Mejores Discos 2017 – Nacional

mejores discos nacionales 2017

La redacción de Bandalismo selecciona sus 50 mejores discos nacionales de este 2017


Ha sido un gran año para la música española. Efervescente. Uno en el que se han multiplicado las propuestas, uno en el que se ha asentado definitivamente en el mainstream toda una generación de músicos que han ido luchando por salirse del mal llamado indie durante ya más de diez años. 2017 ha visto explotar definitivamente una radiofórmula medianamente alternativa, toda vez que el término alternativo en la música está cada vez más democratizado y diluido.

La maquinaria, que como muchas veces he comentado está tan bien engrasada como para integrar en sus mecanismos la disidencia, se ha subido al carro de los festivales justo en el último año anterior a la máxima expresión, la explosión a la que asistiremos el año próximo y que solo se ha empezado a preparar este, uno en que se ha revitalizado el FIB, uno en el que el BBK ha recuperado un viejo esplendor precisamente por bajarse de la pelea y redondear su propia experiencia, uno en el que el Primavera Sound ha entrado en un nuevo nivel con cabezas de cartel del futuro que marcaran la dirección de los próximos años, uno en el que el Sónar ha vuelto a demostrar que es imprescindible, uno en el que el Mad Cool ha terminado de asentarse con fuerza para preparar el verdadero puñetazo, uno en el que Vida y Low han entrado en un nivel impensable de estabilidad, uno en el que incluso el Dcode ha mostrado signos de mejora.

El mismo año que el Sonorama celebraba unos veinte años que casi eran los veinte de la generación indie, que se reunió en Aranda prácticamente en su totalidad para escenificar esa especie de relevo, la significancia enorme de una pléyade de músicos que han dejado por fin atrás las movidas y las escenas, fue el año en que regresaban Los Planetas con mayor resonancia que nunca en años, en su propia zona de confort interestelar, y entre fuegos artificiales soplaron las velas de la tarta del festival arandino, tomando su trono de padres fundadores, de estrella de Granada. Allí se esperó por siempre a unos Vetusta Morla que no acudieron, pero sí luego a nuestros oídos con un cuarto disco que les pone en las ligas internacionales y que toma su propia dirección.

2017 ha hermanado la música en España, que cada vez más está rompiendo las barreras de género, las barreras de estilo, las barreras de sesera y las de sentido común, que cada vez más lucha contra estereotipos cerrados, que cada vez más se enfrenta al encasillamiento. Que está haciendo de la bien entendida diversidad una de sus más brillantes virtudes. 2017 ha visto asentarse al trap, un género otrora símbolo de lo underground en España, y ha visto en primera persona pincharse su burbuja. Ha visto el auge y caída de C. Tangana y su ego, tan fugaz como las redes y los virales en los que se apoya para dar sentido a una carrera que perdió el rumbo cuando Sony se atrevió a cumplir los deseos del chico de oro, pero también ha visto como los chicos que dieron el paso con la PXXR GVNG han sabido reinventarse y convertir su discurso en algo mucho más real, ya sea como Los Santos o cada uno en solitario, con Yung Beef a la cabeza, ídolo en la sombra, poeta de la calle.

Cuando Los Planetas incluían en ‘Islamabad’, la mejor canción que se ha hecho en España este año, un fragmento de su ‘Ready Pa’ Morir’ sabíamos que estaba ocurriendo algo. Que iba a explotar el trap de reivindicación feminista como lo había hecho el más reflexivo. Que lo que Pink Flaco y Kinder Malo llevaron al Sónar era harina de otro costal, pura vanguardia sonora. 2017 ha visto, en España, muchas cosas, a Rosalía, a Viva Suecia o a Cala Vento. Y muchas están por ofrecerse en plenitud. Estos son, para Bandalismo, los mejores discos nacionales, es decir, editados en España en 2017.

Sigue la playlist de Spotify aquí.


50.

mejores discos nacional 2017

Does It Ring A Bell?
Núria Graham

Qué joyita tiene El Segell del Primavera Sound con Núria Graham, y qué poquito cuesta compararla con grandes como Sharon van Etten, Courtney Barnett o, sobre todo, Angel Olsen, que es la que más y mejor está representada en este Does It Ring A Bell? en el que la joven catalana (es de Vich, igual que Joana Serrat, otra que mira más al otro lado del charco; casualidades de la vida) ha querido poner en común y en calma sus dos lados, el de los pecados que retrata en ‘Sinner’ o en ‘Lucifer Sam’ y el que descansa en general en el aroma de su música y en los efluvios de su voz, de pureza inmaculada. Y el resultado es un disco confesional y lleno de conocimiento de sí, una propuesta unificada que, como cada vez más en nuestro mercado, tiene la vista puesta más hacia fuera que hacia dentro de nuestras fronteras. — Diego Rubio


49.

mejores discos 2017 nacional

Un Estrany Poder
Els Amics De Les Arts

Els Amics De Les Arts han hecho en Un Estrany Poder un poco el Jo Competeixo de Manel, un movimiento hacia ritmos más bailables, con sabores funk y tropicales y un mayor empleo de la electrónica, sin renunciar a ese dramatismo pop suyo, que se cuela en la intersección entre Lori Meyers y el Morrissey de los Smiths. — Diego Rubio


48.

