¿Está tan mal el cartel de Coachella 2018…?

cartel coachella 2018

Mucho se está hablando del cartel de Coachella, encabezado por Beyoncé, Eminem y the Weeknd y escenificando la (enésima) muerte del rock


Ya está aquí el cartel del Coachella. El mítico festival del valle de Indio, en el desierto californiano, volverá a dar el pistoletazo a la temporada internacional de festivales el próximo abril. Y, por primera vez en muchos años, la primera reacción popular no ha sido una boca abierta y la constatación de que en Coachella están siempre todos los que tienen que estar, sino más bien sorpresa por lo que se está considerando el peor cartel de su historia.

Las redes son así de espontáneas, ya lo sabemos, pero sería injusto no pararse a pensar en las necesidades de Coachella en este momento ni a reparar en cada una de las bandas y cada uno de los artistas que pueblan las líneas medias y bajas de cada jornada. Toda vez que los cabezas de cartel ya se filtraron hace unas semanas y no deberían sorprender a nadie.

Beyoncé ya estaba confirmada desde que se viera obligada a cancelar el año pasado a causa de su embarazo, Eminem acaba de sacar su disco de retorno (¿para qué? nos preguntamos muchos) y es comprensible que lo presente en el festival #1 de Norteamérica y The Weeknd se ha convertido en una superestrella mundial después de confirmar con Starboy todas las buenas sensaciones y el órdago al mainstream que dio con Beauty Behind The Madness. No son lo que se espera a priori de un festival que hace veinte años programaba en la cabeza a gente como Beck, Tool, Moby o los Chemical Brothers, pero tampoco se puede olvidar que diez años atrás los cabezas fueron Jack Johnson, una reunión de Portishead y Roger Waters haciendo Dark Side Of The Moon

No hay refritos en Coachella 2018, no hay super-reuniones anunciadas a bombo y platillo. Y no hay rock, dicen, pero sí lo hay en la parte media-baja y siempre con ánimo renovador (si no es King Krule la mejor noticia del año para el género es que yo no tengo ni idea; quizá podrían estar The National, que por otro lado entran en la etiqueta “vistos” que algunos están utilizando con poco criterio…). Tampoco hay EDM, y sí una sensación constante de electrónica pop bien entendida. Faltan nombres, es evidente. Este año no lo llevan todo, pero desde luego llevan una nutrida representación de los mejores discos de 2017, que es algo de lo que de momento solo puede presumir All Points East (mejor cartel de la temporada de momento).

No se puede negar que hay un cambio evidente, pero ya hablamos el año pasado después del Primavera Sound, del Mad Cool y del NOS Alive, los tres festivales más grandes a los que tenemos acceso en España, de que el club reclamaba su espacio, que el rock se redesplazaba a las salas, que el indie empezaba a agonizar en las cabeceras festivaleras y que los géneros que lo petan son una suerte de pop de orientación y recursos electrónicos y el r&b y todas sus vertientes contemporáneas. Y Coachella 2018 no hace sino confirmarlo, dar un paso más en esta difícil transición que se terminará replicando seguramente en el resto del mundo.

Que no es oro todo lo que reluce en Coachella, dónde va a parar. Que también hablamos el año pasado a tenor de la décimo séptima edición del festival del proceso de McDonalización que ha vivido desde que los intereses económicos de una industria en reconversión le robaron la autenticidad, si es que algún día llegó a tenerla. Y que es ese proceso el que termina desembocando en un cartel como este. Uno que vende sus mayúsculas a las grandísimas audiencias, a las más brutales (¿cuántos a la misma altura en la industria podrían liderar este cartel? Si no está Jay-Z es porque algo tendrá entre manos, Kendrick ya fue el año pasado, los discos de Jack White o Kanye West no llegarán a tiempo, lo mismo que el de los Arctic Monkeys… hay que ver el grano entre tanta paja), y que al menos puede presumir de evitar el constante revival de las bandas post grunge.

Uno que oculta su excesiva masificación y su afán catch all con una letra pequeña llena de diamantes en bruto. Daniel Caesar, Kali Uchis, Kelela, Moses Sumney, Pvris, Carpenter Brut, The Blaze, Boogarins, Brockhampton, Jorja Smith, Tom Misch, Yaeji, Big Thief, Sigrid, Bedouin, Priests, Aurora, Kamaiyah, Japanese Breakfast… siempre queda mandanguita que descubrir en Coachella, así que, en el fondo y aunque parezca el peor cartel de su historia, no es sino el cartel que Coachella debe sacar en 2018. Uno más. Nada más y nada menos.

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About Diego Rubio Méndez

Soliloquísimo. Bowie se me apareció en sueños y no me dijo nada, pero supe que la música iba a ser el camino de mi vida.

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