Crónica NOS Alive 2017: Foo Fighters (re)conquistan el trono de Algés

Foo, Fighters, The XX y The Weeknd desmuestran su poderío en un NOS Alive que se termina de erigir como como uno de los mejores festivales de Europa 


Como ya os contábamos hace unos meses, cuando ya empezaba a verse la línea que tendría el cartel de este 2017 por medio de las primeras confirmaciones, las cartas del NOS Alive ya estaban boca arriba y en tamaño DIN A3. Terminar de asentarse (definitivamente) como una alternativa, ser capaz de competir con cualquier festival de la primera línea europea y potenciar el sentimiento de pertenencia al festival eran los objetivos a los que se aspiraba.

Tras una edición de 2016 que logró marcar un antes y un después (llevándole a ser incluido en las listas de mejores festivales de Europa), gracias a la presencia de Arcade Fire (“La pórfida noche de Arcade Fire”), Radiohead, Pixies o Robert Plant, era necesario responder a las expectativas creadas. De hecho, no nos sorprendió ver que el festival agotase los abonos de tres días con meses de antelación.

En lo que respecta al cartel, ha sido una composición curiosa y llamativa. Aunque no es ninguna novedad entender que los grupos aprovechen la visita a España para también visitar Portugal, o viceversa, el cartel de este año ha quedado muy llamativo. Ha resultado ser una mezcla con (prácticamente) lo mejor con lo que contaban los eventos españoles celebrados en fechas cercanas. 

Especialmente llamativo lo de los cabezas: The Weeknd (FIB), The xx (Primavera Sound), Depeche Mode (Bilbao BBK Live) y Foo Fighters (Mad Cool). Pero también la “línea media”, que tampoco se quedó atrás: Royal Blood (Bilbao BBK Live), Phoenix (Vida Festival y Bilbao BBK Live), alt-J (Mad Cool) o Blossoms (FIB). Una confección del cartel muy cuidada y que auguraba una plácida victoria. También muy pocas horas de descanso en el recinto y terminar con unos gemelos más duros que los de Rafa Nadal, todo sea dicho, pero es que el NOS Alive es así de descomunal. Os contamos, un año más, nuestra experiencia en ese pequeño sueño que se hace realidad verano tras verano en la maravillosa ciudad de Lisboa.


Jueves 6 de julio

Una nueva edición del NOS Alive comienza, se abren las puertas y los más ansiosos comienzan a entrar en el recinto. Por dónde empezar a describirlo. Un escenario en la puerta de acceso por el que debes pasar para entrar a la zona de conciertos, una cantidad de puestos de comida (y bebida) adecuados al volumen de público, tres grandes escenarios (principal, secundario y “Clubbing”) y un intento de simulación de calle tradicional portuguesa con tiendas y el EDP Fado Café, con actuaciones desde las 17 h hasta las 01:30 h. Como primera impresión, un recinto a la altura de las condiciones. La experiencia que había adquirido el festival quedaba plasmada en la distribución de cada uno de los servicios dentro del recinto, que incluso incluía zonas gratuitas para recargar tu móvil. 

Uno de los clásicos de los festivales: la dicotomía entre ir directo al escenario principal (para mantener esas codiciadas primeras filas durante The xx o The Weeknd) o buscar la sombra. Opté por la segunda, especialmente considerando que esta jornada me iba hacer recorrer el recinto cual fondista en busca de la meta.

Aprovechando que era en el escenario secundario (donde tocarían posteriormente bandas como Ryan Adams o Royal Blood), que estaba cubierto y que el sol era todavía más intenso que una canción de Leiva, mi primer concierto tuvo acento español.

Veintiuno, la agrupación toledana, sería la encargada de comenzar a formar parte de una banda sonora que duraría tres días. Cinco de la tarde, primer día y primer concierto. Ya sabemos cómo funcionan estas cosas. Apenas cincuenta minutos de actuación ante un público tranquilo pero respetuoso a partes iguales (apenas se escuchó hablar a la gente). A pesar de los nervios iniciales, fue un buen directo. Un paso adelante de una banda que al día siguiente tocaría en el Mad Cool.