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Not So Far
Fizzy Soup

El folk sirve para encauzar toda la propuesta de esta pareja creativa de Cuenca muy amiga del do it yourself que comparte responsabilidades en la banda, voces en el estudio… y casa. Quizá eso sea fundamental para darle a Fizzy Soup esa coherencia cómplice, para interiorizar con mayor naturalidad influencias y estilos. Fieles también a la épica y a esa capacidad bipolar de la música, seguidores de la teoría de las dos velocidades, en Not So Far apelan tanto a las progresiones de batería y a los grandes estallidos guitarreros como a momentos más íntimos e introspectivos, y lo empaquetan todo con una producción electrónica que tiene muy en cuenta a alt-J y a, sobre todo, Of Monsters And Men. — Diego Rubio


47.

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Atlantis
Joan Miquel Oliver

Una ligera continuación de la flema sintética de Pegasus y en definitiva del imaginario sonoro de los seminales Antònia Font, Atlantis sirve para volver a confirmar a su autor, el cada vez más prolífico y exquisito Joan Miquel Oliver, como un maestro del cruce en que cada vez más se encuentran el jolgorio popular de inspiración mediterránea y el synth elegante y retro con la mirada ficha en los ochenta. — Diego Rubio


46.

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Año Selvático
Los Bengala

El segundo LP de este dueto zaragozano, cuya portada es coloreable, incrementa esa potencia que ya dejaron plasmada en Incluso Festivos (2015). Misma esencia, mayor voltaje. Un nuevo trabajo que vuelve a dar rienda suelta tanto a las voces (e incluso gritos porque están jodidamente locos) con una base instrumental arrolladora. Si necesitas una banda sonora mientras haces deporte o, simplemente, quieres que la locura se apodere de tu cuerpo. No busques más, da la bienvenida al año selvático. — Pablo Lafarga


45.

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Dripping Springs
Joana Serrat

El “erasmus” de Joana Serrat se ha traducido en un verdadero álbum de madurez, después de alcanzar la visibilidad de la mano del Segell del Primavera en 2014 y de hacerse un hueco de autoridad en el panorama nacional de americana. Con la vista allí, en Nashville o en Texas, con Howard Bilerman como productor (batería en el Funeral de Arcade Fire) y con su propio sello a las espaldas, Great Canyon Records, la de Vich ofrece en Dripping Springs uno de esos viajes eternos por carretera armados de gafas de sol y con el fuel de la tradición soft rock por combustible. De radio rockera. De polvo, de folk, de country. Y siempre sobre las ruedas del pop brillante y melancólico. — Diego Rubio


44.

mejores discos 2017 nacional

Nuevos Testamentos
Apartamentos Acapulco

Shoegaze soñador desde Granada, Apartamentos Acapulco viven en el acorde que un día dejaron Los Planetas suspendido, uno eterno y reverberado. Se fijan en su vertiente más reposada, más contemplativa, y juegan sobre las posibilidades que ellos mismos ya anticiparon al colaborar con La Bien Querida, trazando esas armonías hombre-mujer que tan bien funcionan, por ejemplo, en The Pains of Being Pure At Heart. A estos chicos también les duele ser puros de corazón, ser buenos y edulcorados como transmite su debut. Ellos también celebran con épicos estallidos de ensueño la soledad y el desamor. — Diego Rubio


43.

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Fuego Artificial
Jacobo Serra

Jacobo Serra se ha desquitado en Fuego Artificial de sus dos estigmas definitorios, el de la tradición beatlemaníaca (un camino que abrieron hace ¿cientos de? años Sidonie) y el del cantautor frágil e intimista. Y lo ha hecho sintetizando parte de las dos versiones y apadrinado por Juanma Latorre de Vetusta Morla, que ha producido este nuevo trabajo. ¿La pega? Que suena demasiado a Vetusta, a ese pop de tintes experimentales y electrónicos con apertura estilística heredero de Radiohead, a su obsesión melódica que aquí se resuelve acercándose a Iván Ferreiro. Un disco bonito y bien hecho, pero una ligera decepción para los que esperábamos algo más auténtico. A lo mejor esa era la idea y por eso ha llamado al disco Fuego Artificial… — Diego Rubio


42.

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Sueños y Pan
Xoel López

Sueños y Pan es el álbum Destroyer de Xoel López. Uno en el que ha encontrado la madurez de su nuevo estilo, después de varias búsquedas personales y musicales durante los últimos años. Asentando la vertiente tropical y latina que ha definido en su carrera en solitario, también entronca con su concepto de tradición y música popular y le aporta a todo cohesión con una producción ochentera y muy new wave que le conecta también con su pasado musical. Sueños y Pan sirve, sin ser el mejor trabajo de Xoel, para definirle como ningún otro. — Diego Rubio


41.

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Diez
Niños Mutantes

Este Diez nos muestra a unos Niños Mutantes enfadados, crípticos, crudos, oscuros, incluso incómodos. La producción de los León Benavente los ha llegado a fagocitar, se nota (mucho) la mano de Abraham Boba y Cesar Verdú. Un disco duro, crítico y con cierta nostalgia. Una banda íntegra que ya es toda una institución en el panorama nacional. Difícil e intenso y muy alejado de esa luminosidad que asomaba en sus últimos lanzamientos. — Miguel Valiña


40.

