Melaza se une a Bandalismo: Boogaloo e inicios de la salsa dura

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La marca de ropa independiente Melaza nos acompañará en nuestro octavo aniversario. Su línea se inspira en la influencia que ejerce la música latina sobre el discurso anglosajón, y repasamos en esta serie los orígenes de dicha relación


Uno de los colaboradores del próximo concierto aniversario de Bandalismo, esta web abierta en 2009, es Melaza, una marca de ropa con una filosofía muy definida. Melaza nace con la necesidad de llevar la cultura caribeña a la calle, a las calles de este mundo grande y diverso, y se hace a través de algo tan identitario como la ropa. Detrás de cada diseño de Melaza hay un concepto, una frase popular, una cita de una canción, una palabra o un símbolo relativo al caribe, a lo que lo define como cultura. La mayoría de sus prendas son en edición limitada, apostando por el valor de lo artesanal y de las cosas hechas con cariño y dedicación para conseguir una prenda de calidad.

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Una fuerte inspiración para Melaza es la música, sobre todo la música latina que empezó a sonar por los 70 en Nueva York, la salsa dura, en un contexto cultural y social donde la expresión latina y caribeña arraigaba con fuerza en los barrios neoyorkinos a través de estilos como el boogaloo, que como la pachanga en su día, y la salsa dura más tarde, identificó a los jóvenes latinos, mayormente nuyoricans (puertorriqueños emigrados o nacidos en N.Y.), frente a la ola pop/rock anglosajona personificada en la beatleamanía que reinaba entonces en la gran manzana y donde la cada vez mayor y diversa comunidad latina no se sentía reflejada ni identificada, ni en contenido ni en estilo, en los ritmos netamente estadounidenses que ya se venían consolidando por la fuerza de la industria en la cultura popular de la nación del norte.

El boogaloo, o bugalú si se prefiere, por entonces en la década de los 60 era un sonido novedoso que mezclaba géneros como el r&b, el soul, el jazz y otros ritmos afronorteamericanos con ritmos caribes como el mambo, el son montuno, la pachanga y la guaracha. Cantado indistintamente en inglés, español o spanglish aderezado con gritos, bocinas, pitos y exclamaciones que reflejaban el ambiente social callejero/festivo de la comunidad latina en barrios de Nueva York como el East Harlem, Brooklyn o el Bronx, en el aún hoy llamado “cuchifrito circuit”, en alusión a los platos de carne frita y a la parrilla que ofrecían las tascas, bares y restaurantes latinos de “poca monta” de estas zonas de la ciudad, por donde desfilaron artistas que más tarde, con el boom de la salsa dura de los 70, llegarían a colgar el cartel de sold out en circuitos y locales más prestigiosos como el Madison Square Garden, el Palladium o el Yankee Stadium, como lo hicieron en la época dorada de las big bands en los años 40-50 las orquestas de Tito Rodríguez, Machito, Tito Puente o el catalán Xabier Cougat.

Para finales de la década de los 60 el boogaloo, aunque ya había marcado su impronta con clásicos como ‘El Watusi’ de Ray Barreto que si bien no es estrictamente un boogaloo, es uno de sus más importantes precedentes, ‘Bang Bang’ del Joe’s Cuba Sextet  o el siempre vigente ‘I Like It Like That’ de Pete Rodríguez.

Para entonces ya había sido desplazado de la escena cultural latina neoyorquina por otro estilo que, si bien no es su heredero directo, en cierta forma puede decirse que evoluciona de él en su concepción heterogénea de géneros y estilos a la hora de afrontar la creación musical: la salsa dura. Un género que, ante la cada vez mayormente asentada comunidad latina formada principalmente por emigrantes puertorriqueños y cubanos exiliados, buscaba una identidad más propia con la cultura Caribe y las raíces que dejaron atrás, conjugada con la dura realidad social urbana que les tocaba vivir como inmigrantes en su nuevo hogar, volviendo su mirada al repertorio clásico cubano en clave de son y a los géneros más folclóricos puertorriqueños, como la bomba y la plena con fuertes influencias jazzísticas en su ejecución, conjugando las tendencias musicales estadounidenses del momento como el funk, el soul, el r&b e incluso el rock con arreglos más contemporáneos y experimentales y la adición de nuevos instrumentos considerados “no canónicos” dentro de la música tradicional afrocubana, como por ejemplo trombones en busca de un sonido más crudo, urbano y “malandro” en sintonía con la realidad social vigente en las comunidades latinas de los barrios de Nueva York por aquel momento, en detrimento de otros como el saxofón, muy ”gringo y empalagoso” para lo que se estaba cocinando en aquel entonces en sitios como Hells Kitchen de la mano de un jovencísimo Willie Colón, que con apenas 16 años sacaba su primera producción discográfica titulada ‘El Malo’.

Con el legendario cantante Hector Lavoe a la voz del proyecto y bajo el sello discográfico Fania Records, que a partir de entonces definiría y marcaría la pauta de la escena musical latina desde Nueva York hacia el caribe urbano en países como Colombia, Venezuela, Puerto Rico o Panamá y que rápidamente asimilarían el movimiento haciéndolo suyo por derecho propio e integrándolo perfectamente a la cultura urbana caribeña, ayudan a configurar el nacimiento de lo que entonces se conoce como el boom de la salsa dura a principios de los 70, que conquistaría audiencias y mercados tan variados como el japonés, el anglosajón o el africano de la mano de Fania hasta su declive y caída a principios de los 80. De estos orígenes, auge, caída y posterior rescate y resurgimiento actual de la salsa dura, hablaremos si nos permiten en la siguiente entrega, en gran parte a través de la historia de Fania Records ya que, si bien no son sinónimos, no se puede entender la existencia de la una sin la otra y viceversa.


Puedes consultar el catálogo completo de Melaza a través de su página web: www.melazawear.com.

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