La primera visita al escenario principal, NOS Stage, fue para comprobar cómo sonaba en vivo su nuevo lanzamiento, Relaxer (Infectious, 2017). Alt-J y su característico directo, diferente a lo que estamos acostumbrados en un festival pero perfectos para una sala. Personalmente, tuve la oportunidad de verlos en el Bilbao BBK Live de 2015 –  Bandalismo también les vio en el PS del mismo año  y, tras esta nueva actuación, su concierto me volvió a dejar igual: me falta algo. Sería de necios obviar que temas como ‘Breezeblocks’, ‘Left Hand Free’ o ‘In Cold Blood’ (de su último lanzamiento) son grandes canciones y es casi imposible no corearlas, pero poco más. Acompañados de una puesta que expresaba “queremos llamar la atención pero no demasiado”, ese juego constante de colores de su escenografía con la (prácticamente fija) tonalidad en blanco y negro en las pantallas laterales. Aportaron esa paz que precedería a la tormenta.

Una tormenta que comenzó justo después. Potentes aires de elegancia comenzaron a golpear a los asistentes del recinto de Algés. Los franceses (y un poco italianos gracias a su último disco) Phoenix habían llegado a Lisboa. Al igual que pasaría al día siguiente en el Bilbao BBK Live, comenzaron la fiesta con ‘Ti amo’. A partir de ahí, de hit en hit y me tiro entre el público porque me toca. Ya habíamos hablado de su último disco, Ti Amo (Glassnote, 2017), como un nuevo trabajo que mezclaba canciones merecedoras de estar en cualquier fiesta y otras cuyos derechos debían ser comprados por marcas de ropa para sonar en sus establecimientos. Pues bien, si quitas las segundas y añades todas esas canciones que te han llevado al éxito, muy mal se te tiene que dar para no salir coronado. ‘Tuttifrutti’, ‘J-Boy’ o ‘Fior di Latte’, junto con ‘If I Ever Feel Better’, ‘Lisztomania’ o ‘1901’, fueron cada uno de los golpes que terminaron clavando la primera bandera de la victoria en el NOS Alive 2017.

Tras ‘pagar religiosamente’ la cena, porque había que tener el estómago lleno para lo que quedaba de jornada, a las 22:40h se encendieron las luces del escenario principal y tres personas aparecieron en él: Romy, Oli y Jamie xx. En Portugal tenían ganas de The xx. Y The xx tenían ganas de tocar en Portugal; no en vano montaron allí un festival y no en vano se quedaron allí de jarana aprovechando su actuación.

Sonaron los primeros acordes de ‘Intro’ y crearon una sensación de éxtasis en el ambiente que muy pocas bandas son capaces de alcanzar. El nuevo disco, I See You (Young Turks, 2017), sonó casi al completo. ‘Dangerous’, ‘A Violent Noise’, ‘On Hold’, ‘Say Something Loving’, ‘Lips’… una tras otra fueron demostrando por qué es un discazo y por qué estará entre lo mejor de 2017. Tampoco pudieron faltar ‘Angels’, ‘Crystalised’ o los mensajes de Oliver expresando lo necesario que son los festivales y vivir la vida (recordando un poco a Marc Anthony).

Antes de terminar el bolo de los ingleses, con la intención de tener un buen sitio para el próximo concierto que llegaba, decidí marcharme al escenario secundario (haciéndome hueco como pude entre un público totalmente obnubilado). Era el momento de oler la sangre. Era el momento de ver el directo de una de las bandas con mayor hype de los últimos tiempos. Era el momento de Royal Blood.

No habían salido al escenario pero se notaba en el ambiente, Mike y Ben han logrado generar unas expectativas altísimas. De hecho, no fui el único que optó por salir antes de The xx para verlos; a falta de 20 minutos, la carpa ya estaba llena. 