Files of Life
Junior Mackenzie

Producido por él mismo mano a mano con Dani Castelar, mejor conocido por su trabajo con R.E.M., Paolo Nutini, Editors o Snow Patrol, Files of Life parece poner al castellonense Junior Mackenzie en pleno conocimiento de si mismo en lo que a la música se refiere. En ese alt pop basado en las raíces americanas, el folk, el country y el bluegrass, que puede recordar a Jeff Buckley o a Ray LaMontagne. — Diego Rubio


39.

mejores discos 2017 nacional

Salvavida (de las balas perdidas)
La Maravillosa Orquesta Del Alcohol

Los de Burgos ya no son una banda a descubrir. Estos años se han convertido en uno de los grupos que más público arrastra en nuestro país. En Salvavida (de las balas perdidas), La M.O.D.A ha abierto nuevas puertas en su sonido folk rock. David y los suyos han decidido no hacer un disco continuista, aunque sin renunciar a sus señas de identidad. Los nuevos instrumentos de viento y un David cada vez más poeta nos traen esta nueva faceta. — Álvaro de la Cuadra


38.

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Crash Pad
Neuman

Imagino que con la calma y la libertad creativa que da encerrarse en casa para hacer un disco, Neuman ha conseguido poner en orden todas sus necesidades y urgencias musicales para ofrecer su disco más sólido y preparado. Uno en el que pone a prueba sus propios límites y se centra con más ahínco en el brillo de las melodías. Uno en el que hace hogar y se queda a vivir, recreándose en pasajes eternos, en vientos dolientes y en progresiones de épica de sofá. Uno en el que resuelve cualquier encrucijada en el reposo de Granada, en el sol y en el agua que fluye. — Diego Rubio


37.

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King of Beasts
L.A.

Es un tópico pero tengo que decirlo: Si L.A. fueran de otro país serían grandes, o al menos tendrían el reconocimiento que se merecen. Kings Of Beasts es un disco variado, completo, no llega a la perfección de esa obra de arte que es Heavenly Hell pero recupera esa accesibilidad que le faltaba a sus anteriores obras.  Está claro que Tom Petty, Pearl Jam, Kings Of Leon, Counting Crows o The Beatles forman parte de la vida musical de Luis Alberto Segura, pero además explora nuevas sonoridades y eso es bueno… muy bueno. — Miguel Valiña


36.

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Mismo Sitio, Distinto Lugar
Vetusta Morla

“Olvidando las raíces pero sin renunciar a ellas, con las putadas que ello puede acarrear”. Evolución, renovación, experimentación que prepara un nuevo camino para una banda que podía haber caído en el tedio o acomodarse en un estatus ganado a pulso. Mismo Sitio, Distinto Lugar no nos lo esperábamos y eso nos ha encantado. — Miguel Valiña


35.

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Hipi Hapa Vacilanduki
Bejo

Bejo debe ser el que se mete en todos los fregaos por estar en medio, el que entra a separar. Y pude ser el que se las acaba llevando… o el héroe del lugar. En su flow siempre está la tradición del rap español, una muy bien entendida y anclada en el estilo de 7 Notas 7 Colores, siempre vacilón y reverenciando a Snoop Dog, pero también la frescura ecléctica del trap nacional y el internacionalismo de la nueva escena de música urbana, dando por resultado una fórmula bien diseñada que gusta tanto a jóvenes como a puristas y hasta se atreve a reconciliarlos. La prueba es el disco mismo, que Bejo ha sacado simplemente recopilando temas de Youtube. Si vale de algo, por ejemplo para salir en estas listas hay que tener un disco publicado, o algo que se le parezca (algo parecido opina C. Tangana), así que aunque no lo necesite y se mueva bien en el mundo del streaming, la estrategia para abrir todo tipo de puertas es 100% comprensible. — Diego Rubio


34.

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Melenas
Melenas

Desde las catacumbas del célebre garito pamplonica Nébula emerge este cuarteto femenino y guerrero que factura un garage pop de empeño vaporoso y evocador y que afila sus guitarras con seda y con algún rugoso terciopelo, fijándose tanto en la tradición Velvet Underground como en propuestas más contemporáneas como Wolf Alice. — Diego Rubio


33.

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Pxxrificación
Los Santos

De las cenizas de la PXXR GVNG y su escarceo en la industria musical de la mano de Sony, que apostó por ellos al principio, surgen Los Santos. Y es que en el mundo de Los Santos (que son Yung Beef, Khaled y Kaidy Cain, o sea, la PXXR GVNG pero sin Steve Lean) el trap es otra cosa muy diferente a lo que ellos iluminaron con su antepasado. Ahora Sony, que buscaba una putita para exprimirle el jugo a los virales y a lo que durara el fenómeno, la ha encontrado en C. Tangana, así que el resto puede vivir, de alguna manera, tranquilo. Vistos ya varios clichés del género que no ayudan a su reconocimiento como especialmente el machismo en las letras, lo que sí podemos decir es que hay una destreza superior en los ritmos tras Pxxrificación, que es un disco que además de representar en cierta manera una liberación de las ataduras de la industria ensalza además que el trap (o como quiera que queramos llamar a esta reconversión del hip hop en brazos del rnb y de los sonidos de Atlanta) es un género fundamentalmente universal. El barrio ha ido rompiendo todas las barreras raciales, y es la mezcla lo que da sentido, desde abajo, a las sociedades modernas. Es necesario incidir en que esto es parte de un movimiento más grande que lo que cabe en un solo vistazo, que ya vendrán otros a bajarle los humos y a hacer de antitópicos. Pero que, hoy, “PXXR GVNG es la banda”. Gente que está haciendo tambalearse al sistema desde dentro, casi encarnando la diabólica pantomima de lo que este puede llegar a hacer con el individuo, con sus deseos, con sus aspiraciones, con su salud mental y con su propio comportamiento. — Diego Rubio


32.

