Crítica: A.A.L. (o Nicolas Jaar), todo contra la lógica

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Nicolas Jaar se abandona con Against All Logic a la pulsión corporal del disco, al ritmo desenfrenado del funk y al desenfreno del dance y sigue dejando la marca de la casa


La premisa con la que se enfrenta el disco de Against All Logic es que viene a ser una recopilación de temas de entre 2012 y 2017 que Nicolas Jaar ha ido componiendo como una continuación de sus primeros trabajos con el sello Wolf+Lamb, mucho más enfocados al baile. Hasta ahí la premisa, pues Jaar no ha hecho ningún comentario al respecto y todo lo que hemos podido saber ha sido gracias a Pitchfork y a Crack Magazine.

Vale, pues es darle al play y deducir que vas a conocer el infierno. Bailando sí, pero el infierno. La intro de ‘This House Is All I Have’ es un tótum revolutum espectacular, un tema de soul pantanoso con épica ominosa que se va relajando en la instrumentación, que se va pasando a un soul mucho más brillante y coral y que va dejando los crepitares de ruptura. Que se acerca a Jungle pero en versión serena, seria. Y es que Nicolas Jaar ni aposta puede dejar de aplicar un cariz intelectual a su música.

Lo sigue demostrando en ‘I Never Dream’, una espiral de house ruidoso con carácter de uk garage y mucho del Jamie xx más clubero que, igual, se va relajando sin dejar de sumar diferentes ritmos de batería, loops imposibles y sutilísimas voces. Que se asienta en un constante ciclón centrípeto en torno al que no para de crecer la atmósfera del tema hasta que rompe sin romper, en un sueño de dance brillante.

Pero pese a no dejar de resultar intelectual, aquí la intención evidente es mostrarse sin complejos, enfocado a conceptos más primitivos. Un peligro confundirlos con simples, Nicolas Jaar se abandona con Against All Logic a la pulsión corporal del disco, al ritmo desenfrenado del funk y al desenfreno del dance y sigue dejando la marca de la casa, la oscuridad penetrante, la aspiración psicodélica, el influjo de beats latinos y el compromiso que va más allá de la música en sí misma.

‘Some Kind of Game’ escenifica perfectamente la pretensión de ir, definitivamente, contra todo atisbo de lógica. Es fuego y es incomprensible, es un siempre hacia arriba de disco inferno y probablemente uno de los temas más jodidamente bailables de la discografía de Nicolas Jaar. Hacia el final se oscurece, se ennegrece, se sumerge en las aguas enlodazadas del deep house y tira hasta de latigazos tehno hasta el abrupto final.

‘Hopeless’ puede estar más en la línea de lo que Jaar hace normalmente, con una tenebrosa línea de sinte ejerciendo como centro gravitatorio de un tema aspirado, opresivo, eléctrico, lleno de voces tan ancestrales como digitales y saturado que encuentra en un bombo letal su horma perfecta.

Y ‘Know You’, sin embargo, rompe de golpe cualquier linealidad con un beat elástico traído del electro swing y que recuerda mucho a la escuela Todd Terje, a esa fusión entre el disco franconeoyorquino y el swing. La sucede, también en otro orden de cosas, ‘Such A Bad Way’ (con sample de ‘I Am A God’ de Kanye West), que parece más un nu disco colorido como también le gustan a Jamie xx, que vuelve a ser referencia explícita. Que no pase desapercibido que el álbum fluye como el agua, que es imposible dejar de prestar de atención y que el bombo, directamente, esclaviza. La intensidad atrona pero sin perder nunca el buen gusto, el tacto de modisto, el pulso de cirujano. Tanto que el aullido que corta la canción, una de esas expresiones absolutamente humanas, podrías haberlo emitido tú mismo.

Otro final abrupto pone de manifiesto que este disco no encierra conexión alguna más allá del espíritu de baile, que los temas son más bien ideas y mezclas para sesiones de distintos estilos bailables con el house y el disco como combustible principal y que demuestran el amplio abanico y la enorme versatilidad del dj chileno. En su línea se presenta también en ‘Cityfade’, que ya induce esos ritmos tribales y latinos con los que a mi personalmente me arrasa. Salvaje electrocumbia se marca, casi surfeando tangencialmente la vibrante superficie de la obra maestra Sirens (las sirenas aparecen al final, de hecho, llevando a otra dimensión esta especie de guerrilla urbana en forma de temazo implacable) con la que nos deslumbró en 2016.

‘Now You Got Me Hooked’ y ‘Flash In The Pan’ sí suponen el trayecto más tedioso del álbum, más relleno para mezclas que temas en sí mismos salvo por ciertos estallidos puntuales, esa electrónica rasposa que a veces emplea y el electroshock cibernético que empieza a asaltar al álbum en su último tercio. Que son probablemente los cortes que mejor expongan que este no es un disco al uso de Nicolas Jaar, que no deberíamos ni valorarlo como tal y que por eso precisamente él no lo ha lanzado con su nombre ni le ha dado promoción alguna. Pero quizá sí habría que poner de manifiesto que es interesante acercarse a su fondo de armario y comprobar, de nuevo y por enésima vez, que estamos ante uno de los dj más prolíficos, diestros y necesarios de su generación. Un verdadero maestro contemporáneo de las mezclas.

El espíritu de la escuela de Chicago vuelve a poseer ‘You Are Going To Love Me and Scream’, que hacia el final se permite algún choque discordante de IDM en la línea de Aphex Twin y alguna distorsión difícilmente perceptible. Y ‘Rave On U’, para cerrar, regresa también a los espacios amplísimos del nu disco, a las percusiones sequitas y agudas y a las líneas de synth, convirtiéndose poco a poco en un tema ácido que recoge la influencia, como el propio nombre invita a pensar, de la cultura rave y del dance. Que viaja al deep en el tramo final y que se satura al estilo Maceo Plex, con ese progressive deep solar.

Al final, algo más de una hora de Nicolas Jaar preparando sus sesiones de baile. ¿Era necesario? Pues no. ¿Sobraba? Evidentemente tampoco. Qué bueno eres, Nicolas Jaar…


8 / 10


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About Diego Rubio Méndez

Soliloquísimo. Bowie se me apareció en sueños y no me dijo nada, pero supe que la música iba a ser el camino de mi vida.

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