Crónica: La clase de Spoon

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El concierto de Spoon en La Riviera de Madrid demostró por  qué siguen siendo una de las bandas más infalibles y solventes del rock actual


9 discos después, que se dice pronto, sigue siendo un placer ver redescubrirse a la banda liderada por Britt Daniel, eterno jovencito que un día firmara en secreto y sin hacer mucho ruido un pacto con el diablo del rock and roll. Si Dorian Gray hiciese música, seguramente montaría una banda como Spoon, que al final, casi 25 años después de editar su primer EP, siguen entonándose con la pócima de la eterna juventud y demostrando una destreza envidiable.

La solvencia es su marca indisoluble, porque su estilo ha ido variando de forma acertada con el paso de los años pero siempre al margen de las grandes multitudes, manteniendo a su manera un pulso constante con la industria, y así lo demuestran en una despoblada Riviera que hace plantearse el criterio de la gente. Spoon no necesitan llenar en España (tampoco llenaron en Barcelona) para seguir siendo una de las bandas más grandes del mundo, una de las que no dan conciertos sino clases magistrales.

Su estilo siempre se presenta fresco como si estuviera a punto de debutar, reconducido con cada disco y con cada canción, integrando en su ADN cada proteína que puedan asimilar de todos aquellos por los que han planeado. Para Hot Thoughts, que marcó lógicamente el rumbo del espectáculo, han ofrecido una cara más funk y más bailable, como demuestran desde el principio soltando ‘Do I Have To Talk to You’ o el clásico trayazo ‘I Turn My Camera On’ con el que se sumaron a su manera al dance rock que entonces lideraban Franz Ferdinand.

El concierto, en general, va por esos derroteros, pero cambiando la ligereza y el despiporre por el ruido y las elaboraciones pesadas e intrincadas, llevando cada canción al delirio instrumental pero manteniéndolas todas siempre bien atadas, sobrias y serenas. Spoon son galanes encima del escenario, como demuestran la preciosa ‘Inside Out’ o la seductora y reptil ‘Don’t You Evah’, y con esa pose se mantienen siempre, bien trajeados y con zapatos caros pero sin temor a sudar la gota gorda cuando el delirio lo requiere, y es que además los tejanos son trabajadores de manual y corredores de fondo. Como en ‘My Mathematical Mind’, que empieza en cabaret y acaba en épica distorsión, efectos y cascadas de sonidos mediante, muchos de ellos gracias a un Alex Fischel que ha sido clave en la reinvención de la banda, espectacular a los teclados y en las tormentas guitarreras, y con el recuerdo que deja siempre la voz de Daniel de los mejores Oasis.

Se permiten ganchos de superestrella, y su discurso coquetea en todo momento con las bandas de rock de estadios, como en la apasionante ‘Can I Set Next To You’, e incluso se abandonan a un interludio instrumental para inducir en la oscuridad y en el efectismo la balada ‘I Ain’t The One’, tras la que llega el mejor tramo del concierto, con Spoon completamente desatados, apelando al puro indie que celebraron en ‘The Underdog’ y empalmándola magistralmente con la grasienta ‘Got Nuffin‘ (favorita personal, qué le vamos a hacer).

Los tejanos son entonces rockstars, pero también han sabido ceder a la pista de baile y a sonidos más ligeros en Hot Thoughts. Y, ojo, a otros más electrónicos y contundentes. Después de abandonar el escenario para acometer el bis, Britt Daniel apareció solo y eléctrica en mano para una versión preciosa de ‘I Summon You’ tras la que se sumó paulatinamente la banda en ‘Pink Up’. Un tema sorprendente para una banda como esta, con pegada de techno y progresión absolutamente electrónica, hecho ahí, in situ, mano a mano y con el saber hacer que terminan haciendo valer por encima de todo estos artesanos del sonido.

Para el final dejan el sencillo homónimo de su último trabajo y la excepcional ‘Rent I Pay’ que abría They Want My Soul, otra de las cimas conquistadas. Spoon suben a las alturas en cada disco, escalan hasta la cúspide, pero lejos de acomodarse, ellos disfrutan la caída y sufren para volver a subir, para volver a coronar. Para volver a coronarse.

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About Diego Rubio Méndez

Soliloquísimo. Bowie se me apareció en sueños y no me dijo nada, pero supe que la música iba a ser el camino de mi vida.

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