Aparecieron. El público ya estaba entregado, ya sea por los medios litros de cerveza a cuatro euros o por la banda en sí. Y comenzó el show. Si bien es cierto que su gira de 2014 les pudo resultar negativa por el exceso de conciertos, también hay que reconocer que les permitió obtener unas tablas en el escenario hasta conseguir que este se les quedara pequeño. 

En apenas una hora demostraron el por qué de su crecimiento exponencial desde la publicación de su disco homónimo Royal Blood (Warner Bros, 2014). Un concierto que mantuvo una dinámica muy intensa, constante interacción con el público y varios solos de batería de Ben que desembocaron irremediablemente en esperadísimos pogos.

‘Out Of The Black’, ‘Little Monster’ y ‘Figure Out’, de su primer trabajo, junto con temas del segundo, How Did We Get So Dark? (Warner Bros, 2017), como los singles ‘Where Are You Now?’, ‘Lights Out’ o ‘I Only Lie When I Love You’, terminaron de redondear un directo compacto, certero y que dejó con ganas de más. ¿Su próxima visita será en el escenario principal? No tengáis ninguna duda.

Una vez pudimos salir de la carpa, solo había que seguir los ríos de gente. Obviamente la dirección estaba clara, el escenario principal. El “chico estrella” tenía que demostrar si la fama que le precedía estaba justificada o no. 

Antes de empezar, cual muro de Juego de Tronos, el escenario estaba dividido en dos niveles. La altura normal, donde actuaría The Weeknd y, encima de una estructura negra, la banda que lo acompaña. La declaración de intenciones ya estaba hecha incluso minutos previos al comienzo del concierto: venía a demostrar su poderío.  

Efectivamente, calló muchas bocas gracias a un registro vocal impresionante. Apoyado desde las alturas por su banda, a la cual agradeció que estuviesen con él (como es lógico después del espectáculo que dieron), dio todo un recital. Las canciones más conocidas de su último trabajo, Starboy (XO, 2016), como ‘Party Monster’, ‘Secrets’‘False Alarm’ o la preciosa I Feel It Coming’ consiguieron que el público olvidase todo el cansancio acumulado de esa jornada y las corease como si no hubiese mañana. Terminó con ‘The Hills’ después de haber sonado ‘Starboy’ y ‘I Can’t Feel My Face’. Duro golpe de realidad cuando tu cabeza te hace volver a Lisboa después de vivir, durante un rato, en Estados Unidos. 


Viernes 7 de julio

Segunda día. Tocaba volver a Algés para una jornada diferente a la anterior, más clásica, siendo los encargados de actuar en el escenario principal The Cult, The Kills, The Courteneers o Foo Fighters. De hecho, los últimos visitaban Lisboa después de pasar por el Mad Cool y sufrir en primera persona “el diluvio universal” el día anterior…

El primer concierto fue el de The Cult. No se puede reprochar a ninguno de los integrantes falta de actitud, pero la realidad es que la década de los ochenta pasó y, por desgracia, esa vitalidad no regresa. Aún así, Ian Astbury hizo lo que pudo. Un directo que no pasará a la historia pero sí será recordado con cariño. Los clásicos como ‘She Sells Sanctuary’ o ‘Fire Woman’ no fallaron ante aquel público que sabía a lo que iba, en contraste con aquel que se notaba que estaba manteniendo su sitio para el concierto de Dave Grohl y los suyos. Una pena.

Alison Mosshart y James Hince, The Kills, desplegaron todo su arsenal. Su último disco, Ash & Ice (Domino Records, 2016), con temas como ‘Doing It To Death’, ‘Siberian Nights’ o ‘Heart Of A Dog’, es totalmente efectivo en directo. ‘Future Starts Slow’ tampoco falló, fue un disparo certero a un público cuyas ansias de ver a los Foo Fighters quedaban reflejadas en sus camisetas, sudaderas, carteles y banderas. Perfectos para terminar de mentalizar al público sobre la que se les venía encima. Aunque no sería la última vez que veríamos a sus miembros.