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Antigua y Barbuda
Ángel Stanich

El santanderino Ángel Stanich ha publicado un sofomoro la mar de interesante, en el que refina toda su propuesta y la hace, quizá, más accesible, pero sabiendo retener excepcionalmente toda su imaginería, su impacto estético, la capacidad para generar un reconocible y concretísimo universo musical absolutamente personal, casi mítico, de bosque, de ultramar, de tiempos de épica sucia y no tan glorioso pasado. Desde luego, uno de los artistas más sorprendentes de nuestra escena, con influencias americanas entrelazadas con un folclore muy suyo y esa voz que mira a Albert Plá, como melancólicamente punk. Antigua y Barbuda es un muy buen segundo capítulo en el cuento de este pirata de bosque esquivo con la prensa que es Ángel Stanich. — Diego Rubio


31.

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The Art Of Self-Pressure
Sen Senra

La travesía del gallego Sen Senra por el surf lo-fi y por el noise soleado de Mac Demarco parece haberle dado resultados incongruentes, en parte por su constante mutabilidad. Por eso lo que hace de verdad especial a The Art of Self-Pressure no son sus canciones, más orientadas ahora hacia el pop por el lado de las guitarras brillantes y las melodías bonachonas, sino la constante sensación de inconformismo que se intuye en ellas, un nervioso no encontrarse cien por cien a gusto con un producto en el que sí está sin embargo impresa toda su actitud y su carisma despreocupado. Puede ser eso una consecuencia de tener a los mandos a Carlangas de Novedades Carminha, gran iconoclasta contemporáneo, o la causa que le lleva a incluir un arranque de trap hacia el final del disco. Es precisamente ahí, en el trap, en la estética vaporwave y el modernismo “keep it cutre”, donde parece haber encontrado su nueva identidad, una en el que además navega mucho más cómodo. Está por llegar, de momento tan solo hay tres singles (lo que en parte invita a pensar que se ha metido hasta en la dinámica del género). Lo que narra el disco que de momento tenemos entre manos es la transición. Solo hay que leer entre líneas. — Diego Rubio


30.

Beach Party
Harakiri Beach

El nuevo EP de Harakiriri Beach, una de nuestras 11 (+1) bandas que marcarán el ritmo del indie en España, deja claro desde la portada las intenciones y caminos por los que se mueven. Beach Party resulta ser una retro-synth wave que nos ha dejado gratamente sorprendidos. Un trío que huye del redil de las 6 cuerdas: programaciones, sintetizadores, bajo y esa caja de ritmos humana que es Javi… y lo cierto es que con ello les basta para dar rienda suelta a ese pop, retro-synth, kraut!, dance, post-punk, desenfreno y hedonismo. — Miguel Valiña


29.

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Ara i Res
Mishima

Mishima han retomado las riendas del pop maduro tras varios años en un ensimismamiento más folk, más intimista, y vuelven a sacar su costumbrismo al aire de melodías más brillantes y pinceladas de épica. Dejando ellos la festividad para otros como Manel y Els Amics De Les Arts, que les han seguido en el jolgorio multicolor, los de David Carabén prefieren mantener la paleta más austera y monócroma para acercarse a la versión catalana y más optimista de The National. — Diego Rubio


28.

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Dichotomic History
Museless

Atención a este disco… una de las grandes promesas para 2018 en cuanto a electrónica se refiere. Capas y capas de loops mareantes, momentos trip-hop llenos de pasajes oscuros y melancólicos. La han llegado a comparar con Grimes (palabras mayores), nosotros la vemos más retorcida y dreamer, incluso cercana a las complejas exploraciones sonoras de Björk. — Miguel Valiña


27.

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Tabula Rasa
Willis Drummond

Tabula Rasa llegaba a comienzos de 2017 como un tiro. Los Willis se han marcado su mejor disco hasta la fecha. Más directo, más accesible, reuniendo todo lo mejor de sus anteriores lanzamientos. Por supuesto los compararán con Berri Txarrak, pero a los Willis les da igual porque de canciones, directo y actitud van sobrados. Unas guitarras de escuela escandinava a lo Hellacopters y una energía punk rock sin altibajos. Máquinas de matar. — Miguel Valiña


26.

Expectativas
Bunbury

Estamos ante uno de los discos más ambiciosos del nacido en Zaragoza. Desde la producción, pasando por la lírica, hasta los arreglos y la incorporación del saxofón de Santiago del Campo —quien estuviera con Los Especialistas—. Los sintetizadores y el saxofón nos recuerdan al Blackstar (2016) de David Bowie, también jugando con jazz y con un poco de oscuridad sin llegar a ser opaco o denso. Sin duda, Expectativas es uno de los mejores discos de Enrique Bunbury. — David López


25.

