Crónica: Metz, desparrame punk de marca canadiense

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Crowdsurfing y pogos en Moby Dick, el resumen perfecto de la descarga de Metz


Los de Toronto son una apisonadora, una descarga enrabietada de punk prístino en autenticidad y desfasado en sonido, con una distorsión desenfrenada y un ritmo imparable y espídico. Y así vinieron a demostrarlo a Madrid. Fuera corsés promocionales, apenas presentaron su reciente tercer referencia, Strange Peace, pero es que apenas presentaron nada pues prácticamente ni siquiera hablan. Un “thank you” entre canción y canción y sí muchos ruidos, acoples que parecen rugir “vamos a seguir follándote los oídos en embestidas de dos y dos minutos”.

Empiezan demasiado saturados, con los volúmenes un poco perdidos y con la voz convertida en una plasta entre tanta distorsión, con el bajo comiéndoselo todo con su turbo enfurecido, que parece más un trueno que un bajo de verdad. El concierto va pillando ritmo, fuelle, va dividiendo cada una de sus partes y haciendo más nítido todo su conjunto. Sirven para ello temas más melódicos, si cabe la palabra en una crónica de Metz, de Strange Peace, como ‘Drained Lake’, que llega después del anunciamiento diabólico de ‘Eraser’, cubriendo briznas de brillo con avalanchas de suciedad.

‘Headache’ empieza a acometer la estampida, que ya no se va a detener en ningún momento. Hay un pequeño fallo de sonido con el bajo, y es que tanta vibración distorsionada puede cepillarse fácilmente unos amplificadores poco rodados, pero nada que la actitud desparramada y derrochista de este power trío de Toronto no pueda hacer olvidar. Los pogos en las primeras filas ya eran una constante; cabezas sacudiendo arriba y abajo, el horizonte que marcaba la división entre el público y el escenario. Y ‘Cellophane’ ejerce de punto sin retorno.

Tras ella, recital de ruido y devastación con temas de su debut y el que sigue siendo su mejor disco, el excepcional II al que no han llegado en esta ocasión, que dejó el desbarre definitivo. Metz parecen nerds de hermandad universitaria muy en parte debido a la pinta de Alex Edkins, guitarra y voz principal, con gafas y camisa de cuadros, pero cuando cogen los instrumentos se convierten en los más malos del insti, embrutecidos y diabólicos, sudando como pollos cociéndose en las brasas de su propia intensidad, la que lleva ‘Nervous System’ al delirio o a la gente a hacer crowdsurfing con ‘The Mule’, infecciosa y machacona. El clímax lleva con la que además recordamos como su mejor canción, ‘Acetate’, con su espídico nerviosismo y su contundencia noqueadora.

Entre la tensión dramática y el alarido, Metz se coronan como uno de los actos del hardcore punk más interesantes del circuito de la actualidad.

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About Diego Rubio Méndez

Soliloquísimo. Bowie se me apareció en sueños y no me dijo nada, pero supe que la música iba a ser el camino de mi vida.

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