El plato fuerte, ese atracón navideño que te hace ver con otros ojos la comida durante varios días, Foo Fighters, aterrizaban – nunca mejor dicho – en Algés. Un concierto histórico, especialmente teniendo en cuenta que hacía seis años desde su última visita a tierras portuguesas, concretamente para el quinto aniversario del festival, el NOS Alive de 2011.

No sé si todos los conciertos de esta banda son así, pero las dos horas y media que duró (de las cuales mínimo media hora fue Dave Grohl hablando sobre la banda e interaccionando con el público), tuve la sensación de vivir algo único. Algo histórico. Dave es un showman, de eso no cabe ninguna duda, tanto en el escenario como ante los medios. El problema está cuando intentas trazar esa línea entre lo que hace de manera artificial y lo real, lo natural.

Constantes referencias a Portugal y el tiempo que han pasado sin visitarla, piropos al público y a los integrantes de su banda… el típico espectáculo. A ello hay que añadirle varias improvisaciones (aparentemente) surgidas del propio público, Dave saltando y recorriendo incluso los laterales del escenario (predecesor de un hecho que la jornada siguiente todos los artistas harían), y poco más hace falta. Y si subes a la cantante de The Kills para que te ayude a cantar (y presentar) una nueva canción de tu próximo disco (‘Laa Dee Da’), pues el público a tus pies. Sin embargo, siempre quedará esa duda, ¿realmente he vivido un concierto único o esto lo hacen siempre? – una sensación parecida a la que dejaron en el Mad Cool. Aún así, fue el mejor concierto de los tres días de largo.  .

En lo referente a la música, ‘Walk’, ‘Learn To Fly’, ‘Everlong’, ‘Best Of You’, ‘Run’ (del próximo disco Concrete and Gold), ‘These Days’, ‘My Hero’, ‘Times Like These’… no dejaron sin tocar ninguna de sus canciones más conocidas. Si no eras uno de sus fans, ellos te ayudarían a convertirte en uno. Hecho que quedaba reflejado tras el concierto en la zona de merchandising, donde las camisetas de Foo Fighters se vendían como churros.

Lo habían conseguido, Foo Fighters habían (re)conquistado el trono de Algés después de seis años de ausencia. Su reinado, en esta gira, nos recuerda que es posible vencer al terror, al miedo.

Tras esas dos horas y media de éxtasis, poco espacio vital y necesidad de reponer ese porcentaje de agua en el cuerpo perdida, era el momento de decir adiós al segundo día. Lo que implicaba, por desgracia, que me había perdido el concierto de Parov Stelar, cuyo disco The Burning Spider (Etage Noir, 2017) no debéis dejar de escuchar. ¿El motivo? Coincidió con el de Dave Grohl y sabes perfectamente que tanto salir de una multitud en la que no ves el final es un agobio en sí mismo como que desperdiciar la oportunidad de ver a los Foo Fighters son aspectos que hay que tener en consideración.


Sábado 8 de julio

La depresión viviente. La crónica de una muerte anunciada. El día que no le gusta a nadie, el último. Con estas ideas rondando mi cabeza comenzaba la jornada final del NOS Alive 2017.

Si ayer se podía ver la mayor concentración de camisetas de Foo Fighters por metro cuadrado, hoy era el turno para las de Depeche Mode. La última baza del festival para terminar por todo lo alto una edición que quedará para el recuerdo. Y todo ello creando un contraste muy bonito: fans de Kodaline e Imagine Dragons en contraposición con aquellos que idolatran a Dave Gahan y los suyos.

Tan sólo pude ver el final del concierto de Kodaline, concretamente la canción ‘All I Want’, que sonó como si fuese una arenga, un presagio de la evolución que se iba a vivir momentos después en ese mismo escenario principal. Y es que los siguientes eran Imagine Dragons, banda que se encuentra presentando su tercer disco, Evolve (Interscope, 2017) y cuyas visitas a nuestro país destacan por ser muy escasas.