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No Youth
Klüte

Una instantánea de playa californiana, olas, surf y fiesta nocturna. Ecos a los Sugar de Bob Mould (y a Hüsker Dü, por supuesto) a los Hard-Ons, a Dinosaur Jr… Respira nostalgia, ese regusto de comienzos de los 90. Ese sonido que te traslada a esa juventud (en mi caso) en la que alucinábamos con Nirvana y descubríamos todo ese sonido Seattle, a SubPop, a Mudhoney… Esa época en que lo alternativo sí era alternativo. — Miguel Valiña


24.

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Muerdesombra
Havalina

Havalina no dejan de evolucionar, siempre buscando nuevos sonidos, arriesgando sin buscar el triunfo comercial. Rock sin límites, que nos lleva a otra galaxia. Mucho trabajo y eso se nota en la forma magistral de llevarlas al directo. Cabezalí y los suyos se merecen más, mucho más. “Su sonido guitarrero, stoner y metal (por momentos) se ha fundido con sintetizadores, haciéndonos trasladarnos a parajes desérticos lunares, paseos por el planeta rojo, navegando en la soledad y tranquilidad del espacio exterior“. — Miguel Valiña


23.

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Inside
Digital 21 ft. Stefan Olsdal

Sin desmerecer nada de lo anterior de Miguel López Mora, Digital 21, su unión (nada nueva) con el bajista de Placebo ha concebido uno de los mejores discos de electrónica de 2017. Desde la electrónica orgánica y visceral de NIN, pasando por la fragilidad de la mejor Björk hasta el sonido de club más pervertido. “Funciona como una amalgama de electrónica melódica abrigada por cuerdas que se mueve entre lo contundente y lo delicado y etéreo y que sintetiza de algún modo las influencias cruzadas que tienen ambos cerebros“. — Miguel Valiña


22.

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Secret Place
The Zephyr Bones

Entre Chile y Barcelona desarrollan su actividad estos jovenzuelos que llegaron a viralizarse en Spotify con su single ‘Black Lips’, que tienen miembros en Medalla y que han servido de inspiración, por ejemplo, a los murcianos Poolshake, convirtiéndose un poco en los baluartes underground de la nueva oleada de dream pop psicodélico y calentito, de vientos estivales, brisas costeras y días soleados. Su éxito trasciende nuestras fronteras, y lo que está por venir. — Diego Rubio


21.

 

Infrasoinuak
Berri Txarrak

A Berri Txarrak le ha llegado el reconocimiento merecido. Sorprendieron a todo tipo de público con su triple Denbora Da Poligrafo Bakarra, que mostraba las distintas facetas estilísticas que a nuestro modo de ver se recogen concentradas en este nuevo Infrasoinuak pero asociadas ahora a un regreso a sus inicios. Diez pildorazos que van desde el punk rock o hardcore más directo al power-pop más guitarrero de unos Weezer, por ejemplo, con una producción atronadora. Impresionante de principio a fin. Para nosotros, su mejor disco. ¿Cómo te quedas? — Miguel Valiña


20.

Lume
Bala

El dúo gallego ha crecido de forma exponencial. Se lo han currado en los escenarios de todo el mundo (Australia, Japón e Inglaterra incluidos) con esa mezcla de stoner, grunge, punk riotttt y hardcore cantado en galego que te destroza. No son flor de un día , se lo han currado (damos fe) y lo que tienen se lo han ganado. ANX y Violeta arrasan allá por donde van y este último disco es una hostia en toda regla que resume todo lo que acabo de decir. ¡LUME! — Miguel Valiña


19.

Algo Real
Kokoshca

Algo Real es lo que buscan precisamente Kokoshca. Algo auténtico, que chille y que golpee. Como sus guitarras, que abrigan una propuesta punk garagera y ruidosa con aspecto intencionadamente rudimentario que pasa por una Velvet Underground de provincias (hasta rupestre), que adopta esa filosofía de barra de bar y carga con sutileza contra el cuñadismo más casposo. Que aprehende a La Bien Querida o a Los Punsetes pero también a los Gabinete o a Loquillo y los pasa por un filtro-picadora más stoner, más desértico, más western. Quizá todo quede resumido en el clímax de ‘No Queda Nada’ y en ese mantra demoledor : “estoy pensando en dejarlo, y es que ya son muchos años”. Si no queda nada real, mejor abandonar el barco. Para bien o para mal. — Diego Rubio


18.

Captains
Captains

Que no despiste el mal etiquetado folk de la alemana afincada en España Fee Reega a la hora de afrontar el disco debut de su proyecto al frente de la banda Captains. En solitario ha ofrecido un sensacional Sonambulancia más avocado a una negrura vaporosa y onírica que la conecta tanto con Lana del Rey como con Weyes Blood y su purismo, y por aquí si tiene el folk más cabida en su sonido. Pero en Captains le da literalmente una hostia a cualquier vocación más evocadora con un debut homónimo que combina como pocos fuerza y oscuridad y en el que la voz por momentos frágil de Reega contrasta con un muro de guitarras rocosas y contundentes. Hasta que se equipara, casi a placer, a esa fiereza guitarrera, recordando incluso a Savages e invocando esa gravedad de maldición que tan bien le sienta a un sonido que recurre tanto al punk como al kraut sintético y al western rock y que parece contar en cada nota la historia de las viejas grandes ciudades de Europa. — Miguel Valiña y Diego Rubio


17.

