Crítica: C. Tangana, seguro de su posición

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C. Tangana asimila el éxito y lo convierte en pura normalidad en Avida Dollars, un retorno a su visión más underground del trap


La ambición y la pasta. La esencia de C. Tangana y lo que cada vez más parece dar sentido al personaje. Sin ese deseo ímprobo y casi súcubo de hacer dinero no tendría el madrileño esa ambición inagotable que le ha llevado a estar donde está. Hacer dinero como forma de arte, que es sobre lo que reflexiona en un curioso spoken word al final de ‘Baile de la Lluvia’, tomado de Andy Warhol (a su trabajo recuerdan las portadas multicolor de la promo)y relacionado claramente con el propio título de la mixtape, un anagrama despectivo que empleaba André Bretón contra otro de los surrealistas, Salvador Dalí, precisamente por haber dado el salto del negocio en la concepción de su arte.

Conseguirlo podía ser divertido, incluso alguno pudiera estar tentado de pensar que a Puchito solo iba a motivarle el reto, el camino, el ascenso y que podía acomodarse en su fórmula del éxito. Y Avida Dollars no es lo contrario, pero ni por asomo es lo mismo. Si Ídolo narraba (a su propio ombligo) la construcción de la estrella (en un idioma mucho más comercial, por cierto), esta mixtape que lo sucede hace lo propio con la asimilación del éxito. Algo que no estresa a Tangana, algo que el rapero maneja a la perfección.

Eso es Avida Dollars, en definitiva: una fría estabilidad. Un conjunto afilado de 9 canciones y menos de media hora de duración que repasa todos los clichés de sudapollismo y soylapollismo pero los adapta a un nuevo momento, uno en el que parecen más creíbles. Menos deseo que realidad banal con la que lidiar en el día a día. A los comunes se nos quedan las llaves en el coche, sí, y el abono transportes en el bolsillo de la chaqueta que se quedó en el armario, o no llegamos a fin de mes. Tangana está como nosotros pero su coche es un Ferrari y el problema con el dinero lo tiene para contarlo, para invertirlo, para organizarlo, para conseguir que cada paso artístico, por pequeño sea, venga acompañado de un cero más en la cuenta corriente.

Si había algún atisbo de inseguridad en alguna parte de Ídolo, aunque estuviera bien escondido, en Avida Dollars C. Tangana es pura solvencia y reafirmación. Normaliza su personaje y convive con él más cómodo que nunca. No es ningún secreto que Pucho es discípulo moral de Drake, pero aquí le mira de cerca y queremos ya colaboración. Que sí, que ‘Still Rapping’ puede resultar un poco una versión más oscurita y agitada de ‘Los Chikos de Madriz’, que ‘Sangre’ ya está muy vista. Pero son nuevos y muy interesantes los giros a las bases más brumosas y psicodélicas, a los bajos profundos como los de ese brindis por varios amigos y colaboradores que es ‘Cabernet Sauvignon’ o el final de ‘Cuando me Miras’, la canción más sorprendente del álbum, una balada preciosa responsabilidad del colorista seguidor del sonido Lil Yatchy Enry K.

Una apertura general que se plasma en una lista de productores inteligente y ecléctica y que incluye lo mejor de cada casa nacional (y alguna internacional). Y que también está en el propio sonido que plantea Tangana en la mixtape, espacioso, minimalista y ampuloso, más en la línea del trap europeo (ese sonido Yung Lean o Post Malone) y culpa seguramente de la mano de los chicos de Banana y de los temas en los que llevan la batuta, los de la parte central: la más potente ‘Na De Na’, en la que Royce Rolo aporta el punto Agz a la producción de Danny Ble, y la chocante y juguetona ‘Huele a Nuevo’, toda del también beatmaker de Dellafuente y estandarte principal del colectivo gallego.

Antón lo maneja todo de forma ejecutiva y consigue que su lealtad al sonido OVO, ese groove mercúrico de Drake, el pulso cannábico no pierda comba y le de a Avida Dollars coherencia y hasta un color definido, azul grisáceo (que no por casualidad es un color dominante en su portadón). Consigue que todo se mantenga vacío como le gusta, lejos del horror vacui que combate en general el trap con ad-libs, consigue pintar el espacio a su alrededor y hacerse él mucho más presente, mucho más rotundo. Y por si en algún momento pudiera faltar presencia, un poco de mala leche y beats más contundentes, ahí está Steve Lean para traer el sonido Atlanta en ‘Still Rapping’, que abre Avida Dollars a lo bruto como una declaración de intenciones o un manifiesto de la situación del C. Tangana post Ídolo, y en ‘Sangre’, su momento más oscuro.

