Crónica: La Teoría de Cuerdas, según José González

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01.02.2017 – Gdansk, Koncert Jose Gonzalez i The String Theory w Gdanskim Teatrze Szekspirowskim N/z | Fot. Karol Makurat/REPORTER

Flanqueado por una sinfónica, José González vuelve a enmudecer Madrid con su propio concepto del tiempo y del espacio


Podría parecer un riesgo, pero nada más lejos de la realidad. El matrimonio entre el cantautor suecoargentino José González y la sinfónica de Goteburgo The String Theory ya arrasó en 2011 por todos los recintos europeos que pasó, hasta 19, incluyendo como ahora Madrid y Barcelona y no cosechando otra cosa que sold outs, así que no debería parecernos descabellado que vuelvan a afilar los violines y a sacar a pasear los arreglos de sinfónica contemporánea, a lo Kronos Quartet o Hans Zimmer, para volver a elevar a las alturas el repertorio de González.

Dicho y hecho, pero tornando la intimidad de citas anteriores en un show magnificado, nuevo sold out. Todas las localidades vendidas en un Teatro Lope de Vega de Madrid que normalmente sirve a las representaciones del musical de Broadway El Rey León y que para esta vez dirigió su ambientación tribal y timbalera hacia los ojos de José González y otros 20 músicos más, dirigidos a su vez por un director, entre violines, viola, violonchello, metales, teclados y percusiones.

La teoría de cuerdas según José González

Son estas la clave, quizá, de la física cuántica de la Teoría de Cuerdas, las que la hacen empastar a la perfección con el estilo del autor de Vestiges & Claws, las que le aportan ese punto cósmico, las que ponen en órbita su música al abrigo e impulso de tímidos arreglos electrónicos. Mientras ‘Far Away’ o ‘Crosses’ sirven a los violines para entonarse, para acoplar su caricia a la voz de González, y ‘Abram’ sirve a los vientos a abrazar con su gruesa tonalidad el conjunto, es ‘What Will’ la que empieza a revelar toda el potencial de la unión, respetando esa invocación rítmica ligeramente filosófica y espiritual que tanto gusta al cantautor de Goteburgo.

Es posible que los arreglos pacientes y reposadísimos de ‘The Forest’, ‘Every Age’ o ‘Vissel’ bajen demasiado el ritmo del ecuador del concierto, pero también es cierto que está la explosión espacial que es ‘Cycling Tribialities’, casi convertida en una canción de Spiritualized… damas y caballeros, en varios momentos del concierto de ayer de José González estábamos flotando en el espacio.

El momento de reposo que se permite, él solo a la guitarra, para hacer el precioso ‘Hearbeats’ de The Knife sirve para marcar el final del primer acto y, ahora sí, el universo se revuelve sobre nosotros y The String Theory desata toda su energía. Y se convierte en supernova, como cuando enfrenta el patrón rítmico de ‘Let It Carry You’ y proyecta la canción al infinito o con la invitación comunional que es ‘Stories We Build, Stories We Tell’, en la que por fin el director de orquesta rompe la cuarta pared y pide las palmas del público, siempre respetuoso con el arte en sencillísimas mayúsculas, sin serifa de González.

Al final, supernova

Tres percusionistas se reparten todo un ensamblaje de artefactos de percusión alternativa, desde planchas metálicas a bombos huecos, crotalillos y distintos tipos extraños de campanas, y son ellos los que se llevan ‘Let It Carry You’ o ‘Teardrop’, la inigualable versión de Massive Attack, a lugares más propios de la física teórica. Ovación cerrada, despedida por todo lo alto y retorno al escenario precisamente presumiendo de aparataje percutivo, uniéndose humilde José González a la línea rítmica de The String Theory para uno de los nuevos arreglos que han preparado juntos para esta nueva gira que además quedará para la posteridad en un disco y en vídeo: ‘Prism Part Blue’. Otros son ‘Far Away’ y ‘What If’, pero este es el más interesante por resultar en una instrumental progresiva con forma de espiral entrópica entre el ruidismo de Steve Reich, la cosmicidad de Richard Strauss, la abrasión percutiva de Ólafur Arnalds y Pink Floyd.

Para el final y a modo totalmente climático, con todos los limitadores desactivados y a pleno rendimiento, dejan ‘Down The Line’, prolongada hasta el infinito y en bucles de coros en canon, mientras el totum invade el espacio y el telón se tiñe de rojo. Ocho minutos de aventura en el espacio, en un espacio rítmico y tribal, en un ascenso conectado siempre con las raíces del suelo. En un lugar cuántico en el que todo es uno, un uno revuelto.

En algún universo paralelo siguen rasgando sutiles los violines. No tan lejos resuena la voz de José González.

Una vez más, bravo. Con o sin teorías de cuerdas, nos vemos en el BIME.

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About Diego Rubio Méndez

Soliloquísimo. Bowie se me apareció en sueños y no me dijo nada, pero supe que la música iba a ser el camino de mi vida.

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