Orgullo y Poder
Medalla

Desde el corazón de The Saurs, lo que explica en parte su fichaje por El Segell del Primavera, surge este proyecto barcelonés que incluye también a miembros de The Zephyr Bones o The Cross & Mulberry Tree y que ya desde la tipografía con la que acostumbran a escribir su nombre, incluso en redes sociales, avisa de lo que ofrece. “Una buena hostia que le haga despertar”, Orgullo y Poder es un conjunto sólido de diez canciones que encuentran su sentido último en el punk ochentero (se pasean de algún modo Parálisis Permanente) pero que crecen desde ángulos muy diferentes, integrando fundamentalmente el kraut y el heavy y sus riffs (desde el propio sello les comparan con Judas Priests), lo que les sitúa en un peculiar espacio, en una suerte de neo glam. — Diego Rubio


16.

Beat Kamerlanden
Vulk

Parquet Courts y David Bowie se encuentran en alguna plaza de Berlín que realmente no es tal, sino alguna sala infernal de Bilbao. De ahí viene este cuarteto letal que ha hecho del post punk el remo de su barca y que navega a base de poner toda la carne en el asador. Hay una evidente influencia del synth ochentero y del kraut, de la marca Joy Division y esa oscuridad angustiosa conducida por guitarras vibrantes y afiladas y mareas de ruido que acallan la continuidad marcial y secante del ritmo, pero también hay ganchos traídos de otras interpretaciones modernas y una constante brisa sintética. Una delicia de debut, de lo más intenso del año. — Diego Rubio


15.

Predación
Pablo Und Destruktion

Gentleman maldito, cantautor tóxico…personaje puro y auténtico sin pelos en la lengua. Letras de rock urbanita, dolorosas, inteligentes e hirientes, folk espacial y teatro castizo que muestra el lado oscuro que nadie quiere mostrar en la sociedad de la autocomplaciencia y el saber estar. — Miguel Valiña


14.

Europa Sí
El Pardo

El alma hardcore de El Pardo sigue en el corazón de estas canciones que componen este estupendo alegato contra la estupidez y repasan en clave irónica aspectos mucho más universales de lo que acostumbra a tratar la banda de Madrid. Es ese punk sucio y ruidoso, estridente y rugoso lo que sirve para encauzar un discurso de agotamiento, renuncia y escepticismo acabado, el mismo que les ha abocado a dejarlo, a anunciar su retirada con un disco que, de algún modo, les acercaba a la madurez. Con una producción que aprehende el krautrock y el espíritu bailable de León Benavente pero que también retiene el bizarrismo desarrapado de un Pablo und Destruktion, El Pardo además han afilado su vertiente pop para sumarse de algún modo al revival de la Movida, con melodías más brillantes y más surf, y en esa faceta le dedican una canción redonda al “yerno ideal”, Albert Rivera. Los tiempos cambian, pero apenas lo hacen, e igual que Europa Sí relata la desvirtuación, caída y colapso de nuestra izquierda socialista (y de toda una ideología), El Pardo asiste en él su propio ocaso. Una pena, porque qué gusto da escuchar ese ska buenrollero y afilado que es ‘Skasta’. “Ska, ska, ska, ska es casta, los señores de izquierdas, también somos la casta”. — Diego Rubio


13.

Otros Principios Fundamentales
Viva Suecia

El secreto de Viva Suecia es fácil de descifrar pero igualmente difícil de tomar como ejemplo. ¿Cuáles son las claves para triunfar así, de la manera en que lo han hecho Viva Suecia, tan rápido, con tanta solvencia, con seguridad y, por encima de todo, con la sensación de recompensa merecida, dejando satisfechos a casi todos por igual, prensa, público e industria?. Quizá sea el trabajo, pero sinceramente la mayoría de los que integran esta lista curran como cabrones. Quizá sea la exposición, que ha habido mucha (desde la semiviralización de algunos temas en redes sociales a prácticamente todas las tardes festivaleras del año, pasando lógicamente por abanderar en gran parte el paso de lo alternativo a la radio mainstream), pero esto se va más de las manos de lo cuantificable. O su sonido, heredero evidente del triángulo que conforman Los Planetas, Supersubmarina y Vetusta Morla. Pero probablemente sea la ambición, sea la actitud, sea creérselo. Viva Suecia han enfrentado Otros Principios Fundamentales creyéndose unos Planetas en la cresta de la ola, como unos Vetusta sin las presiones del éxito. Y aunque el producto es caduco, hoy (y de momento también mañana) seguirán viviendo su momento de gloria. Merecidísimo momento de gloria. — Diego Rubio


12.

Voyeur Amateur
Nudozurdo

Nudozurdo es un grupo de culto… eso es lo que dicen de ellos, para nosotros es una de las mejores bandas del panorama nacional. En Voyeur Amateur dejan de lado esa experimentación electrónica de Rojo Es Peligro y vuelven al sonido de guitarras, lleno de aristas y oscuridad, depresión y desesperación, pero que Leo envuelve y presenta de forma tan apetecible, cual caramelo envenado, tanto que te acabas enganchando. Un déjà vu que me retrotrae a esos Love & Rockets (ex Bauhaus) de primeros de los 90. Un álbum con el que intentan dar un paso más para conseguir un reconocimiento para el gran público (ellos mismos lo reconocen). ‘Bondage Belcanto’ y ‘Voyeur Amateur’ son himnos a la altura de ‘Hijo de Dios’. Así de claro. — Miguel Valiña


11.