Reconozco que su primer trabajo, Night Visions (Interscope, 2012), me llamó muchísimo la atención y desde entonces les he seguido la pista. Ahora, tras Smoke + Mirrors (Interscope, 2015), volvían a Europa presentando un tercer disco que ha terminado de mostrar el lado más comercial de estos estadounidenses.

Saben perfectamente que su primer disco les ha colocado donde están y les ha dado el crédito suficiente para mantenerse en un lugar más elevado de lo que han terminado demostrando desde 2014. Con un Dan Reynolds en modo showman: tirándose por el suelo, haciéndose el dormido mientras suena un sólo de guitarra, animando como si estuviese en medio de un Cleveland Cavaliers – Golden State Warriors… espectáculo para complementar un concierto en el que todos los temas de su primer disco fueron coreados como himnos (‘Radioactive’, ‘On Top Of The World’ o ‘Hear Me’) y en el que los singles de su reciente tercer trabajo, aunque calaran bien y demostraran una orientación más comercial, no gozaron del mismo impacto. ¿Consiguieron dejar satisfechos a sus fans? Sí. ¿Esperaba algo más de ellos? También.

Una de las cosas buenas que tienen este tipo de festivales es que, después de un concierto que te dejase algunas dudas, puedes ir a otro y salir gratamente sorprendido, como me ocurrió con Cage The Elephant. A pesar de que ya iba advertido sobre ellos, fueron una de las revelaciones del festival.

Ante un escenario secundario desbordado, dieron todo un espectáculo. Tanto aquellos que les descubrieron gracias a su disco homónimo, Cage The Elephant (Relentless, 2006) como los que los habían descubierto por Tell Me I’m Pretty (RCA, 2015), este con Dan Auerbach (The Black Keys) como productor, disfrutaron de un señor directo.

Matt Shultz dio una lección de cómo se debe dar un concierto: energía, conexión con el público y ese punto de locura que consigue que pase a ser memorable. Desde ‘Ain’t No Rest for the Wicked’ ‘Cigarette Daydreams’, pasando por la eterna ‘Come A Little Closer’ o ‘Trouble’, escribieron una página entera sobre cómo se debe terminar un festival (aunque aún quedase un cabeza de cartel por tocar).

¿Qué son las corrientes marinas si lo comparas con las hileras de personas saliendo de un concierto de Imagine Dragons y otras intentando colocarse en primeras filas para Depeche Mode? Una escena que debería haber sido grabada por esos drones que no dejaban de sobrevolar nuestras cabezas.

Así es, la última bala en la recámara eran Depeche Mode. Dave Gahan hizo los honores y el público, especialmente el que ha crecido escuchando a los de Essex, recibieron con los brazos abiertos este regalo que les brindaba el NOS Alive. Su nuevo disco, Spirit (Columbia, 2017), que sonó casi íntegramente, con el single ‘Where’s The Revolution?’ a la cabeza, redondeó un concierto que no quedará grabado por el despliegue de sus clásicos en el setlist (que fueron pocos y menores pese al sprint final con ‘Stripped’‘Enjoy The Silence’ y ‘Never Let Me Down Again’ y el cierre con ‘Personal Jesus’, hito del rock electrónico) pero sí por ver a Martin Gore en la faceta de vocalista en primera plana, con un renovado protagonismo.


CONCLUSIONES 

Un antes y un después. La confirmación definitiva de que, si se lo propone, el NOS Alive puede llegar a ser un referente no sólo de la Península, sino de Europa. Todo ello en base a tres pilares: un cartel con bandas de renombre mundial, una organización sobresaliente y un entorno que enamora. Habrá que esperar al 12, 13 y 14 de julio de 2018 para volver a vivir esta experiencia…

Obrigado, NOS Alive. Nos vemos en 2018.


Vídeos: ‘The Weeknd’ de Dylan Lopes; ‘Foo Fighters’ de Diogo Gonçalves

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