Esa amplitud y coherencia cromática se traducen en un tratamiento casi clínico de las canciones y, sobre todo, de las bases, logrando el conjunto más elegante que ha firmado C. Tangana hasta la fecha. El éxito es una actitud, y cuando escribes una canción como ‘Huele A Nuevo’, que juega con la imagen de probar un buen canuto y rechazar la chusta para hablar realmente de beats (“huele a nuevo, suena a dinero”), es difícil que no acabe llegando.

Tangana lo quiere bueno, lo quiere nuevo y lo quiere para hacer dinero. Como se lo da el dúo de productores de Nueva York Take A Daytrip en ‘Baile de la Lluvia’, la mejor canción de este nuevo C. Tangana, una producción letal y perfeccionista que refuerza esa intensidad clínica de todo Avida Dollars, su apurado de cuchilla afilada, y que deja esa tormenta y la caja registradora como momentos icónicos.

Y no se conforma, que es lo más importante. No se conforma con petarlo de la mano de Alizzz y en Avida Dollars solo le llama para el hit, ‘Llorando en la Limo’, la canción más pegadiza de toda la mixtape, en brazos de esa producción entre tropical, urban pop y música de baile y con referencia engañosa incluida: no es Daddy Yankee al que dios tiene que bendecir, sino a Chirie Vegas, uno de los padres del hip hop latino, como guiña en el videoclip enseñando su Vintage. 

Al ritmo latino se encomienda al final, con dos temas más circunstanciales en los que se codea con los productores de dos de las estrellas latinas del momento. The Rudeboyz, responsables de algunos de los hits más reconocibles de Maluma y entregados en ‘Pussy Call’ a una balada lúbrica y sexual de inspiración r&b, y Sky Rompiendo El Bajo, productor principal de J. Balvin, para el bonus track pasado de autotune y con algo que trae a The Weekend ‘Siempre Quise Todo’. Una reflexión personal de Puchito sobre su ambición, al final la verdadera culpable de todo esto. Del mini imperio de C. Tangana.

Lo próximo podrá ser comercial, podrá ser reggaetón o podrá ser otra vuelta de tuerca a su relación con el underground, podrá ser más pop o más trap y podrá ser “Ídolo 2”, historia de una caída o de una coronación en el olimpo del pop nacional. O podrá no ser nada de eso, porque lo que seguro será es lo que a C. Tangana, el personaje, le permita comprarse un coche más caro. Con Avida Dollars ya ha demostrado que si lo quiere hacer bien, le sale, y que sabe manejar como pocos en la escena el nivel musical con el somnífero comercial, que sus éxitos de turno van a molestarte en algún momento igual que en otro van a encantarte, seas del lado que seas, lo mires por donde lo mires. De momento, mírale qué mono llorando en la limo.


8 / 10


Lo mejor: ‘Baile de la Lluvia’, ‘Cuando Me Miras’, ‘Llorando en la Limo’, ‘Still Rapping’. En general el espacio abierto que dibujan los beats, cómo encuentran coherencia desde distintos géneros, entre el urban pop, el sonido OVO, un trap más colorista, de atmósferas brumosas, el convencionalismo de Atlanta y los ritmos latinos, gracias a un Tangana consciente y seguro de su posición que lo relata con absoluta normalidad. Haciendo del éxito lo cotidiano.

Lo peor: que la ambición, que es lo que parece mover a Tangana, es una arma de doble filo. Que de ella puede salir talento a borbotones como en Avida Dollars, pero que también puede conducir al delirio comercial que supuso Ídolo. Que esto solo es una mixtape y que es probable que cuando Pucho vuelva a sacar disco se mire más al ombligo, se recree en su personaje, se ponga en plan filósofo barato o haga lo que le vaya a hinchar el colchón de billetes. Que incluso sobre su autenticidad pende la sombra de la sospecha de impostación.

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About Diego Rubio Méndez

Soliloquísimo. Bowie se me apareció en sueños y no me dijo nada, pero supe que la música iba a ser el camino de mi vida.

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