Sentido del Espectáculo
Biznaga

Supongo que incluir este disco en un lugar importante en nuestra lista, como medio digital que somos, puede resultar un poco ambiguo a la par que un poco masoquista. Pero no podíamos obviar la realidad: vitalidad, letras críticas e hirientes (valga ‘Mediocridad y Confort’ como estandarte de esta idea)… en otras palabras, punk adaptado al siglo XXI. En este segundo LP los madrileños van directos al grano, todo lo que piensan te lo acaban diciendo. Son como Gravesen pero sin “gravesinhas”, ya que no dejan sitio para los alardes. Y es que, aunque reparten a todos los lados, sabes (en el fondo) que su labor es necesaria. — Pablo Lafarga


10.

Banzai
Gata Cattana

Banzai, el disco póstumo de la gaditana Gata Cattana, es una de las más agridulces piezas de arte que ha dado en los últimos años nuestra producción nacional. Porque no se puede escuchar sin caer en la cuenta de que ya no habrá más discos de la Gata, pero tampoco sin alegrarse por estar escuchando semejante trabajazo. En la misma línea que C. Tangana, alejada del rollo más hustler,más ácido y tirao de granaínos y Barcelona, ella sin embargo mantiene un buen gusto excepcional y olvida competiciones estúpidas (¿desde cuándo se compite, de competir de verdad, no de ponerse como punto de referencia para superarse, con uno mismo? ¿hay algo más capitalista que eso?). Banzai es un magnífico disco de r&b, mucho más allá del hip-hop aunque sea el lenguaje narrativo escogido. La Mala Rodríguez y su ambientación fusión, que deja entrar arreglos de jazz o de ritmos más universales, son una influencia evidente, pero también lo son grandes divas del neo feminismo musical como Princess Nokia y el rap más tradicional, siempre integrados con bases de trap y con pulsos intensos. Una pena preciosa. Belleza de la que duele. — Diego Rubio


9.

Un Atasco
La Plata

Es un EP. Y sí, aunque sólo está formado por tres canciones (‘Un atasco’, ‘Esta ciudad‘ y ‘La luz’), su puesto en la parte alta de esta lista no es algo aleatorio. Ritmo rápido, constante incitación al baile y unas letras que reclaman ser recitadas en paralelo a la banda (lo que se suele catalogar como pop) son las señas más características de esta primera propuesta de esta joven banda que seguro que en 2018 nos dará más razones para hablar de ellos. — Pablo Lafarga


8.

Fuego
La Bien Querida

La Bien Querida se ha asentado con comodidad en una situación de privilegio dentro de nuestro pop, muy en parte gracias a un estilo personal e inconfundible que sin embargo se resiste a encorsetarse y sabe experimentar lo justo para permanecer fresco y estimulante, pero también gracias a enormes singles como los contenidos en Arenas Movedizas, su propio giro electrónico, y a un descomunal tratado como es el triple Premeditación, Nocturnidad y Alevosía. Ahora, con Fuego,aúna con exquisito gusto su vertiente más tradicional y folclórica con todo lo aprendido en aquellos otros dos, desde el espíritu bailable al cuerpo sintético y pasando siempre por pasajes de épica y oscura melancolía, y vuelve a demostrar por qué ha alcanzado aquel lugar por propio derecho. — Diego Rubio


7.

Vendetta
Presumido

Synth-pop mezclado con letras tan evocadoras como caracterizadas por esa “retranca” gallega. Te atrapa y te envuelve en una atmósfera en la que las canciones (que recuerdan a M83 o incluso a Depeche Mode) te generan una  bipolaridad a través de la cual puedes reír llorando o llorar bailando. Disco debut de estos gallegos que, como ya hemos dicho más de alguna vez, apuntan alto. — Pablo Lafarga


6.

45 Cerebros y 1 Corazón
Maria Arnal i Marcel Bagés

Si te quisiese condenar a la ignorancia y a la pobreza, este sería uno de esos discos de 2017 que no te recomendaría escuchar. María Arnal i Marcel Bagés han conseguido plasmar en un sólo disco, tras varios EP anteriores, mantener ese aspecto tan vigente como antiguo, la memoria. Crudo como la historia que nos cede el pasado y duro como la cotidianidad en la que estamos inmersos.  Once temas que componen un trabajo que, conforme más veces se escucha, más veces pica. Una de las joyas que nos deja el año. — Pablo Lafarga


5.

mejores discos nacional 2017

Zona Temporalmente Autónoma
Los Planetas

Un título más que profético. “Haciendo patente lo que en algún punto empezó como un pequeño giro hacia las raíces”. Cuando algunos ya habíamos perdido un poco la esperanza en Jota y los suyos, nos sorprenden con Zona Temporal Autónoma, uno de los mejores discos de su carrera. Sin sobrecargas de ese halo flamenco que lo inundaba todo en sus anteriores lanzamientos, acercándose de forma más bien ideológica (que no musical, pero lo simbólico es quitarle de la boca las palabras a Yung Beef) a estilos tan de moda como el trap, firmando una de sus mejores canciones  en años ‘Islamabad’. — Miguel Valiña


4.

