Crónica: C. Tangana, la destrucción del Ídolo

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C. Tangana escenifica la destrucción del ídolo, poco después de su construcción, en su concierto en Madrid


Ídolo, técnicamente, no había recibido aún presentación per se en la capital, feudo indiscutible de C. Tangana. Y esta pareja (ambiciosa) de conciertos en La Riviera iba a servir para hacerlo, pero el tiempo y la ambición del ídolo han hecho que también se interponga la puesta de largo de su última mixtape, lanzada hace escasas dos semanas. «Con la construcción del ídolo no me salí con la mía —decía Puchito—. Pero ahora, con la destrucción del ídolo, ahora sí voy a salirme con la mía».

Había tirado parte de la tralla de Ídolo de primeras (‘Tiempo’ o ‘Caballo Ganador’), había aparecido en lo alto de unas escaleras al fondo del escenario (a lo Beyoncé en Coachella), tras el ya icónico mural que colgó en la Gran Vía para anunciar el lanzamiento del que aún es su único disco propiamente dicho (aunque no se haya lanzado nunca en formato físico; los tiempos están cambiando) y que según vomitaba a Tangana comenzaba a arder. Había dado rienda suelta ya a los recursos espectaculares del show, unos visuales muy de guerrilla cibernética interfiriendo en imágenes de sus videoclips, columnas de humo, cuatro cañones de bengala y dos barras de striptease. «Solo veis las luces, os ciegan las luces. Pero aquí también se viene a pensar». La primera chapa para justificar su transición culminaba con ‘Baile de la Lluvia’ (magistralmente sucedida, por cierto, por ‘Cuando Me Miras’), con dos mujeres en las barras, un grupo de encapuchados lanzando billetes de atrezzo y con C. Tangana ya mucho más metido en el papel.

La escenificación de su plan, ese del que hablábamos cuando analizábamos Avida Dollars, es la excusa del concierto y su hilo conductor indiscutible. Tangana no reniega, no, pero sí establece una evidente ruptura entre Ídolo y el nuevo material que cobra sentido definitivamente con la performance que acompaña a ‘Mala Mujer’. Antes se repiten de forma algo cíclica los clichés estéticos de las primeras canciones, Ídolo sigue marcando el desarrollo y las pautas (‘Espabilao’ o ‘De Pie’) y Tangana deja algunas joyitas lentas de la etapa pre-Ídolo como ‘Persiguiéndonos’ o ‘Lo Hace Conmigo’. Pero es a partir del brindis de ‘Cabernet Sauvignon’, con toda La Riviera anegada en luces de teléfono, cuando el concierto se convierte en una avalancha de hits que pone de manifiesto, sobre todo, que Puchito tiene material para llegar a donde le de la gana.

Suena ‘Inditex’ y la sala se cae para recibir a los chicos de Agorazein, que vienen con banda incluida y dejan su par de temas, incluida una versión jazz punk de ‘AGZ Siempre’ (que pese a ser loable por el hecho en sí mismo, por la valentía del movimiento, dejó la sensación de hueco indefinido). Suena ‘Guerrera’ y el recuerdo de Dellafuente casi pone los pelos de punta mientras una bailarina negra se disloca con autoridad en lo más alto de la escalera y sobre metralletas proyectadas.

Pero a lo que iba, todo el puro espectáculo estaba conducido a morir de éxito en ‘Mala Mujer’. Cuando la arranca sale un encapuchado y le pega un tiro, muy a lo Bowie todo, y empieza a increpar al público sobre la naturaleza del ídolo al que admiran (momento no exento de polémica, por cierto, y es que ciertos sectores se ofendieron cuando el increpador empleó coletillas desafortunadas en esta era de los ofendidos como «maricones»; cogido un poco con papel de fumar, porque por ejemplo en ‘Pop Ur Pussy’ donde antes había bailarinas ahora son dos hombres los que hacen acrobacias en las barras, un aplaudible alarde queer). Entre el revuelo Tangana escapaba a bambalinas y reaparecía, resucitado y con pintas más agresivas, de nuevo desde lo alto de la escalera para clavar ‘Still Rapping’, todo un buque insignia de esta nueva etapa (producción implacable de Steve Lean mediante).

Performance hecha, declaración de intenciones conseguida y entendida por el público, discurso de Warhol ya copiado y pegado, Tangana sí hizo ‘Mala Mujer’, flanqueado espectacularmente, como en todo el concierto pero aquí un poquito más, por Fabianni y Alizzz a los platos, una dupla de la que pocas cosas se pueden objetar. Un rato llevaba diciendo Pucho aquello de que si nos vamos ya, que si os dejamos de dar la chapa y eso, y tantas veces lo dijo que hasta se hizo cansino, pero no dejaba de poner en valor eso que ya he comentado: que venía hit tras hit y que pensabas en las que faltaban y te dibujabas un setlist en la cabeza de lo menos 30 canciones. Y es que después sonaron también ‘No Te Pegas’ o ‘Panini’ con Sticky M.A. y nos dio tiempo hasta para echar de menos ‘Huele a Nuevo’ (en la que también canta Sticky) o ‘Na De Na’, o incluso el hit que firmó con Rosalía ‘Antes de Morirme’.

«¿Cuál falta?». Gritaba Pucho. «¿Cuál falta?». «Limoooo», contestaba el público al unísono, dándole la razón a Tangana en este nuevo plan de hacer de ‘Llorando en la Limo’ su nuevo hit de cabecera. Sirvió para cerrar el concierto, además, y para confirmarse efectivamente como un pedazo de canción, tanto que toda la sala se la bailó igual cuando la repitieron entera por los altavoces mientras los músicos se preparaban para el bis.

Un bis sencillo y familiar que celebró de nuevo a Agorazein («siempre») y los propios orígenes de C. Tangana, cerrando con ‘C.H.I.T.O.’. El plan del que hablaba en aquella canción perteneciente a esa mixtape que le dio exposición y que estaba hecha reinterpretando temas de Drake va según lo previsto.

O no, y permito una reflexión final por la que a lo mejor me crucifican y que tiene que ver con el público asistente. Cada vez más lejos del underground, su audiencia pasa por también fans de Taburete y encajaría a la perfección en un Arenal Sound, y ver a una buena cantidad de madres y padres esperando a la salida para recoger a sus niños, de catorce y quince años, como a la salida del cole tampoco resulta esperanzador. O quizá el plan de Puchito sea camelárselos a todos. A los reacios, a los neófitos, a los expertos, a los puristas y a los puretas, a los escépticos y a los fans, a los niños y a los adultos, a los cínicos y a los de oído fácil. A la prensa y al stablishment. Al sistema.

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About Diego Rubio Méndez

Soliloquísimo. Bowie se me apareció en sueños y no me dijo nada, pero supe que la música iba a ser el camino de mi vida.

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