroca propia de tiempos oscuros, es ahora el gran teatro de Josh Tillman.

Tres discos con el alter ego de predicador, el Padre Juan Místico que iba encaminado a la iglesia y acabó encomendado al rock, y tres formas de enfrentar su propia narrativa. Antes había tocado la batería para Fleet Foxes (enormes los chavales que vendían a la salida, modo top manta, camisetas con el imprint clásico de aquella estrella fugaz del folk alternativo) y lo había intentado con la intimidad de su nombre de pila, pero ha sido ahora cuando ha trascendido el género de americana al que le ha dado una vuelta en forma de crooner moderno. Una puesta más al servicio de la música, otra al del corazón. La última en forma de crónica social, y en torno a ella construye el concierto, pasando a narrar no solo sus propias desdichas amorosas sino las de toda la humanidad. La crítica, en fin, deja espacio a la observación, y encuentra su agudeza en la mordacidad de la ironía.

El Father John Misty de Fear Fun deja algunos de los mejores momentos del concierto, con retazos más movidos y rockeros como ‘I’m Writing A Novel’ o la excepcional ‘Hollywood Forever Cemetery Sings’. El último, el de Pure Comedy, deja quizá los más iconográficos. Se suceden todos en estricto orden cardinal nada más comenzar el concierto, y en ellos están, por ejemplo, todas las maneras y desvaríos físicos del alargado y sensual crooner que acapara el escenario, las miradas y las luces. Quizá una elección del setlist algo desacertada, pues soltar tan de primeras toda la artillería del último disco hace que parezca que él mismo la desdeña. No le hubiera sentado nada mal a ‘Total Entertainment Forever’ un lugar más destacado, igual que a ‘Thing It Would Have Been Helpful To Know Before The Revolution’, pero decidió lo que decidió, el show está concebido así y quién es alguien para toserle a Tillman, que no deja ni que su propia banda brille más de la cuenta. Tampoco es un error, se me entienda. Es una decisión que hace valer por encima de todo su voz cálida y prodigiosa, que se aprecia en este concierto como en pocos que puedas acercarte a ver. Nítida y sobresaliente.

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Son los temas de Pure Comedy los que airean más iconos, como esa especie de Jardín de las Delicias del vicio con muñecos que parecen sacados de una pesadilla de Rick & Morty, y tiñen con su esfera el desarrollo del concierto, pero de ahí al final el disco cederá todo el protagonismo al que le pone más en contacto consigo mismo (solo volvió a acercarse a él hacia el final con una ‘…Magic Mountain’ que no entraba en el planteamiento inicial del set; que se encontraba cómodo en La Riviera no puede discutirlo nadie). Con su ego, con su amor propio, atravesando momentos más contemplativos de los que podría salir mejor parado restando efectismo y derroche de hormonas. Durante todo el desgranado de I Love You, Honeybear, Joshua Tillman exuda sus excentricidades y su clase de galán clásico, pero también el sentido musical de los grandes trovadores y se acerca a dar un verdadero recital moderno. Verle puede ser algo muy parecido a lo que debió ser ver a los mitos en los 70.

Hinca la rodilla y se arrastra por el suelo entre el vendaval instrumental, disfruta de su presencia y está encantado de conocerse. En ‘The Night Josh Tillman Came To Our Apartment’ proyecta el videoclip en el que se va de jarana consigo mismo, se pone unos tiros y se acaba liando con su reflejo para locura del respetable, en ‘True Affection’ se rodea de una base más sintética y frasea con un enorme corazón proyectado tras de si, en una nebulosa de negro y rosa. Se da golpes en la cabeza y hace volar el micrófono con chulería, y sigue interpretando, sin parar, ofreciendo nuevas escenas de su drama particular, todas con diferentes pero preciosistas juegos de luces y colores. Rojo pasión, verde esperanza, frío polar, blanco periódico, el teatro de Tillman es un espectáculo medido al milímetro que hace entender en parte que el I Love You, Honeybear se lo está diciendo a un espejo. En él se mira para la colorista ‘Chateau Lobby #4’, o para la inmensa ‘When You’re Smiling And Stride Me’, pero mucho más en la coda climática que supone la misma ‘I Love You, Honeybear’. Solo recupera el pulso de la ironía con ‘Bored In The USA’, Riviera silenciada de por medio y coronación particular de este predicador del rock.

En su recital de solipsismo, ni un movimiento se permite tampoco a los cinco músicos que en esta ocasión le acompañan (faltaban los vientos, que iban pregrabados, pero no vamos pedir tampoco que giren por Europa con una troupé). El humo les oculta y les deja como ingenieros en la sombra, puestos al servicio de la construcción de todo un teatro del sonido. Father John Misty interpreta con chispa sobre las tablas, más cómodo con ambas manos liberadas, entregado a los espasmos que le producen los intrincados cambios de ritmo y de intensidad con que sacude la banda. Puede coger la guitarra y resultar desgarrador, como en la preciosa ‘Holy Shit’, pero en general es más él mismo sin ningún tipo de atadura, como demuestra lanzando la guitarra por los aires, alimentándose de los suspiros que suscita, de las pasiones que levanta. “¡Guapo!”, gritaban algunas y algunos cuando dejaba suspendido el silencio en el aire. Él se sonreía seductor para elevar la temperatura de todo el personal. Es un poco ‘The Ideal Husband’ del que habla en la despedida con aquella canción enorme y apoteósica, toda la banda a full de potencial, un tierno barbudo con sentido del humor del que enamorarse perdidamente. Pero también una gran estrella del rock, un coloso de los de antaño, un cantante nato. Un figura. Encantado de conocerse. Encantados de conocerte.


Fotografías: Sharon López (@sharonlopez) y Rocío Sánchez (@laroussedit).

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About Diego Rubio Méndez

Soliloquísimo. Bowie se me apareció en sueños y no me dijo nada, pero supe que la música iba a ser el camino de mi vida.

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