Para Quienes Aún Viven
Exquirla

Hay proyectos y proyectos. Y este formado por El Niño de Elche y Toundra es uno de esos que perdurarán, especialmente este primer disco. La unión entre el cantaor y la banda de post-metal instrumental resulta innovadora, asombrosa y embriagadora. Temas como ‘Canción de E’, primera canción del disco y cuya introducción es apabullante, retumbarán en tu cabeza. Prepárate para comer polvo escucha tras escucha. — Pablo Lafarga


3.

Magnolia
Rufus T. Firefly

Llegaron en el momento justo , un soplo de aire fresco en la  encorsetada escena “indie” nacional. Una evolución notable en su sonido, rock  lleno de pequeños y accesibles tintes psicodélicos, con unas letras de ensueño. Led Zeppelin, Pink Floyd, Radiohead o Tame Impala forman parte de una hipotética playlist de los Rufus T. Firefly. Creadores de unos paisajes oníricos de muerte, amor y esperanza que rozan la perfección y se desmarcan de tanta banda clónica. Uno de los grandes triunfadores de 2017. ¡Ah! Portada, además, espectacular. — Miguel Valiña


2.

Los Ángeles
Rosalía & Raül Refree

Puedes escuchar, o debes, anotado este Los Ángeles en el que la jovencísima estudiosa de musicología y flamenco en Barcelona Rosalía ha dado un repaso en forma de revisión experimental a la tradición del cante jondo de la mano siempre visionaria de Raül Fernández Refree. Porque sirve casi como su propia tesis doctoral, un complejo telar de retazos perfectamente entretejidos, un trabajo de estudio, de documentación, de investigación. La Niña de los Peines, La Mejorana, Aurelio Sellés, Rafael de León, la copla embrujada de Miguel de Molina, Antonio Canillas, los tientos de Antonio Chacón, Antonio Molina, Enrique Morente… grandes voces del flamenco y de la copla puestas al servicio de un aullido intemporal, terrestre; corpóreo pero también fantasmagórico. Desnudo pero coral.

‘La Plata’, de hecho, arranca con la copla mítica ‘Cuando Yo Me Muera’, que tuvo su pequeña controversia especializada cuando el estudioso Félix Grande acusó de plagio al escritor romántico Juan Valera por utilizar precisamente esta coplilla para un soneto dedicado a una amada. Y sobre ella se compone también ‘El Querer Que Yo Te Tengo’, otra vieja seguiriya también conocida como el cabal del Pena y hecha famosa por él en Jerez partiendo de un original de Silverio Franconetti, un renovador nómada del flamenco de finales del siglo XIX.  En ‘Que Se Muere, Que Se Muere’ pone voz a un cante jondo que aparece, y no es casualidad, glosado en un poema de Blas de Otero (‘El árbol que creció en un espejo’) que cantó también Rafael Farina, colaborador de Lola Flores o Concha Piquer, tío del Cigala y abuelo de Tamara. Como tampoco son casuales las guajiras de los grandes cantaores sevillanos Pepe Marchena y el Niño de la Huerta de las que se sirve en ‘Te Venero’, y que se resuelven cruzando el charco y el estilo en la guajira-son (al final la guajira es una adaptación flamenca del punto cubano) más canónica de todas, la ‘Guantanamera’ del cubano José Martí. En America se queda, y hasta EEUU sube para versionar ‘I See A Darkness’, una canción de Bonnie Prince Billie que luego recuperó Johnny Cash para sus American Recordings y en la que se enfrenta la muerte en soledad (un leitmotiv en Los Ángeles y en toda la tradición flamenca). Con ella cierra el disco, y con ella empezaron a trabajar juntos Rosalía y Refree, solos enfrentando la “voz de vieja” de la una (piropo de Pepe Habichuela, cuenta ella misma a Tentaciones) con esa guitarra descastada y roída del otro, su rasgado rugiente, pasional, lorquiano y sanguinolento.

Brillante, sobrecogedor. Por ser estas dos cosas lo que precisamente hace Rosalía en Los Ángeles, glosar y traer aires frescos desde lo ajeno, lo extraño, como un polizón en el barco de un género estricto. Por eso digo que es necesario entender la complejidad de referencias de las que se ha servido. La vida y la muerte, la casa y el camino, el cielo y el infierno. La tierra, atroz y reclamante; las nubes, etéreas. Una dualidad entre tradición y experimentación, entre espontaneidad y estudio. El brillo helado de la yerma noche y la pasión de fuego del animal bravío. El quejío de la historia de nuestra cultura más primaria.  — Diego Rubio


1.

Fruto Panorama
Cala Vento

Recién estrenado 2017 nos llegaba esta maravilla. Cala Vento son dos amigos que hacen canciones “bonitas”. Canciones enérgicas, cercanas, sinceras, reales… Apadrinados por el gran Eric Fuentes, es normal que Fruto Panorama rezume toda esa actitud y ese sonido Costa Brava de los Nueva Vulcano o Unfinished Sympathy, pero con un plus de accesibilidad. Una de las bandas emergentes del 2017, sin duda. Y un futuro ensordecedoramente brillante por delante. — Miguel Valiña


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